La Educación televisada: consideraciones sobre las bondades de esa idea

La Educación televisada: consideraciones sobre las bondades de esa idea

Iniciaron las clases en línea, a distancia y apoyadas por la televisión. Lo más novedoso es la entrada de la televisión en el apoyo de clase. Y no ha faltado el debate y quién, en ese debate, a concluido que es mala idea incluir a la televisión por su función enajenante. Nos permitimos disentir de esa crítica y rescatar las bondades de esa idea. Un martillo puede servir para destruir o para edificar una estatua de venus. Es un instrumento. Lo mismo la televisión: todo depende de la forma del uso y los contenidos.

Como referente tenemos la experiencia de la telesecundaria. El modelo original fue, francamente, una maravilla. Al inicio de los 80’s el sistema de secundaria por televisión permitió cubrir en muy pocos años al 86 por ciento de la matrícula media básica-rural en el país. Hizo posible llevar la educación a los alumnos que estaban en estado de abandono. En el modelo había varios componentes y una rutina que hacia la virtud. Los componentes eran (1) contenidos en televisión elaborados y adaptados con muy alta calidad para ser digeridos por adolescentes, (2) un canal de televisión abierta accesible en todo el país, (3) guías de clase que ordenaban los objetivos pedagógicos del contenido por cada sesión didáctica, y (3) un profesor capacitado y contratado como docente de carrera, que tenia el tiempo completo con su grupo de estudiantes. Los resultados de las primeras generaciones fueron social y académicamente extraordinarios.

El derrumbe del modelo ocurrió cuando se vendió el canal de transmisión (canal 13) a Tv Azteca, y esta televisora empezó a transmitir la basura que conocemos. Las escuelas ahora iban a depender de dispositivos para captar la señal de un satélite, lo cual fue un desastre: aparatos decodificadores en comunidades rurales (llenas de tierra: obvio) tronaron como palomitas. El resultado: se terminó por destruir el modelo pedagógico. El cual consistía en tener una sesión de televisión de 17 minutos, luego la lectura de la guía, en seguida actividades de los alumnos para afirmar los conocimientos, y al final, una autoevaluación de la sesión. Todo en 50 minutos. En el minuto 51 estaba listo el siguiente programa de 17 minutos de televisión de la materia que seguía. La planta de profesores de esas primeras generaciones, que por una extraña razón se llenó de agrónomos, fue muy buena. Pero, las prioridades neoliberales del gobierno en turno trajeron el derrumbe.

Ahora, se antoja que la pandemia trajo una idea: recuperar la televisión abierta para el apoyo de la educación nacional y recuperar el éxito de esas primeras generaciones de la telesecundaria. Habrá que buscar que en los turnos matutinos el Estado transmita contenidos educativos, sin necesidad de pagar a las televisoras privadas para hacerlo. Ahora mismo, es un despropósito que el gobierno de México pague más de 400 millones de pesos a las televisoras para transmitir educación. El Estado debe recuperar la prioridad pública del espacio radioeléctrico que fue privatizado por los oscuros gobiernos neoliberales. El sistema de televisión educativa debe contar con varios canales de televisión abierta y un sistema de radios y medios de difusión a su disposición. La pandemia debe traer algunas cosas buenas a este país necesitado de reformas (que no alcanzan a nacer). Y una de ellas, es la reforma en el ámbito de la comunicación dedicada a la educación. Tarea urgente: muy mucho.

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