Felguérez y el cine

Felguérez y el cine
Felguérez en un fotograma de la adaptación de Tajimara, película de Juan José Gurrola.

La Gualdra 438 / Cine / Manuel Felguérez: in memoriam

 

 

A finales de 1960, Manuel Felguérez regresaba de una estancia en Washington sin un medio claro de subsistencia, aunque con un nombre como artista que iba creciendo gracias a sus exposiciones de los años recientes en diferentes galerías de la Ciudad de México, donde entra en contacto con un núcleo importante de la cultura en México. En octubre de aquel año diseña la escenografía y los vestuarios para La dama de las camelias, producida y actuada por Pina Pellicer.

Entre los asistentes a esas funciones se encuentra Alejandro Jodorowsky, quien, fascinado con el trabajo de Felguérez, lo invita a colaborar con él. A lo largo de los siguientes cinco años, el artista zacatecano diseña vestuarios y escenografías para diferentes proyectos del dramaturgo chileno, y lo hace con gran libertad, desarrollando una obra en torno a lo plástico y lo abstracto, antes que ilustrando las obras. Al tiempo que realiza este trabajo escénico, su obra plástica se van consolidando.

Son años de gran confrontación entre los herederos del nacionalismo mexicano y una nueva generación conocida como “La ruptura”, en concursos, salones y publicaciones y que ha sido sintetizada como el enfrentamiento entre figurativos y no figurativos, siendo Felguérez uno de los principales representantes de este segundo grupo. Es también la época de una profunda crisis en el cine mexicano y ese mismo grupo, identificado también como la generación del Medio siglo, se vuelve fundamental en el intento de renovación.

 

Obra de Manuel Felguérez en la película La montaña sagrada, de Jodorowsky

Obra de Manuel Felguérez en la película La montaña sagrada, de Jodorowsky

En 1964 Juan José Gurrola filma una adaptación de Tajimara, el cuento de Juan García Ponce, y Felguérez es invitado a participar en el diseño de la escenografía. La cinta narra la relación conflictiva entre varias parejas, una de ellas de pintores que viven en un pueblo imaginario llamado Tajimara, la casa de los pintores es un espacio clave, entre cuadros, bastidores y pinceles, suceden algunas de las escenas más importantes del filme, al lado de caballetes y mesas de trabajo, se desarrolla una gran fiesta, crucial en el argumento. Los cuadros en las paredes son obras abstractas seguramente de la autoría de Fernando García Ponce, Lilia Carrillo y él mismo. La pintura aparece así misma en una escena filmada en el recientemente inaugurado Museo de Arte Moderno en Chapultepec. El trabajo del pintor, quien aparece a cuadro en la película, resultó muy importante en esta cinta emblemática para su generación.

En 1972, Felguérez vuelve a colaborar con Jodorowsky, esta vez en el cine. Para La montaña sagrada, el pintor diseñó una serie de objetos escultóricos que ayudaban a narrar una historia fuertemente poética, que funcionaba como una suerte de laberinto, y que le sirvió de pretexto para desarrollar con libertad su trabajo en una forma que desborda al propio relato. Este trabajo le dejó piezas que siguió desarrollando en los siguientes años en la serie “La máquina estética”.

Como en el teatro, en sus experiencias fílmicas, Felguérez pudo ampliar los límites expresivos de su trabajo plástico y enriqueció las películas en las que participó, pero también enriqueció su obra plástica y escultórica mientras experimentaba a través del cine.

 

 

*Profesor de tiempo completo en la ENES Morelia-UNAM.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_438

 

 

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