Editorial Gualdreño 439

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La pandemia no es un show, no es un espectáculo “que se presenta con el fin de entretener a un público determinado”. Inició en China el año pasado, los contagios se fueron expandiendo alrededor del planeta, hasta que nos tocó: México superó ya el pasado fin de semana las muertes registradas en España y Francia. Menciono el dato porque fueron dos de los casos de países europeos que nos impactaron más durante los meses de marzo a mayo por las noticias que recibíamos a través de las redes. Seguro usted, estimado lector, pudo estar al tanto de eso, de la manera en cómo la pandemia crecía allá, de las medidas de confinamiento que impusieron, de las restricciones que implementaron para evitar la libre circulación de sus habitantes, de las salidas a los balcones para aplaudir a los médicos, o para cantar… y mientras, en México, la incredulidad y una especie de tono de sorna empezó también a circular en estos lares junto con el penoso registro de personal médico agredido y discriminado; las explicaciones más inverosímiles surgieron también: que si era una manera de distraernos para no darnos cuenta de cómo “los poderosos” hacían para reconfigurar el orden mundial -y esto lo repetían incluso sin entender su significado-, que el virus no le daba a los pobres ni a los jóvenes, que era una simple gripe, que con jugo de limón y bicarbonato se evitaba… o que si tomábamos -como Olga- “gotas mágicas con nanomoléculas de cítricos” podíamos poner una barrera poderosa en contra del Covid-19.

¿Recuerda todo lo que ha escuchado y lo que ha visto sobre esto? Y mientras en España y Francia -sí, con menos habitantes que México- se disciplinaban y no podían salir de sus casas salvo que tuvieran una autorización por escrito, en nuestro país muchos empezamos a seguir con puntualidad las conferencias de López-Gatell y a atender las recomendaciones que comenzaron a darnos las autoridades de Gobierno del Estado, pero también hubo cantantes innombrables que estrenaban al mismo tiempo su video de “A mí me vale el coronavirus”. Durante abril y mayo la movilidad disminuyó considerablemente en nuestra ciudad, pero a finales de este último mes se lanzó el mensaje -con una estrategia errónea de comunicación- de que finalizaba a nivel nacional la “Jornada Nacional de Sana Distancia”.

No pudimos o no quisimos entender: la gente salió a las calles como si “el orden mundial hubiera ya cambiado” o las “nanomoléculas de cítricos” y el bicarbonato hubieran creado un escudo alrededor nuestro contra un virus en el que no se ha terminado por creer. ¿O cómo nos explicamos el hecho de que muchas personas que no tienen necesidad de hacerlo salgan a la calle? No me refiero a quienes por razones laborales deben de salir, me refiero a la gente que invadió las aceras sin usar cubrebocas o usándolo con la nariz de fuera en el mejor de los casos, porque también hay quienes se lo ponen de adorno gaznatil; me refiero a las personas que otra vez salen a sentarse en los parques, en la Alameda, en los jardines para “tomar aire” bajo el argumento de que “no podemos estar en una burbuja permanentemente”, que “tenemos que hacer nuestra vida”, y que “no pasa nada, de todas maneras la gente de algo se ha de morir”.

De marzo a la fecha tenemos registrados en Zacatecas más de mil casos positivos, alrededor de 600 casos activos y más de 120 personas fallecidas debido al Covid-19. No es imaginación nuestra, estas personas que han resultado afectadas son tan reales como usted y como yo, tienen nombre, una historia de vida… Reflexiono esto ahora cuando empiezo a recordar a amigos que han resultado positivos y que se encuentran en aislamiento domiciliario o en el hospital, o cuando recuerdo que esta pandemia se ha llevado a otras personas queridas como el maestro Manuel Felguérez y quien nombró a este virus como “diabólico” apenas en mayo pasado.

No acatar las medidas en la medida de nuestras posibilidades, salir a la calle sin tomar precauciones, no acatar las disposiciones de sana distancia, incluso bromear con esto como si de un chiste se tratara, es casi tan maléfico como el mismo virus. Todos somos susceptibles, los muertos a causa del Covid-19 existen -también hay jóvenes que han fallecido sin tener comorbilidades-. Por favor, si les es posible, un poco de respeto y empatía con el otro, quedarse en casa, tomarse esto con seriedad y no difundir noticias falsas, le vendría muy bien a este hermoso lugar en que vivimos.

Que disfrute su lectura.

 

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