Visionarios en la preservación del patrimonio cultural zacatecano [Parte 4: Federico Sescosse Lejeune]

Visionarios en la preservación del patrimonio cultural zacatecano [Parte 4: Federico Sescosse Lejeune]
Credencial de don Federico Sescosse como representante honorífico del INAH, único caso a nivel nacional. 1970. Biblioteca Especializada Camino Real de Tierra Adentro. Centro INAH Zacatecas. Fondo documental Federico Sescosse Lejeune

La Gualdra 449 / Arqueología e Historia / Ollin: Memoria en movimiento

 

 

 

Federico Sescosse Lejeune

Nació el 27 de septiembre de 1915; perteneció a una familia de tradición zacatecana caracterizada por el perfil emprendedor de sus miembros. Desde muy joven, recibe la encomienda de su padre de la administración de la fábrica de Piloncillo La Purísima, en el Municipio de Apozol, en donde laboró por más de 44 años.

Un joven de personalidad polifacética, vinculada por una parte al campo y a la industria zacatecana; y por otra, al estudio y comprensión del arte, la historia y la cultura universal, lo que pronto lo llevaría a encontrar su verdadera vocación: preservar el patrimonio cultural de Zacatecas.

En la actualidad Zacatecas se aprecia como una ciudad con un extraordinario patrimonio cultural, representado principalmente por joyas arquitectónicas que son testimonio del importante protagonismo que ha tenido este lugar a través de la historia de México.

Casas señoriales, templos y conventos, centros de enseñanza, grandes obras de ingeniería y recintos consagrados para el esparcimiento, son algunas las construcciones que junto con una sinuosa topografía hacen de la gran ciudad de origen virreinal una las más hermosas de México.

Pero Zacatecas no siempre ha mostrado todo su esplendor, a lo largo de su existencia también ha vivido largos años de abandono; tuvo también tiempos de incuria hacia los antiguos edificios y un progresivo deterioro de sus calles y plazuelas. Esta imagen de ciudad olvidada y el estado deplorable en que se encontraban los grandes recintos históricos, fue sin duda la que Federico Sescosse vivió durante su juventud.

El paisaje que encontraba quien visitaba en esa época la capital zacatecana a mediados del siglo XX era el de una ciudad de apariencia aletargada en donde las escenas de ruinas eran parte del panorama zacatecano. Los contrastes que imperaban dieron pie al esfuerzo realizado por una generación excepcional encabezada por el propio Sescosse.

Las inquietudes, erudición y aptitudes intelectuales de don Federico se reflejaron en sus firmes e irreductibles discursos en pro de la defensa del patrimonio de su ciudad, lo que deslumbró a personajes de la talla de Manuel Toussaint, quien lo nombró en 1941 como primer delegado honorario del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Zacatecas; bajo este cargo procuró además de la protección de los monumentos históricos de la ciudad capital, la salvaguarda de las zonas arqueológicas de La Quemada y Altavista, Chalchiuhites así como la conservación del Museo de Guadalupe en el antiguo Colegio Apostólico de Propaganda Fide.

Formó en 1965, junto con el Lic. Genaro Borrego Suárez del Real y don Eugenio del Hoyo Cabrera, la Sociedad de Amigos de Zacatecas A.C., logrando materializar muy pronto uno de sus más importantes legados a los zacatecanos: redactar la Ley de Protección y Conservación de Monumentos y Zonas Típicas del Estado de Zacatecas y fundar una institución de carácter normativo para vigilar el cumplimiento de la misma.

Previo a este importante logro y a la par del mismo, don Federico ya había emprendido la titánica labor de rescatar uno de los bastiones arquitectónicos de la ciudad: el antiguo templo de San Agustín, obra que a la postre se convertiría en icono del rescate patrimonial no solo de Zacatecas, sino del país, y que marcaría el arranque de una incansable y monumental labor por recuperar los tesoros virreinales y el espíritu tradicional de la muy noble y leal ciudad.

A este rescate se sumaron posteriormente el de la Vecindad del Jobito, el ex Convento de San Francisco de Zacatecas, el Colegio de San Luis Gonzaga y el Templo de Santo Domingo; intervino también en la restauración de la portada e interior de la Catedral Basílica, así como en la restauración y puesta al servicio del culto religioso de la capilla de la ex Hacienda de Bernárdez, entre otras muchas obras.

Su indiscutible aportación para rescatar el esplendor de la ciudad de Zacatecas se vio completada con una serie de obras que terminó por definir un carácter y una personalidad muy propia; de manera altruista y con gran visión diseñó algunos edificios de inversiones privadas y públicas por construirse en Zacatecas para evitar que se rompiera la homogeneidad en la fisonomía del centro histórico con una posible inserción de arquitectura “moderna”; podemos mencionar algunos como el “María Luisa”, ubicado en la equina de Juárez y González Ortega; y el edificio de Banamex. Su intervención fue decisiva además para lograr que los proyectos de la construcción de los edificios de Telégrafos y Correos se integraran al contexto histórico. Diseñó la Fuente de los Faroles, la Fuente y Plaza de Santo Domingo, y la nueva Fuente de los Conquistadores, entre otras muchas otras obras que dotaron a la ciudad de espacios de ornato y esparcimiento público con una gran maestría y sentido de integración.

Quizá la más importante batalla que libró fue la exhaustiva campaña de “Despepsicocacolización” -como él la nombró-: una serie de acciones para librar a las fachadas del centro histórico de toda clase de anuncios comerciales y en idiomas extranjeros y con ello preservar la dignidad e identidad del centro histórico.

Su legado rebasa las acciones encaminadas al rescate y preservación del patrimonio cultural edificado; como todo humanista, don Federico supo identificar y tocar los puntos más sensibles de la identidad zacatecana.

Concibió la preservación del patrimonio cultural como un concepto integral, el cual debería considerar no solo lo material, sino lo inmaterial y lo documental, por lo que fue una de sus prioridades el rescate de los acervos históricos de Zacatecas; conformó la Biblioteca Elías Amador en el Museo Pedro Coronel, recuperó y donó al pueblo zacatecano el pendón original de la ciudad y logró que las Cédulas Reales de Felipe II regresaran. Promovió y apoyó a la Cofradía de San Juan Bautista, logrando conservar la tradición de la Morisma de Bracho; y rescató la colección “Mertens de Arte Huichol”, para cuyo resguardo y exhibición creó el “Museo Zacatecano”, el cual, junto con otros logros del propio Sescosse como los museos Pedro y Rafael Coronel, y el rescate para Zacatecas de la obra del pintor Francisco Goitia, sentaron las bases para que la ciudad adquiriera una vocación inminentemente cultural.

La culminación de su obra se dio con su último gran legado al promover, ante las autoridades federales, la postulación para la inscripción del Centro Histórico de Zacatecas en la lista del Patrimonio Mundial ante el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Federico Sescosse Lejeune, dedicó toda su vida a Zacatecas, su mérito fue guardar un profundo afecto por la ciudad que lo vio nacer, generando numerosas acciones para su conservación y protección.

 

 

 

* Director del Centro INAH Zacatecas.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_449

 

 

 

 

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