La Utopía en el Hogar (47): La misma gata…

La Utopía en el Hogar (47):  La misma gata…

Hasta parece, de pronto, una pesadilla. Cuarenta y siete semana de suspensión de actividades presenciales y reuniones de cualquier tipo en cualquier espacio, so pena de ser capturado por el bicho infernal y quién sabe qué tantas calamidades colaterales de todo tipo, desde las que se traen como herencia sempiterna, como la sobrepoblación, la pobreza y la desnutrición, marinadas en diferentes caldos de cultivo como la pérdida irreparable de un modelo educativo, el aumento en la gandallas de todo tipo en todo espacio y los malditos aderezos que a mal tienden a reproducirse, multiplicarse y mutar a una velocidad más pasmosa e impredecible: la ignorancia y la estupidez.

Por desgracia, ante las avalanchas de malos episodios, no siempre ocurren, o se nos ocurren las ideas más acertadas, ya que la falta de ejercicio intelectual de altura y su consecuente inoperancia acumulada durante bastantes años cuando, de golpe y porrazo se acabó para siempre el genuino interés por la educación que surgió en la postguerra, con la nube de humo de la crisis económica, que sentó sus reales en los argumentos de la vida diaria como si no hubiera habido manera de detenerla, pero a fin de cuentas resultó que fue un gran negocio. Y la forma de operar esta carrera desquiciada hacia quién sabe dónde, es ni más ni menos que la grilla -mal llamada política- donde se crean cadenas de lealtades y contradicciones que traen a la población de a pie y a la hojarasca sin pies ni cabeza.

En esta tendencia, basada en acciones agresivas, saca a las multitudes su lado obscuro y utiliza las arenas de la comunicación en auténticos circos donde la ofensa y la degradación humana sientan sus reales. Es increíble la forma tan grotesca, por decir lo menos, y la calidad de los argumentos. En cualquier medio donde se da la información masiva y hay derecho de crítica y réplica, es muy raro encontrar debates civilizados. Parece que todo mundo es el portador de la verdad absoluta y ante la falta de argumentos, se recurre a formas de expresión que conducen a muchos desenlaces posibles, pero ninguno bueno. O muy pocos.

Entonces, es momento de iniciar búsquedas que conduzcan a resultados satisfactorios y a su vez y sean incompatibles con las pautas de comportamiento destructivas y excluyentes. El individualismo y la megalomanía se han apropiado de la conciencia colectiva de la humanidad. Se ha perdido la noción de especie y de ser viviente en un entorno interdependiente. Aunque las soluciones puedan ser simples una vez agarrado el hilo, lo complejo y complicado será volver interesar a la gente en los beneficios de la vida simple. Los sueños faraónicos y el sentido de pertenencia interpretado al revés han dado como resultado muchas calamidades entre las que destacan la sobrepoblación y la destrucción de la biodiversidad. El círculo vicioso puede ser interrumpido empezando por complementar el respeto con la humildad. Esta fórmula puede funcionar bien, de inicio.

Lo anterior no lo va a entender la especie social que dice hacer política. Los cuadros que pueden detener estas tendencias no han sido aún concientizados ni entrenados para hacer funcionar una ideología. Así que hay que darse prisa y detener el destino largamente anunciado. Los que han tenido en sus manos la conducción del país en los últimos cincuenta años han fracasado miserablemente. Y sus protagonistas actuales están para dar pena. Por fortuna para los de la “derecha” e “izquierda” (no se sabe que quiere decir esto) y para desgracia de los seguidores de Andrés Manuel, no hay más como él. Ni modo. Así que entre todos hay que llegar a acuerdos promisorios… con respeto y humildad (no reírse, por favor).

Me falló el pronóstico panbolero y le vi a los Tigres patas para campeón. También le asigné a don Tuca destellos de grandeza que, pues no. Lo que Natura no da, Salamanca no presta. En lo que sí acerté fue en afirmar que los jugadores estaban más empeñados en callar bocas y oír ovaciones oceánicas que en ganar el partido. Al final, hasta Monsieur Gignac sacó el cobre y dijo que los mexicanos somos gachos por no haber rugido como tigres a su favor, lo que ellos no hicieron. Para concluir, la raza se puso flamenca y aficionados, comentaristas y villamelones se dieron con todo descalificándose y adelantaron tres meses el dìa de las jefecitas.
De veras, ¿no cree que debemos rediseñar este país?

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