Tras la huella del general Lázaro Cárdenas

Tras la huella del general Lázaro Cárdenas

Hoy lunes 19 de octubre de 2020 se cumple medio siglo del fallecimiento del general y presidente Lázaro Cárdenas del Río. Es una oportunidad para reflexionar sobre la vida y la obra de uno de los personajes clave de la Revolución que inició Francisco I. Madero en 1910.

En la década de los años 30 culminaba la época de estabilización del país y el general michoacano era uno entre docenas de revolucionarios que habían hecho carreras político-militar meteóricas. Hasta ese momento Lázaro Cárdenas formaba parte del círculo del general Plutarco Elías Calles, ex presidente y factótum de la política mexicana. Jefe Máximo le decían. Sin embargo, a diferencia de sus tres predecesores, el general Cárdenas optó por recuperar la dignidad de la investidura presidencial independizándose de Calles, tomando distancia de los intereses creados por el régimen en formación y, sobre todo actualizando el proyecto social de la Revolución Mexicana, lo que significó un proyecto nuevo de nación, que los gobiernos previos ni siquiera intentaron.

La demanda de tierra y libertad tomó forma en la mejor Reforma Agraria de México y América, impulsada por el gobierno y por las huelgas de jornaleros de la Comarca Lagunera y henequén de Yucatán, más las luchas campesinas de casi todo el país. De 1935 a 1938 estallaron las más trascendentales luchas obreras y del magisterio de toda la historia de México, que propiciaron el crecimiento de los sindicalizados de 300 a cerca de un millón en 1940. Se firmaron contratos colectivos de trabajo como nunca, logrando los mejores los sindicatos de industria: ferroviarios, SME, mineros, petroleros, etc., cambiando así las relaciones de trabajo del “mando y obediencia” de 4 siglos, por la moderna bilateralidad o acuerdo entre las partes. Crecieron las cooperativas azucareras, cementeras, cañeras y otras, junto con las sindicales, y por su iniciativa reabren fábricas y empresas que cerraron por la crisis económica mundial de 1929 a 1934.

De acuerdo con el historiador Lorenzo Meyer, la lucha por aumentar la participación del Estado en la renta petrolera empezó desde el origen mismo de la Revolución y se radicalizó cuando la Constitución de 1917 ordenó la devolución de la propiedad de esa riqueza natural no renovable al Estado. Los gobiernos de Carranza, Obregón y Calles intentaron sin mucho éxito hacer realidad esa disposición. En contraste, fue en este campo, uno donde la esencia del nacionalismo revolucionario estaba en juego, donde el éxito del presidente fue rotundo y espectacular. En el comienzo, el general Cárdenas contempló desatar el Nudo Gordiano petrolero negociando. Al descubrirse el campo de Poza Rica en terrenos propiedad del capital inglés, el presidente se mostró dispuesto a intentar una solución de compromiso: crear una empresa mixta, donde los ingleses aceptaran, por fin, que los yacimientos a explotar eran propiedad del gobierno mexicano y que esa sería la contraparte de la inversión inglesa. Sin embargo, el conflicto obrero patronal desatado por la negociación del primer contrato colectivo entre el recién formado sindicato petrolero (Stprm) y el conjunto de las empresas petroleras extranjeras hizo que la idea de una posible gran compañía anglo-mexicana se esfumara. Las posiciones se radicalizaron y el Ejecutivo mexicano optó por cortar ese Nudo Gordiano a la manera de Alejandro: de un tajo, expropiando y nacionalizando toda la industria.

La impronta del proyecto cardenista también se nota en la creación del IMSS y su ley respectiva, pero la guerra mundial y el conflicto petrolero obligaron a posponer los proyectos siendo aprobados hasta 1943. Con la creación de Pemex y de la CFE, y la nacionalización de los ferrocarriles se fortaleció la industrialización del país, propiciando tasas de crecimiento del 6% del PIB de 1940 a 1970. La creación del Instituto Politecnico Nacional y del INAH, la reforma educativa y la campaña de alfabetización hicieron cambiar al país, y el magisterio se organizó como gremio y guía de los padres de sus alumnos.

La política exterior fue antiimperialista, antifascista y solidaria con los pueblos del mundo y los miles de exiliados políticos de Latinoamérica y Europa, entre ellos miles de repúblicanos españoles y el revolucionario ruso LeónTrotsky.

Lázaro Cárdenas bien pudo optar por hacer de su presidencia una tan gris y subordinada a Calles como la de sus antecesores, pero hizo lo contrario: movilizó a sectores populares en favor del reparto de la tierra, del nacionalismo económico y de otras políticas progresistas que, al final, dieron sentido al gran movimiento de rebelión iniciado en 1910. Esa decisión, tan radical y arriesgada, tuvo éxito y dejó la huella imborrable que hoy celebramos. ■

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