El honor de los filósofos

El honor de los filósofos

Ignoro si Víctor Gómez Pin es el último vaquero de los filósofos del viejo oeste, pero escribe con la pasión de quien desenfunda su arma en medio del desierto en pleno duelo, de quien no rechaza la contienda, de quien se prepara para disparar, de quien se sabe dueño de una prosa que encanta a la vez que cuenta, y eso es suficiente para dejarse atrapar por “El honor de los filósofos” (Acantilado 2020), un libro indispensable para entendernos, mejor aún: para entender algunos de los mejores ejemplos de aquellos filósofos que bajo las circunstancias más adversas se alzaron bajo la bandera del honor.

Quiero decir también que Víctor Gómez Pin es uno de los últimos cowboys filosóficos que aún se atreve una vez que monta su caballo y emprende la carrera. Eso: para libros como el “El honor de los filósofos” hay que atreverse, supongo que no habrá sido nada sencillo una empresa literaria de tales dimensiones, pues tras de las bambalinas de “El honor de los filósofos” se aprecia un arduo trabajo de investigación, datos, fechas, que Víctor bien sabe llevar a buen puerto. Y sin embargo hay aquí un punto que como lector agradeces: “El honor de los filósofos” no aburre, no duerme, se mantiene muy lejos de cualquier tufo soporífero académico; al contrario, emociona, atrapa, seduce, vas tras de las pistas de cada uno de los filósofos de los que se nos habla, te quedas con ganas de más, conectas algunas referencias, inicias tus propias búsquedas.

Pero vamos por un poco más ahora que estamos frente a Víctor Gómez Pin en pleno duelo frente al silencioso salón del viejo oeste. Ha dicho Víctor acerca de este libro: “al igual que Plinio el Viejo, las personas que son protagonistas de este libro han visto como se cernía sobre ellas la hosquedad, alguna modalidad real o simbólica de calima, de niebla o de tiniebla, sin haber sucumbido, al menos en lo esencial”. Lo anterior se lee fácil, pero conforme lean cada una de las historias de los distintos protagonistas que Víctor nos presenta verán que no lo es.

Ahora sumen un muy buen contexto histórico, pues como diestro cowboy, Víctor Gómez Pin apunta antes de sentarse a escribir, jala el gatillo y da en lo que se propone como blanco: sabe estructurar las historias, es buen narrador, y si bien el género que predomina es el ensayo, el libro, a mi juicio, también acepta una lectura como libro de relatos, porque son historias que se arman como tal.

Por eso para mí “El honor de los filósofos” es un libro compuesto por historias que se antojan imprescindibles no sólo para entender buena parte de la historia de la filosofía sino buena parte de la historia del mundo, de la historia de lo que somos, tan urgente en estos tiempos que corren. Y además se vuelve a aprender de filosofía sin que por ello el libro se convierta en un latoso libro de texto. Y quizás y el lector hasta encontrará historias cuya anécdota central quisiera memorizar para repetirla en esos encuentros de cantina, luego de que el amigo de enfrente, el gordito de boina, ha recitado por enésima ocasión el mismo rancio y gastado aforismo de Nietzsche.

Con esto quiero decir que cada una de las historias que nos presenta “El honor de los filósofos” se atreven, se reinventan, se redescubren en cada lector porque, ya lo sabemos, el viejo oeste no da tregua a los duelos entre los últimos filósofos.

Una más: son historias de distintos protagonistas de la historia de la humanidad y del pensamiento que se estructuran como poderosos relatos cuyo atractivo y telón de fondo es que sabes que realmente ocurrieron, que cada uno de los personajes son reales, que en “El honor de los filósofos” no hay espacio para ficción alguna, que esas historias, con cada uno de sus protagonistas, tienen un peso mayúsculo en la historia de lo que conocemos como humanidad, que se nos habla de filósofos que trascendieron más allá de su época porque se alzaron en algún momento con su propia dignidad a través de la defensa de su pensamiento, de su razón, de sus ideas, y entonces es como ese tipo de películas o de series que llaman la atención por el solo hecho de estar basadas en situaciones reales, en personajes de carne y hueso, en planos donde, para fortuna nuestra, cualquier tipo de ficción pasa de largo: “la historia de la filosofía está llena de nombres de personas que mantuvieron la entereza en circunstancias que hacían extremadamente difícil guardar fidelidad a las exigencias del pensamiento; personas que, en consecuencia, rechazaron postulados religiosos, políticos o científicos que no superaban la prueba del recto juicio, fuera cual fuera el peso de la autoridad individual o institucional que daba soporte a los mismos”.

Algunos de los tantos protagonistas que el lector encontrará en este libro son Leibniz, Voltaire, Condorcet, Olympe de Gouges, el sobrino de Aristóteles, Calístenes de Olinto, Albert Lautman (quien fue fusilado en la Resistencia antifascista), Plinio el Viejo, Miguel Servet, Descartes, Simon Weil, Spinoza, entre otros.

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