Este es mi cuerpo (confinado): los atuendos de interior

Este es mi cuerpo (confinado): los atuendos de interior
En la imagen, a modo de efecto camaleónico, la ropa de una mujer somnolienta se confunde con el estampado de la tela de su sofá ■ foto: cortesía

■ “El humor en tiempos del Corona: 40 imágenes para una cuarentena”

 

Los usos de indumentaria reflejan una doble articulación. La manera de vestirse se inscribe dentro de la relación a la mirada del otro y obedece así a la voluntad de realzar su propio cuerpo. Las elecciones vienen también condicionadas por los lugares y por las situaciones, interiores o exteriores: deporte, salidas, irse a la cama, trabajo, etc. Vestirse hace que el cuerpo entre en consonancia con el espacio y con el prójimo.

La sociedad de consumo ha desarrollado una hipersensibilidad al vestuario con prendas concebidas para todos los cuerpos, usos y gustos. De la más íntima a la más oficial, estas prendas van desde el confort simple de los modelos llamados “básicos” a la elegancia sofisticada de los vestidos de noche.

El horizonte estrecho del confinamiento ha modificado profundamente los hábitos. Las personas sin poder salir (o pudiendo hacerlo solo un poco), ya no tenían que enfrentarse a la mirada del otro, excepto por, llegado el caso, aquella de sus allegados, en general misericordiosos. La tentación de limitar su fantasía de estilismos ha sido pues grande. En este sentido, hemos asistido al triunfo de los atuendos de interior.

La producción humorística rebosa de creaciones que ponen en escena esta pequeña revolución: moda del jogging deforme, entusiasmo por el pijama o por la bata de estar por casa, además de todas las demás formas, infinitamente ricas, de laxitud en la vestimenta.

La imagen escogida hoy pertenece a una categoría ampliamente representada, en la que el espacio se incrusta sobre el cuerpo de sus ocupantes, a modo de efecto camaleónico. En este caso, la ropa que la mujer somnolienta lleva puesta se confunde con el estampado de la tela de su sofá. El comentario explica este fenómeno por la acción del tiempo pasado en el hogar: ella empieza a “formar parte del mobiliario”.

El empleo de esta expresión figurada intensifica el humor visual vinculado a la presencia de esta mujer-sofá en plena mímesis con su entorno. A través de un proceso de cosificación, la expresión adquiere un significado literal.

La dimensión burlesca de este sainete del ropaje revela un mundo con acentos kafkianos donde el individuo confinado, no enfrentado a la mirada del prójimo, es deshumanizado, trágicamente absorbido por un cotidiano que se reduce al horizonte de su propio mobiliario.

Mañana: Este es mi cuerpo (confinado): las nuevas realidades capilares.

*Catedrática de Artes Visuales en la Universidad Sorbona

**Traducción del francés por Jordi Macarro: ceci est mon corps (confiné): les tenues d’intérieur

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