Premio del jurado para Michel Franco en Cinélatino de Toulouse

Premio del jurado para Michel Franco en Cinélatino de Toulouse
Tengo miedo torero, de Rodrigo Sepúlveda ganó el premio CINÉ

La Gualdra 473 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

 

Michel Franco se llevó el premio más importante de la competencia oficial en la categoría de ficción con Nuevo Orden. El jurado resaltó “el entusiasmo provocado por el filme”, y destacó “la capacidad del director para crear una puesta en escena capaz de propulsar al espectador en un mundo de una extrema violencia, así como la mirada potente y política que extiende sobre México y más allá, sobre las tensiones sociales y universales”.

Tras el gran premio del Jurado en la Mostra de Venecia, Michel Franco sigue acumulando premios en los festivales europeos, a pesar de que su película no despierte la misma unanimidad entre la crítica especializada europea. Resultaron también galardonadas la brasileña Casa de antiguidades, la chilena Tengo miedo torero, así como la argentina La chica nueva, reseñadas en el pasado número de La Gualdra.

Esta semana tuvimos la ocasión de ver las películas en competencia documental que, como en la pasada edición, demostraron que el cine de no-ficción latinoamericano goza de una frescura y creatividad envidiables.

 

Frente a la política

Cinélatino programó dos documentales brasileños estrechamente ligados a la política, y que adquieren una relevancia especial en pleno  mandato de Jair Bolsonaro. Depois da primavera, de Isabel Joffily y Pedro Rossi, se abre precisamente con imágenes de una manifestación contra el actual presidente en 2018, en Río de Janeiro. Entre los manifestantes están Adel y Hadi, dos hermanos sirios refugiados en Brasil. En la secuencia siguiente, los volvemos a encontrar en otra protesta, esta vez en Siria, durante la primavera árabe de 2012. El destino de los dos hermanos ha quedado marcado por el signo de lo político. Poco después, al inicio de su estancia en Brasil, intentan descifrar otra manifestación en la que acaban de participar: ¿qué es la izquierda? ¿Qué es la derecha? Ambos siguen saliendo a la calle, pero las coordenadas ideológicas no son las suyas. Siria no es Brasil.

El documental los sigue entre 2013 y 2018, relatando los caminos que cada uno ha decidido emprender en el nuevo país de acogida, con sus distintas partes de nostalgia y adaptación,  aprendizaje y rechazo. A través de su mirada, ingenua solo porque descubre un mundo nuevo, como la de los viajeros persas en la literatura de la Ilustración, percibimos de manera todavía más aguda las carencias de nuestras sociedades democráticas.

Si Depois de la primavera es una obra de largo recorrido, #eagoraoque de Jean-Claude Bernardet y Rubens Rewald, directores de la película y profesores en la universidad de Sao Paulo, está marcada por la urgencia de la situación política brasileña. La película sigue al filósofo Vladimir Safatle, figura mediática de la oposición brasileña, en sus intentos por difundir su pensamiento revolucionario, pero sobre todo se esfuerza en apuntar sus límites. Su familia le acusa permanentemente de estar desconectado de la realidad, de pontificar desde la teoría, sin escuchar al pueblo que intenta salvar.

Sin embargo, cuando pretende establecer un diálogo, el universalismo de sus ideas que aspira a implicar a toda la sociedad choca con las formas que han estado tomando las luchas más actuales, estructuradas a través de la defensa de las minorías, como el género o la raza, pero que pueden derivar hacia prácticas y reflexiones comunitarias. Cuando Safatle debate con estas minorías (lesbianas o jóvenes negros), estos le echan en cara su estatus de blanco universitario, como miembro de un grupo dominante con el que no es posible crear convergencias de lucha.

La introducción de una parte de ficción en el documental, no siempre reconocible a primera vista, empaña, sin embargo, levemente esta reflexión. Sin que llegue a invalidar el debate, a veces el espectador sospecha que la película está inclinando la balanza hacia un solo lado.

