Una cierta idea de mundo: Alessandro Baricco

Una cierta idea de mundo: Alessandro Baricco

Cuando ustedes lleguen a las páginas de “Una cierta idea de mundo” (Anagrama 2020) del narrador y ensayista italiano Alessandro Baricco quizás piensen dos cosas que en cierta medida son indispensables para la lectura de este libro. La primera es que “Una cierta idea de mundo” se les pudo haber ocurrido a ustedes. De hecho se les ocurrió a todos los lectores antes que a Baricco. Lo sé. Estoy al tanto de ello. Lo puedo jurar. Ni siquiera se tiene que llegar a la mitad de “Una cierta idea de mundo” para que se pueda asegurar tan disparatada idea.

La segunda de las cosas es que hay lecturas, y “Una cierta idea de mundo” es una de ellas, que a los lectores latinoamericanos nos llegan demasiado tarde. Eso lo van a pensar cuando les gane la curiosidad y vean el año en el que originalmente “Una cierta idea de mundo” salió publicado en Italia: en el 2012. Es decir, nos llega nada más y nada menos ocho años más tarde. Entonces hay que leer a Baricco y a las lecturas que nos presenta desde esa perspectiva cultural.

Vamos a contraponer una idea. Por ejemplo, su libro anterior, “The Game” (por el que le hice una entrevista para el suplemento cultural “Laberinto” del periódico “Milenio”) se publicó en México en el 2018 y ahí encontramos a un Alessandro más sensato en cuanto a la visión que tiene del mundo y de la cultura que recién se está gestando, un Baricco mucho más sensato y menos repetitivo, a mi juicio, que en muchas de las apreciaciones librescas de “Una cierta idea de mundo” porque, espero que se entienda, no puede ser el mismo enfoque que tiene del mundo, de sus lecturas en el 2012, que en el 2018, y mucho menos podemos leer “Una cierta idea de mundo” parados justamente donde estamos ahora, en medio de un barco-mundo que no está a punto de hundirse, pero cuyo capitán está borracho en la proa y cuyos marineros amenazan con suicidarse luego de devorar a las gaviotas.

A los lectores se les pudo haber ocurrido “Una cierta idea de mundo” porque es un libro que se genera (no se si sea la palabra adecuada) a partir de las lecturas de un lector agradecido. Me gusta esa palabra: agradecido. Si ustedes son de los que consideran acertada aquella sentencia tan choteada de Borges que tiene que ver con la lectura y los libros, valorarán mucho “Una cierta idea de mundo”.

El agradecimiento. Es el gesto más humilde que puede tener un lector con un autor y con su libro. Unas cuantas palabras de agradecimiento luego de una lectura sin ningún tipo de compromiso. Porque recordemos que se lee por placer. Esa es una de las grandes lecciones de don Alfonso Reyes: leer por otro motivo vuelve la lectura tediosa, aburrida (lo dijo con las grandes palabras con las que sabía decir las grandes cosas don Alfonso Reyes).

Y si Alfonso Reyes me hubiese pedido mi opinión le habría dicho que vuelve la lectura, en cierta medida, inservible. Y no porque la lectura deba tener una utilidad (no sé si en realidad la tenga, maldita sea), pero el solo hecho de pensar que deba servir para algo ya la vuelve un artículo estorboso (esto no lo dijo don Alfonso Reyes).

Y Alessandro Baricco confirma en “Una cierta idea de mundo” el enorme y hermoso placer que hay detrás de la lectura. En cada uno de los textos que conforman el libro. Y tan es así que lo contagia de una manera que el lector se identifica y debe cuidar su dinero porque en cuanto lee un libro que Baricco recomienda, entras a la tienda en línea, descargas un avance del libro en cuestión, lees y ya está: te has hecho de él. A mí me ocurrió con unos cuantos. Por ejemplo con “Las raíces del romanticismo” de Isaiah Berlin y lo devoré en una semana. Otro más: “La ciudad de los ángeles o el abrigo del Dr. Freud” de Christa Wolf, no es el libro que Baricco recomienda del autor, pero me leí el avance, me convenció. Uno más: “La visita del médico de cámara” de Per Olov Enquist. Y tras otros dos títulos me detuve. Iba a necesitar tiempo, pero además dinero.

Se da, entonces, ese momento entre lector y autor. Claro, ¿cómo no se me ocurrió a mí tomar apuntes para un libro de mis libros favoritos? Claro, ¿cómo no se me ocurrió a mí escribir un libro acerca de mis autores predilectos? Y en ese arrebato descarado es donde se produce el diálogo que si no me equivoco busca Alessandro Baricco: “Una cierta idea de mundo” te habla de otros libros, libros que para Baricco representan algo, libros que, a su vez, si te atrapan, para ti van a representar algo distinto, libros que corren de una misma raíz, de “Una cierta idea de mundo”.

Subrayé muchos momentos del libro. Pero creo que siempre me ocurre con Alessandro Baricco. Es un autor del cual he aprendido mucho de la musicalidad de su prosa. Me atrapa tanto la construcción de su fraseo, la disposición de las herramientas y los elementos gramaticales con tanta disciplina y a la vez con tanta festividad y tonalidad (y sí, sé que se pierde mucho con la traducción, pero también sé que no se pierde tanto del italiano al español), ese al parecer no interesarse tanto superficial, y sin embargo interesarse tanto tan subterráneo y hondísimo, que en ocasiones me dejó atrapar como si siguiese a ciegas a un Flautista de Hamelín, por lo que no los quiero abrumar con lo que a mí parecer son momentos muy brillantes del libro: Alessandro Baricco habla de lo que mejor le queda, de autores, de libros, de aquellos que le gustan, y nos dice por qué.

Hay una cita que no me puedo quedar con las ganas de compartirles. Habla acerca de la escritura y sobre la belleza de leer. Nos asegura Baricco: “Se lee no tanto para aprender, ni tampoco para poder entretenerse de un modo inteligente, se hace para dejar que la prosa impregne un cansancio, un fracaso o una derrota personales, aliviando el resquemor y limpiando la herida. Así, leemos por el simple placer de la lectura, y para salvarnos”. Y ya está. Al menos lo intentas. Eso de salvarte. Y quizás eso sea lo importante. El intento: salvarnos. ■

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