Alianza con partidos líquidos: la permanencia en el pantano

Alianza con partidos líquidos: la permanencia en el pantano

Parece que los tiempos en los cuales cada partido era una opción electoral ha pasado. Ahora la participación de los partidos se hace en bloques. La oferta solitaria es una excepción. Por tanto, se hace vital la discusión y definición de criterios de la política de alianzas.

La ventaja de los regímenes parlamentarios es que construyen gobiernos de coalición basados necesariamente en compromisos programáticos, lo que no ocurre en el presidencial. Por ejemplo, el Partido Verde acompañó a Peña en la construcción de lo que se llamó ‘reformas estructurales’, y ahora su líder declara ‘que acompaña a la 4ta ransformación’, que (al menos teóricamente) implica justo hacer lo contrario a dichas reformas. ¿Cómo explicar esto? Pues que los partidos se han hecho líquidos respecto a los programas con tal de alcanzar puestos en la burocracia. El Verde está con el que gane, independientemente de quién sea y cuál sea su perfil ideológico. Esos partidos se convierten en grupos que se colocan en el poder sin que les importe el para qué estar ahí. La colocación es su fin. Partidos líquidos terminan liquidando a la democracia: encumbran una élite hecha casta que salta y cae en los sillones legislativos o en los escritorios gubernamentales, a pesar de los procesos de alternancia.

Ahora mismo se deja ver un descontento creciente de organizaciones campesinas, sindicatos, centros de derechos humanos, pequeños empresarios, artistas y comunidades indígenas, por el incumplimiento de compromisos. Por que en campaña los candidatos hacen todo tipo de promesas de ocasión: elaboran sus contenidos de campaña con criterios de marketing político, lo cual significa que hacen encuestas para ver qué cosa le preocupa a los ciudadanos, y eso le dicen. Lo seducen diciéndole lo que quiere oír, no lo que se puede o se debe hacer. Generan una retórica genérica carente de programa. Al final del día, gobiernan o legislan según la ocasión: hacen lo que sea necesario para asegurar su próximo puesto. Así, los partidos son líquidos, y los políticos nihilistas.

Con Fox se hicieron alianzas para ‘sacar al PRI de los Pinos’, pero el priismo se metió en los nuevos gobernantes. Y la cosa cambió para seguir igual (o peor). Ahora se sacó ‘al PRIAN’, y el ‘PRIAN’ se metió en los nuevos encumbrados. Morena elige un dirigente nacional muy del Pacto por México y pretende alianza con el Verde (el rostro mismo del oportunismo) y sus dirigencias parlamentarias son más pragmáticas que los carrancistas.

En el 2021, se prometió en la campaña de 2018, iba a iniciar la verdadera transformación del país. Los 2 primeros años iban a ser para preparar las condiciones del salto. Si esto es así, entonces se hace más importante que nunca el tema de los planteamientos programáticos. ¿Qué compromisos necesitamos? Los muy esperados cambios prometidos: reforma hacendaria, Ley Minera, Ley de Educación Superior basado en la innovación progresiva, el programa de soberanía alimentaria, etcétera. Pero si con programas estamos ante el fantasma del incumplimiento, sin programas estamos en la pura nada. El peor de los mundos posibles. En suma, las alianzas sin compromisos programáticos es el camino seguro para no salir del pantano.

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