‘Ya no estoy aquí’: cuando la música termine

‘Ya no estoy aquí’: cuando la música termine
Fotograma de Ya no estoy aquí, del Dir. Fernando Frías de la Parra.

La Gualdra 435 / Cine

 

 

Ulises (Juan Daniel García Treviño) siempre baila como si fuera la última vez. Él forma parte de “Los Terkos”, una pandilla de adolescentes cuya amistad, junto con sus llamativos peinados y vestimentas, está forjada en su amor por las cumbias rebajadas o “kolombias”, como ellos las conocen.

Ulises y sus amigos son conscientes de lo que ocurre en su país, y de manera más específica en su ciudad natal, Monterrey. Saben que al igual que un cáncer, el crimen organizado se ha ido asentando de manera gradual en los lugares que ellos frecuentan y en las calles que han habitado durante toda su vida; razón principal por la que este grupo de “Terkos” evade su realidad en la música y en los pasos de baile que nacen desde su corazón.

Debido a los constantes acosos hacia las pandillas locales por parte del narco, Ulises se ve obligado a dejar el país y viajar hacia Estados Unidos. Una vez asentado en una multicultural ciudad de Nueva York, descubre que la música que tanto le apasiona no solo le sirve para escapar de la realidad, sino también para revivir los recuerdos más valiosos que tiene y que representan a la persona que alguna vez fue.

Oscilando entre presente y pasado al ritmo de las mejores cumbias, Ya no estoy aquí (2019), segundo largometraje de Fernando Frías de la Parra (Rezeta, 2012), narra la odisea de un personaje que, alejado de su hogar, ve cómo todo su mundo y aquello lo que lo define como individuo, poco a poco va desapareciendo. Situada en medio de la dolorosa guerra contra el narcotráfico durante el sexenio de Felipe Calderón, la cinta es una representación proporcionada sobre las enormes riquezas culturales en los sectores de bajos recursos, sobre cómo estas se han ido perdiendo a causa de una violencia cada vez más normalizada, así como por una sociedad en extremo apática

Ulises encarna dicho conflicto al encontrarse en otro país (un lugar totalmente ajeno a él), en su incapacidad de conseguir dinero o un techo bajo el cual descansar, así como en la enorme melancolía que le produce escuchar y bailar “kolombias” en completa soledad. Incluso la compañía de Lin (Angelina Chen), una chica que vive en el edificio donde Ulises se oculta, si bien resulta reconfortante, no le permite hacer a un lado el dolor que siente por haber abandonado su vida.

De manera ágil, el cinefotógrafo Damián García (Güeros, Museo) ubica al protagonista en repetidas ocasiones frente a espejos rotos o de reflejos borrosos para representar su identidad rota, así como en medio de enmarcados naturales que simbolizan la represión y el encierro interno que a la vez sufre.

Haciendo uso de una sensibilidad notable, Ya no estoy aquí es un retrato bien fundamentado sobre los cambios abruptos en la cotidianeidad de algún sitio, y cómo estos influyen en el carácter de una persona. Ulises finalmente entiende que es una persona ausente, que “está sin estar” en realidad, y lo único que hace para reaccionar es seguir bailando, de nuevo, como si fuera la última vez. Bailando, aunque ya no existan razones para hacerlo, bailando incluso cuando la música se haya terminado.

 

 

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