La Muerte atareada

La Muerte atareada

Autor: David Valerio Miranda

Residencia: Zacatecas, Zacatecas, México

 

Estaba la Muerte muy azorada,
pues con esta pandemia
la chamba le aumentaba;
pero más se asustaría
al darse cuenta que,
con las condiciones laborales,
ni horas extras le pagarían.

Ahí está que se vio atareada
y también un poco alterada,
al ver que, tan fácil,
tanta gente se contagiaba.

El virus se extendía
y el miedo calaba como arañazo,
pues cada vez veíamos más cerca
el fatal guadañazo.

Y la gente no se cuidaba
ni ocupaba de su salud.
Tal parecía
que querían su ataúd.

La Huesuda se preguntaba
¿Quién los iba a edificar?,
pues se veía que
todos querían su altar,
cuando no les importaba
que se fueran a contagiar.

Y así yo me asustaba
cada que me daba tos,
pues ya me imaginaba
que la Flaca me dejaba sin voz.

En este dos mil veinte
fue el año de la Muerte,
ya que no sólo en noviembre
estuvo la Parca presente.

Este año ha sido malo por la enfermedad
y la conciencia que no pudo triunfar,
pues en las calles se observaba
la gente con su terquedad.

La pandemia no es un juego,
tampoco algo pasajero,
y nomás de ver la inconciencia,
ya por poco me muero.

La Catrina se llevaba
de todos grupos y tribus,
pero mejor que se lleve
al despreciable virus.

Otra desgracia de esta pandemia
es que la gente se percataría
que con la cuarentena
la economía también moriría.

Ya sólo esperamos
que la vacuna sea el remedio,
pues, de lo contrario,
se llamará el cementerio.

Estaban los médicos dando
una atención oportuna,
y a los que no quieran vacuna
que les preparen su tumba.

El personal de salud son héroes
que merecen respeto
y que la cruel Catrina
no les dé seguimiento.

Este año dos mil veinte
mucha alegría se cohibió,
pues, por la pandemia,
hasta el Día de Muertos murió.

Y ya para qué el disfraz,
si todo el año con cubreboca
tuvimos que estar,
y cuidado con el que tosa,
que mejor se le abra su fosa.

Este año murió mucha gente
que nunca vamos a olvidar,
y como en día del muerto,
y en todo momento,
en corazón van a estar.

Y así terminó la Catrina,
más Flaca que de costumbre,
y conste que no es por anemia,
sino por la ingrata pandemia.

Ni con toda la desgracia,
ni con toda la aflicción,
morirá nuestra tradición
de a los muertos festejar,
que con estas calaveritas
acabamos de conmemorar.

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