2020: la ciencia

2020: la ciencia
El 2020 y la crisis terrible que ocasionó el COVID-19 trajo una nueva oportunidad para la ciencia, afirma colaborador. En la imagen, vacuna contra el Coronavirus ■ foto: la jornada zacatecas

A todo el personal de salud: gracias, gracias, gracias.

Un escenario de confusión, noticias falsas, teorías de la conspiración y crisis de las instituciones y conceptos que durante décadas generaron cierto nivel de certidumbre, antecedió al inolvidable año del cual nos estamos despidiendo. Distintas causas podríamos apuntar: un deslizamiento, lento pero constante rumbo a la pérdida de credibilidad de las élites, fueran éstas políticas, académicas, científicas, culturales o de cualquier otra índole; el desprestigio, con ello, de las instituciones e ideas que representaron y finalmente la crisis del liberalismo como doctrina filosófica. La razón fue víctima de la emoción: surgió el populismo más simplista en aras de lograr mayorías y de, entre tanta complejidad, ofrecer acaso una visión mucho más cómoda, sí pero también mucho más peligrosa del contexto que nos rodea.

Ante todo ello, el 2020 y la crisis terrible que ocasionó el COVID-19 trajo una nueva oportunidad para la ciencia, aunque tuvo antes y tendrá que seguir haciéndolo, enfrentarse a la política en su sentido más irresponsable: el de la simplificación de lo complejo para despertar la emoción como respuesta al hartazgo de tanta crisis junta. La esperanza de una vacuna ha tenido una respuesta múltiple: no tendremos una, sino muchas vacunas; todas haciendo uso de lo mejor del saber en su materia, con variables en su método, pero con un criterio común: la supremacía del conocimiento.

La ciencia merece pues el consenso para su rescate del olvido al que la irresponsabilidad de simplificarlo todo la ha llevado. Merece un esfuerzo de todas las autoridades, del Estado y de la sociedad misma, para seguir contribuyendo a ella como la única alternativa para las certidumbres a las que todos aspiramos. Podemos, en lo personal, en lo íntimo, consolarnos con relatos, fe y otros instrumentos de nuestro fuero interno; no hay desprecio, sino respeto por ello. Sin embargo, en lo colectivo, debe ser la ciencia quién nos dicte el camino, la causa, las alternativas y las consecuencias ¡vaya tiempos en los que estamos, que parece necesario, decir verdades de Perogrullo que conviven entre nosotros hace ya siglos! Pero ésa soberbia de la que muchos hemos sido víctimas, de darlo todo por sentado, nos ha traído hasta aquí. Sí hay que repetir y repetir lo que ya se ha dicho y demostrado, habrá que hacerlo sin descanso. No podemos darnos el lujo de perder la batalla cultural por la defensa de la razón, en respeto y comprensión, pero sin ser presas, de la emoción.

Ojalá este 2020 que fue un año tan complejo, nos sirva de recordatorio permanente sobre la importancia de la ciencia. Mañana y ya siempre.

@CarlosETorres_

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