 

Entre rejas

El documental chileno El cielo está rojo, dirigido por Francina Carbonell, y el argentino La sangre en el ojo de Toia Bonino, aportan dos perspectivas distintas sobre la vida en la cárcel. El cielo está rojo vuelve sobre la muerte de 81 presos en el centro penitenciario de San Miguel, después de que algunos de ellos provocaran un incendio. La película empieza con un amplio movimiento de cámara que nos introduce en la cárcel, y que nos permite comprobar el hacinamiento en el que viven los detenidos.

El resto de la película adopta un dispositivo que retoma las distintas pruebas y materiales que se utilizaron en el juicio que evaluó la responsabilidad de los funcionarios y encargados de la prisión: grabaciones de las cámaras de seguridad, reconstrucciones de los hechos… A partir de estos materiales judiciales, la película elabora un collage que deja entrever otra versión de los hechos, desmarcándose de la versión oficial y apuntando las negligencias de la institución que originaron las muertes. El cielo está rojo demuestra admirablemente hasta qué punto la verdad depende de cómo se ordenen las mismas piezas.

La sangre en el ojo trabaja también sobre una multitud de imágenes, que no proceden aquí de la institución, sino del propio preso y su entorno. Leo acaba de salir de la cárcel tras catorce años de condena, y la cámara lo muestra a menudo descansando sobre un flotador en una piscina. Las serenidad que podría desprenderse de estas imágenes es desmentida desde el inicio por lo que cuenta Leo, impregnado por su fascinación por la violencia y sus deseos de vengarse del antiguo compinche que lo envió a la cárcel y provocó la muerte de su hermano.

Sin embargo, la película utiliza también una serie de contrapuntos, como los videos que graba su hija, en los que la imagen idealizada del padre se acaba desmoronando frente a su falta de empatía. Se trata de un personaje excesivo, quizás monstruoso, pero el documental, con su  relato en primera persona, permite acceder desde dentro a la implacable mecánica social que lo modeló.

 

Registro de una desaparición

Desde los años 1950, el pueblo Ayoreo (Paraguay) ha sufrido las consecuencias de los sucesivos encuentros con los blancos, colonos menonitas o misionarios cristianos, cuyos intereses, materiales o espirituales, los empujaron fuera de los bosques que habitaban. El documental paraguayo Apenas el sol, de Arami Ullón, sigue a Mateo Sobode Chiqueno, un anciano ayoreo que lleva décadas registrando la cultura de su pueblo en cintas de audio para conservarla frente a su desaparición progresiva. Estos testimonios abundan en las consecuencias trágicas de esos encuentros. Fueron desplazados de sus tierras, que se apropiaron los colonos, muchos murieron por las enfermedades contraídas a causa del contacto con los blancos, pero sobre todo fueron víctimas de una asimilación cultural.

Al centrarse en los testimonios recogidos por Mateo, el documental permite percibir no solo cómo los ayoreos abandonaron la cultura propia, sino cómo interiorizaron su segregación, haciéndola suya. En una de las secuencias más impactantes, Mateo interroga a uno de los ayoreos que colaboró con los blancos para convencer a su gente de que salieran del bosque, a sabiendas de las consecuencias negativas que iba a tener. Lejos de manifestar cualquier remordimiento, demuestra que ha asimilado a la perfección el menosprecio por su propio pueblo. Víctimas convertidas en victimarios.

 

Palmarés de largometraje de ficción

Gran Premio del jurado: Nuevo Orden, de Michel Franco (México).

Gran Premio mención especial: La chica nueva, de Micaela Gonzalo (Argentina).

Premio CINÉ +: Tengo miedo torero, de Rodrigo Sepúlveda (Chile, Argentina, México).

Premio del público: Tengo miedo torero, de Rodrigo Sepúlveda (Chile, Argentina, México).

Premio Fipresci: Casa de antiguidades, de João Paulo Miranda Maria (Brasil, Francia).

Premio SFCC de la crítica: El alma quiere volar, de Diana Montenegro (Colombia).

 

Palmarés de largometraje documental

Premio documental Rencontres de Toulouse: Apenas el sol, de Arami Ullón (Paraguay, Suiza).

Premio del público: Apenas el sol, de Arami Ullón (Paraguay, Suiza).

Premio Signis: El cielo está rojo, de Francina Carbonell (Chile).

Premio estudiante: La sangre en el ojo, de Toia Bonino (Argentina).

 

 

 

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