Uriel Martínez, poeta

Uriel Martínez, poeta

En la entrevista concedida por Uriel Martínez Venegas a Alma Ríos para “La Jornada Zacatecas” (“El amor, la noche, la soledad, temas que recupera Uriel Martínez en Lubricantes”, 22/03/18) relativa al poemario “Lubricantes”, publicado por la editorial Juan Pablos en 2017, se consignan el lugar y año del nacimiento de su autor: Tepetongo, Zacatecas, en 1950. Esto a contracorriente de los datos ofrecidos por Gabriel Zaid en su “Asamblea de poetas jóvenes de México” de 1980 y de Sandro Cohen en su antología “Palabra Nueva” de 1981, donde se establece que Martínez nació en Jerez, Zacatecas en 1953. Severino Salazar en su “Zacatecas, cielo cruel y tierra colorada” de 1994, y Veremundo Carrillo Trujillo en “Zacatecas, barro que suena a plata” de 1996, corrigen el lugar de nacimiento: no Jerez, sino Tepetongo, pero mantienen el año de 1953.Las opiniones acerca de la poesía de Martínez, acaso lo más prescindible de los antologadores, son también dispares: para unos es un poeta gozoso, lúdico, otros lo imaginaronsombrío e insatisfecho. Cohen, en la referencia citada, indica que la obra de los grandes poetas se realiza en la marginalidad, por fuera del financiamiento estatal. Cree que la burocratización arruina la capacidad de trabajo, aunque salve la vida del artista. Menciona también que, como consecuencia del aislamiento de los fondos gubernamentales, los poetas financian las ediciones de sus obras. Martínez se mantuvo fiel a esta imagen: no se burocratizó, se abstuvo de las becas, vivía de vender libros y pagó de sus ahorros la publicación de “Lubricantes”. Sin embargo, el libro “Los cuervos (y otras historias de terror)”de 2019 felizmente sí contó con apoyo de las instituciones de cultura. Notemos la pervivencia de Martínez en antologías de todo tipo: regionales como las de Carrillo y Salazar, nacionales a la manera de Cohen y Zaid. Quizá sólo José de Jesús Sampedro está más antologado. ¿Qué significa esto?En términos generales las antologías proponen un canon posible de la literatura cuando lo hacen desde criterios opuestos a las ideas dominantes acerca de la literatura, y consignan un canon tradicional cuando se apegan a los autores consagrados. Sin duda Martínez ya resulta imprescindible en las antologías de poesía zacatecana, aunque quizá no tanto en las de nivel nacional. ¿Cómo se construye un canon? ¿quién lo construye? Un canon lo construyen los críticos a partir de sus impresiones subjetivas de la literatura, de la experiencia recogida en sus lecturas y rara vez desde una teoría racional. Esto último en razón de la aceptación que los mitos kantianos acerca del genio y la estética tienen en la crítica mexicana. Por ende, los criterios de selección son implícitos, no explícitos, públicos y discutibles, así que en la superficie la selección de los textos aparenta ser irracional, resultado de críticos tan inspirados como los mismos artistas. No lo es, responde a demandas políticas, sentimentales o sociales que el antologador recoge, elabora y formaliza en la compilación que edita. No existe, tampoco, un proceso homogéneo de canonización de un autor, ni tiene las mismas repercusiones políticas, económicas y estéticas. Por ejemplo, Philip K. Dick, un autor marginal, escritor de obras de un género periférico como la ciencia ficción, cuya vida se atuvo a la miseria económica y la locura, es hoy un escritor canónico. Esto implica que se escriben largas disertaciones doctorales sobre su obra, se componen profundos tratados críticos acerca de sus novelas y se gana mucho dinero con sus derechos de autor. Tal posición hegemónica se logró por el trabajo conjunto de un equipo de eruditos, agrupados en la revista SF Studies por ejemplo, bien ubicados en distintas universidades norteamericanas que analizaron a fondo la producción del autor. Es decir, para lograr la canonización se requiere un prestigioso aparato propagandístico además de las cualidades estéticas y cognitivas de la obra. De acuerdo con Jorge Aguilera López (en “De poéticas hegemónicas y marginales en México. Legitimación y canon en las antologías de poesía mexicana” Signos Literarios, v. XV, #30 (2019)) la antología de poesía mexicana que definió el canon nacional es “Poesía en movimiento” de Octavio Paz, Alí Chumacero, Homero Aridjis y José Emilio Pacheco de 1966. Si algo ejemplifica la paradójica suerte de los poetas es la declaración de Paz en el prólogo: no pretenden congelar el movimiento de la poesía, es decir, canonizarlo, sino mantenerlo abierto. Sin embargo, esa antología devino manual y los poetas seleccionados pétreos monumentos de la poesía. Ni la antología de Zaid o la de Cohen se acercan siquiera un poco en prestigio y suerte a la elaborada por Octavio Paz. Pero una antología, como nos lo recuerda Aguilera en la obra citada, no se arma sólo para beneplácito de los docentes de literatura, también se estructura como oposición al conjunto del proceso de canonización. Ahí, en esa coyuntura abierta contra todo el aparato cultural, el proceso de burocratización, el sistema de becas y reconocimientos, se acomoda el trabajo de Uriel Martínez. Sus antologadores tuvieron el hábito de confundir su fecha de nacimiento, otro tanto ocurrirá con la fecha de su deceso. Tal es la aporética suerte del poeta. ■

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