La fe de los votantes

La fe de los votantes

En 1967, en el volumen dos de la antología “DangerousVisions” de Harlan Ellison, apareció un relato breve de Philip K. Dick titulado “La fe de nuestros padres”. La trama es bien conocida: en Hanoi un burócrata de nivel medio, Chien, se encuentra en la calle a un vendedor de pócimas para curar enfermedades, al que por ley debe comprarle algo porque es veterano del “Frente Unido Democrático del Pueblo contra los Imperialistas”. Adquiere unos polvos cuyo efecto es descansar los ojos secos por exposición prolongada a los monólogos del “Benefactor Absoluto del Pueblo”. Esa noche, al observar de manera obligatoria uno de ellos, decide utilizar el “rapé”. A los pocos minutos siente descanso, pero después es víctima de lo que él cree es una alucinación. Tan terrible le resulta que habla a la policía de seguridad para reportar al vendedor. Los policías arribaron pronto al departamento, tomaron declaración, confiscaron la droga y se fueron. Pronto enviaron a Chien los resultados de laboratorio: había consumido una fenotiacina, una sustancia anti alucinógena. Descubre que la alucinación que vio no era tal sino la realidad, encubierta por alucinógenos vertidos en el agua corriente. También llega a saber que el veterano vendedor de mejunjes es parte de un grupo que aglutina a quienes han visto diferentes aspectos del líder supremo cuando son sometidos al proceso de desintoxicación. Dick trató de diseñar la historia para que el lector perdiese toda noción de realidad en el relato: por un lado, quienes no están intoxicados perciben realidades diferentes, mientras los drogados ven una sola. Una interpretación directa es que la realidad es múltiple y compleja, mientras la mente humana es una y simple. Llevando el asunto al dominio de la política parece claro que la afirmación central es que las masas humanas son dóciles ante los mandatos del líder, pero reacias a comprender cualquier asunto matizado, complejo y de suyo difícil. ¿Por qué recordar este relato de Dick? Para introducirnos en otro relato, ahora narrado desde los órganos gubernamentales, en el que la realidad compleja se pretende reducir, mediante retórica, a un situación simple, clara e incluso heroica. Vayamos a la conferencia de prensa ofrecida por el titular del ejecutivo federal mexicano del lunes 17 de agosto de 2020 donde declaró: “se debe conocer todo el manejo del dinero, con la entrega de los sobornos. Que se pueda ver en redes sociales, en la televisión convencional el video que se asegura entregó el señor Lozoya a la fiscalía, conocer todo, porque esto ayuda a purificar la vida pública, nada de ocultar, transparencia completa” (“AMLO: que se difunda en tv y redes sociales video de Lozoya” El Universal 17/08/2020). ¿Qué está en juego en el caso Lozoya? Para Viridiana Ríos, en su artículo “Las razones de Lozoya” (Expansión, 17/08/2020), la respuesta es clara: “Todo parece indicar que el caso de Lozoya dará evidencia de que el Pacto por México no fue el resultado de que múltiples fuerzas políticas pusieran a un lado sus intereses particulares para ponerse de acuerdo sino que el PRI los corrompió a todos. El caso mostrará con prístina claridad que, salvo Morena y otros partidos menores, no hay un solo partido tradicional que no haya traicionado a México olímpicamente. El caso le arrancará los últimos dejos de legitimidad que le quedan a la oposición y los destruirá. Lozoya hará que Morena sea, en 2021, la única alternativa”. Al final del artículo sostiene que el caso Lozoya ofrece a López Obrador la posibilidad de legitimar su visión de lo acontecido en México durante el periodo neoliberal. Por lo que se ve está en juego una interpretación de la vida pública del país y la legitimidad que garantiza de cara a las elecciones de 2021. Si es eso lo disputado, resulta sencillo ubicar en ese escenario la represalia hacia la revista Nexos, porque ahí pululan otras versiones de México, del gobierno obradorista y de sus resultados. Jorge G. Castañeda, en la entrada de su blog de Nexos 21/08/2020, matiza el escenario propuesto por Ríos: los ex presidentes no están mancos, y si Lozoya tiene videos, aquellos también. Por eso surgió el video donde el hermano del presidente recibe dinero de David León, consultor del gobierno de Chiapas. No fue brillante la respuesta urdida desde Palacio Nacional. Mario delgado sostuvo que: “Una cosa son los sobornos que ha denunciado Lozoya, los actos de corrupción que encabezaron los gobiernos del PRI y del PAN y otra cosa es un video donde haya la aportación directa de los ciudadanos a la construcción del movimiento” (El Universal, 22/08/2020)). ¿Cómo se distingue un donativo de un soborno? Lo que se ve en el video es un acto similar con diferentes actores, en el que existe una transferencia indefinida de dinero por razones desconocidas. Son quienes ven el acto los que lo califican. Es la situación propuesta por Dick: una misma realidad que las personas quieren ver de distintas maneras. Sabemos las razones de esa diversidad: la lucha por la legitimidad. Desde un punto de vista objetivo se requiere una investigación realizada por terceros imparciales, inexistentes. Lo que queda claro es que todos los partidos son iguales porque necesitan mecenas para financiar campañas.

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