¿Es posible un Gran Acuerdo por Zacatecas?

¿Es posible un Gran Acuerdo por Zacatecas?

No negociemos nunca por temor, pero no
tengamos nunca temor a negociar.
John F. Kennedy

Uno de los errores más comunes en la historia de las grandes estrategias está en no conciliar los medios con los objetivos. Cuando los medios que tenemos no son suficientes para lograr los objetivos que pretendemos, a menudo el fracaso se presenta como conclusión de dicha estrategia. Los medios no siempre son susceptibles de ampliación o modificación, por razones de contexto, disponibilidad o incluso voluntad y el siempre presente, factor humano.

La propuesta que he venido desarrollando en estas páginas sobre un Gran Acuerdo por Zacatecas, descansa en esta base. En la lógica de no ser presa ni de la ingenuidad ni del conformismo, buscando que la idea se mantenga en un equilibrio entre la utopía y la realpolitik. Así pues, parto de la idea de qué es posible por esto mismo, porque significa y pretende ideas y objetivos susceptibles de alcanzarse más allá de la ingenuidad, que, a su vez, redituarían beneficios plausibles para la sociedad, pero también para los actores en juego por el poder.

En primer lugar, la idea de un Gran Acuerdo por Zacatecas (en mayúsculas subjetivas), significa un esfuerzo de voluntad política por facilitar el desarrollo, pero, sobre todo funcionalidad institucional, que en momentos de crisis como los que vivimos y estamos a punto de enfrentar, tirios y troyanos podrán coincidir, requieren de soluciones, sino idóneas, sí posibles, alcanzables, que eviten, prevengan el caos. La lista no podría ser muy larga y tendría que priorizar a partir de aspectos como los de urgencia, amenaza para la estabilidad financiera, social y política, presión social e impactos en caso de omisión en las decisiones públicas, respecto a dichos temas para el próximo gobierno. No pretende estar más allá que el de permitir el flujo de las políticas y acciones de gobierno que deben darse lo más pronto posible, y que, de no haber voluntad ni compromiso político, éstas pueden detenerse en las consecuencias de un proceso electoral que cada vez se vislumbra más y más polarizado e intenso. Hasta ahí lo que significa y lo que pretende política e institucionalmente.

Lo que no significa ni pretende esta propuesta de pacto político pluralista es la de descargar las diferencias en materia de intereses de grupo e incluso personales, para evitar un proceso electoral desgastante, costoso o que polarice. No porque no sea deseable, sino porque descansa en la lógica del realismo: a estas alturas y considerando el tamaño de intereses que estarán en juego, sería ingenuo pensar que podemos evitarnos tal capítulo político y social. Tampoco significa que las diferencias ideológicas, programáticas e incluso de estilo puedan hacerse a un lado para avanzar en los temas del acuerdo. Sencillamente hay cada vez más asuntos que no dan mucho margen para imponer fórmulas ideales o ideológicamente puras a problemas complejos. También éste es un argumento a su favor: sí en este momento, en el que los escenarios no están aún definidos con certidumbre para ningún actor ni fuerza política, no es posible conciliar sobre problemas y fenómenos tan complicados como la seguridad pública, la salud, el futuro e impacto de la viabilidad de la seguridad social, la economía y los efectos que sobre ésta tendrá la pandemia, en un futuro, cuando el proceso electoral esté en pleno desarrollo o las posiciones estén definidas, menos será posible apostar por un espíritu de colaboración y corresponsabilidad entre los ganadores y los perdedores, en un sistema en el que nadie gana ni pierde todo ni para siempre.

Un argumento más a favor de esta idea es que, sí la solución a este tipo de fenómenos y problemáticas complejas, descansara en un acuerdo firmado por todos, no quedarían sujetos a ser rehenes de una campaña electoral, en la que podría viciarse su discusión y anteponerse los intereses cupulares, corporativistas e incluso de amenazas.

¿Más allá de esta argumentación, es posible un Gran Acuerdo por Zacatecas? Sí. Supongo, que no garantizo, voluntad política de quién hoy encabeza el Poder Ejecutivo y conciencia de quiénes pretenden y tienen condiciones de sucederlo. Heredar y recibir problemas no es una intención que se antoje ni para quién sale, ni para quién entra. Claro es que, se recibirán, sin embargo, el tamaño de éstos importa: es deseable, pues, para todos que los más complejos tengan un consenso mínimo. Parece entonces que, las piezas, la voluntad y el contexto (el de una urgencia social que reclamará la inacción, antes y después de las elecciones) son un terreno fértil para esta postura. ■

@CarlosETorres_

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