Desayuno en Tiffany’s, mon ku | ‘Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait’: de Mouret [De cómo no poseer el amor]

Desayuno en Tiffany’s, mon ku | ‘Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait’: de Mouret [De cómo no poseer el amor]
Fotograma de la película "Les choses qu'on dit, les choses qu'on fait", de Mouret.

La Gualdra 460 / Cine

 

 

“Me di cuenta que para dejar de sufrir, tenía que entender que él no me pertenece. Que no nos pertenecemos. Que no me perteneces”, responde ella a su exmarido de quien se ha separado haciéndole creer que ella es la que tenía un amante, aunque fuera mentira. De otra manera, él nunca se habría atrevido a dejarla, a pesar de ya no ser feliz.

Racionalizar el amor y la pasión, controlarla sabiendo que hay un fin y que habrá otro u otras. O bien, creer en el romántico idilio de la única y perfecta media alma que completa la mitad de uno propio. Desear a la mujer del amigo, o al amigo de la pareja; o a la compañera embarazada del amigo de la vida; o a la hermana de la amante en turno; fantasear con el tutor y darse cuenta que él fantasea con la amiga; aceptar al amante casado, pero con la consigna de que él debe seguir casado para conservar las no explicaciones; extrañar al amante ocasional de una noche o extrañar al amante prohibido.

Ufff, la de combinaciones de las relaciones pasionales y amorosas que existen.

Una complicada mezcla la que ha realizado Emmanuel Mouret en su Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait, que en su traducción al castellano sería: Las cosas que decimos, las cosas que hacemos, o Las cosas que se dicen, las cosas que se hacen, una ambigüedad buscada para jugar entre lo que debemos o nos dicen debemos de decir y, al final, pues las cosas que se hacen.

Estelarizada por Camélia Jordana, Niels Schneider, Vincent Macaigne y Émilie Dequenne, la película de Mouret se mueve en ambiente de jóvenes-adultos, profesionistas y parisinos que se supone tienen estabilidad en el amor, al menos eso se dice, pero no se hace. Es un vals de las dudas de los sentimientos y de los amores. O, como la crítica francesa lo ha etiquetado, un filme de marivaudage, de galanteos constantes, de una escritura como Marivaux.

Fotograma de la película “Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait”, de Mouret.

Fotograma de la película “Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait”, de Mouret.

 

Mouret rompe el estereotipo del galán y la galana irresistibles para llevarnos por diálogos a lo Denis Diderot: disertaciones de la razón y del control frente a la pasión, relegando clichés lacrimógenos. Una búsqueda que Mouret ya había iniciado desde Mademoiselle de Joncquières en 2018 sacada de la obra Jacques le Fataliste (Diderot, 1784).

Diferentes horizontes para el mismo tema, la pareja, el amor y la infidelidad, y terminar con una oda a la individualidad que no al egoísmo, sino al principio de la no posesión. Incluso la mujer embarazada no nos pertenece y asume su deseo por el otro.

El juego de los actores es la fuerza de la película, con la puesta en escena que busca poner en valor la gestualidad y la oralidad antes que la espectacularidad de la acción y de los cortes de tomas-contratomas, es más bien largas secuencias con los personajes moviéndose por el escenario. Una narración entrecortada por flashbacks que se complementan seguidos por elipsis.

Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait es parte de la selección de los Premios Lumières de la Prensa Extranjera en Francia y se apunta sin lugar a dudas como una de las favoritas en más de una sección. Además, a recordar que este décimo largometraje de Mouret estuvo nominado en el Festival de Cannes 2020, que no tuvo ligar en físico salvo algunas proyecciones posteriores.

 

 

 

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