Necesario replantear “el orgullo” desde la diversidad sexual: Wenceslao Bruciaga

Necesario replantear “el orgullo” desde la diversidad sexual: Wenceslao Bruciaga
Este año sí había un buen motivo para protestar, pero por la situación del Covid no sucedió y la fiesta fue de forma virtual, indicó Bruciaga ■ FOTO: CORTESÍA

■ La homofobia sigue intacta y sobre todo se sigue matando a personajes de la comunidad

■ El actual gobierno se dice de izquierda pero persisten algunos mensajes muy conservadores

 

“Los gays venimos a esta tierra a desafiar las leyes de la naturaleza. Y ese designio me encanta. No es fácil pero me encanta. Somos unos rebeldes obsesionados con el placer. Diógenes debería ser nuestro santo”, dice en algún momento el personaje central de la novela Bareback Juke-Box (Moho, 2017) del escritor coahuilense Wenceslao Bruciaga, quien ante la falta de marchas multitudinarias de la comunidad LGBTTT+ en México este año a causa de la pandemia, considera que la fiesta y el exceso harán falta como parte de un diálogo radical que acentúe la diferencia, pero que pudiera aprovecharse la situación para cuestionarse como comunidad, de qué se habla cuando se hace referencia al orgullo en una sociedad en la que aún impera la homofobia y hay crímenes de odio.

Como cada 28 de junio, la comunidad LGBTTT+ conmemora el Día Internacional del Orgullo debido a que fue en la fecha, pero en 1969, cuando en Stonewall, Nueva York, tuvieron lugar los disturbios que marcaron el inicio del movimiento de liberación homosexual, sin embargo, ante la pandemia del Coronavirus (Covid-19) que azota al mundo y al país en este año, la conmemoración que inunda de algarabía policromas las calles de las ciudades se ha tenido que posponer o bien, manifestarse mediante el medio virtual para evitar las conglomeraciones.

En entrevista con La Jornada Zacatecas, el escritor, columnista de Milenio y especialista en temas de la diversidad sexual, Wenceslao Bruciaga, consideró que la manifestación virtual de la conmemoración de manera virtual tuvo algunos detalles interesantes, ya que mediante una especia de “CNN rosa” se tuvo la idea que tuviera presencia durante todo el día y que de alguna manera sirvió para hablar de los problemas o de lo mucho que falta por resolver dentro de la comunidad LGBTTT+.

Sin embargo, aseveró, también como pasa con otros años en la marcha, es que sigue siendo cooptada por las marcas, como si pareciera que la causa o el motor de la marcha ya es básicamente una “simbiosis corporativa”, por lo que, a su consideración, pareciera que el mensaje es que aún con todos los problemas que existen en la comunidad, sin ese reconocimiento y sin esa presencia, no puedan sobrevivir ni subsistir.

“Creo que este año, de haber existido una marcha, sí hubiera valido la pena y sí había necesidad de replantearse las consignas; por ejemplo, el fantasma del desabasto de los antiretrovirales para el VIH, la disminución a partir del problema de austeridad de la 4T que está afectando a la Comisión Nacional de Derechos Humanos o el tema de la Conapred. Creo que sí había un buen motivo para protestar, pero por la situación del Covid no sucedió y la fiesta fue de forma virtual, aunque se tocaron esos temas”.

“Es importante plantearnos como un año cero del orgullo. Y podríamos utilizar estas situaciones para volvernos a replantear no nada más los significados de la marcha, su evolución, sino el mismo orgullo, de qué estamos orgullosos. Me parece pertinente en una sociedad en la que ya estamos visibilizados, en la que el matrimonio igualitario por el que tanto se peleó ya es una realidad, y sin embargo la homofobia sigue intacta y sobre todo cuando se sigue matando a personajes de la comunidad. Esta circunstancia permitiría cuestionarnos muchas cosas y hacia dónde vamos, qué tanto, el heteronormarnos ha funcionado. Fue una buena oportunidad para cuestionarnos de qué hablamos cuando hablamos del orgullo y marchas del orgullo”.

No ha sido afortunada relación de
la 4T con las minorías sexuales
Para el autor de Funerales de hombres raros (Jus, 2011), “la 4T está batallando duramente con una narrativa bastante complicada de entender”, pues en tanto se dicen de izquierda, hay muchos mensajes muy conservadores que han afectado directamente a las poblaciones LGBTTT+. Pues además del desabasto en un principio, de los antirretrovirales para pacientes con VIH por temas burocráticos que devinieron en una serie de disturbios en el edificio del IMSS, se han presentado situaciones como la más reciente que fue el “desplante” del presidente Andrés Manuel López Obrador a la Conapred, de la que dijo que no conocía su existencia cuando él mismo dio la toma de protesta a la ex titular.

De ahí pues que Bruciaga considere que no ha sido lo bastante afortunada la relación de las minorías sexuales con la 4T, siendo que es un gobierno que todo el tiempo le urge demostrar o decir que es de izquierda.

Y esta relación se puede observar también en otros temas, como ejemplo, “desde la construcción misma de cómo nos estamos construyendo la definición de ser gay en estos tiempos”, y es que el escritor hace referencia a la obra de teatro para niños “Príncipe y príncipe” que se difundió mediante instancias oficiales, con la idea de lanzar un mensaje de tolerancia a inclusión, lo que para Bruciaga desde un principio ya fue problemático si se le mira por dos enfoques: el primero es que la transmisión causó polémica y “lo único que reflejó es que la homofobia no se ha acabado, ni madres”, ya que padres de familia indignados señalaron que buscaban lavarles el cerebro a sus hijos pero el odio que manifestaron por redes sociales “es de espantarse”.

“Por otro lado, yo sí critiqué mucho la obra porque volvía a lo mismo; contándote una historia de amor de reyes, a parte, perpetuando figuras que ya son muy arcaicas, entonces, con todo lo transgresor que pueda ser, sí me causa mucho conflicto que culturalmente a las minorías sexuales la única forma en la que pueden ser asimiladas para una convivencia sana es heterosexualizándolos. Pareciera que no hay chance de forjarnos una identidad propia, porque seguimos dependiendo de la moral heterosexual. Entonces culturalmente siento que no hemos avanzado mucho. En realidad, culturalmente las propuestas de diversidad sexual son las que menos incomodan, las más domésticas”.

Por tal motivo, el autor de Un amigo para la orgía del fin del mundo (Discos Cuchillo, 2019) reiteró que habría que aprovechar que no hubo marcha para cuestionarse también las estampas culturales: “pensar si realmente estamos consiguiendo algo o nada más nos estamos viendo autorreferenciales y bastantes condescendientes con nosotros mismos con esta idea de la no transgresión que se ha instalado de forma muy mañosa y mustia dentro de la cultura en general”.

“Creo que ahí nos falta también decir por porqué hacemos cosas de pronto tan light, tan rosas. Plantearse de pronto qué es lo que queremos hacer, si queremos hacer desde nosotros para el mundo, o más bien un arte calculado perfectamente para no incomodar a las audiencias, y ese falso dilema no me convence”.

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