La industria cultural y la expulsión del oro

La industria cultural y la expulsión del oro

Una de las industrias más afectadas por la pandemia es la llamada ‘sin chimeneas’: el turismo. Y con ella todo el sector de servicios ha sufrido como calvario la suspensión de actividades y el llamado confinamiento. Restaurantes, hoteles, empresas de recorridos, y una larga cadena de negocios pequeños pero vitales: panaderías, lavanderías, servicios de limpieza, mercado de hortalizas, construcción, etcétera. Y además, familias que viven de los paseantes: productores de nieves (que son una delicia), dulces tradicionales, mezcaleros, músicos (las tradicionales callejoneadas), y un cúmulo importante de artesanos.

Como podemos observar, el turismo tiene importancia por los empleos directos, pero aún más impactante es la enorme red de empleo indirecto. Y un dato fundamental: todo el empleo indirecto es local y (en forma significativa) de microempresas familiares. La circulación monetaria que reactiva este sector de la economía se dinamiza con los visitantes, en su mayoría nacionales.

Pero un dato esencial: si esta red económica se forja con los turistas, ¿quién atrae a los turistas? Pues la arquitectura, la historia, ¡y los artistas! Los festivales y la intensa vida cultural de Zacatecas son el gran atractor del turismo (cultural) en el estado. De los diversos tipos de turismo que ahora existen, en la entidad predomina el turismo cultural. Si esto es así, tendremos que hacer cuentas: si el salario de un trabajador se calcula por el producto marginal de su trabajo, tendremos que observar el impacto económico de los trabajadores de la cultura y caemos en la cuenta, ¡qué les quedamos a deber mucho! Si la labor de los artistas y gestores culturales es el atractivo de los turistas, que a su vez dinamizan la red económica que arriba mencionamos, significa que cada artista debe ganar tipo ‘gerente’: su labor implica saberes dinamizadores de todo un sector económico. Mantener en la marginación económica a aquellos que son los responsables de la dinamización económica de uno de los sectores económicos más importantes del estado, es no sólo una injusticia, sino una absoluta estulticia. En esa situación, ellos buscarán mejores oportunidades, y ocurrirá lo inevitable: la expulsión del oro.

La comunidad artística constituye un verdadero capital cultural, y al capital hay que mantenerlo para que siga dando frutos. No hacerlo, equivale a tener desnutridas a las gallinas que producen los huevos que nos hacen comer. Así de tonto es ‘ahorrar’ en los gastos de gestores culturales y artistas. Ya no pedimos que las burocracias estatales tengan sensibilidad con el arte, pedimos algo más práctico, que tengan sentido económico del sector. Si tenemos una granja que produce huevo, lo más racional es tener bien alimentadas a las gallinas; de no hacerlo, todo el conjunto de la empresa, por ese sólo hecho, se irá al precipicio. Así, al granjero no le pides que tenga amor por las gallinas, le pides que al menos tenga sentido de la ventaja económica de mantenerlas sanas y bien alimentadas. Por eso el anuncio del gobierno del estado de destinar al Instituto Zacatecano de Cultura, en esta contingencia, más de 36 millones de pesos es un signo positivo y más si se logra hacer una gran bolsa que incluya los recursos de la FENAZA, que dado el panorama actual, hacerla sería bastante imprudente. Esperamos que llegue el aura de la iluminación y analicen los estudios de los componentes de rentabilidad de la economía del turismo en Zacatecas para aumentar la inversión cultural. Si eso ocurre, la conclusión es evidente: se apoyará sin pretextos a la comunidad de trabajadores de la cultura en Zacatecas. Al oro no se le expulsa: se le invierte.

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