Una maestra y sus alumnos “cuarenteneando”: Voces de sobrevivencia frente a la pandemia Covid-19

Una maestra y sus alumnos “cuarenteneando”:  Voces de sobrevivencia frente a la pandemia Covid-19

La Gualdra 435 / Educación en tiempos de Covid-19

 

 

En esta cuarentena sanitaria docentes y alumnos adolecen de problemas de sobrevivencia, principalmente el miedo al Covid-19. Sin embargo, existen otras dificultades que se han padecido por la falta de coordinación escolar para garantizar la educación social. Tal descoordinación generó la incapacidad de gestión pedagógica para mantener al estudiantado en tareas educativas sustentadas en aprendizajes significativos bajo el nuevo paradigma humanístico (Nueva Escuela Mexicana).

Para nadie es un secreto que la contingencia ha provocado circunstancias desfavorables. En el mes de marzo cuando se anunció la “Jornada Nacional de Sana Distancia” y que la enseñanza-aprendizaje se trasladaba a casa, inmediatamente me cuestioné: ¿es posible aplicar una estrategia de aprendizaje-digital para desarrollar-concluir los procesos formativos?, ¿cómo lograrlo con eficacia si la mayoría de los alumnos(as) son del ámbito rural, trabajan o son padres-madres de familia? Luego, me planteé: ¿es posible operar con eficacia las plataformas e-learning cuando mi práctica docente siempre ha sido “cara a cara”? Ahora, había que no rehuir al nuevo reto digital. Dosifiqué mis programas e indiqué lecturas esenciales para 130 alumnos. Busqué no presionar más de lo necesario, no obstante, las exigencias permanentes de las autoridades educativas por la enseñanza en línea. Estas circunstancias hicieron que la fuerza laboral-docente, confinada en casa, comenzará a gestar sus estrategias educativas a través de las TICs, pero sostenida con los propios recursos de cómputo e internet de maestros y alumnos(as), sin considerar las condiciones económicas y la desigualdad social preexistente. Si en un salón de clases se reproducen las desigualdades (Mclaren, 1994), con mayor razón en un rancho o colonia marginal. De la noche a la mañana, los hogares se convirtieron en espacios del acto pedagógico.

No se consideraron las anomias socio-psicológicas, cuya exacerbación aumentó a raíz del prolongado confinamiento. Según las voces de mis alumnos ellos comenzaron a experimentar estrés-ansiedad, nerviosismo-pánico y problemas de interacción por la falta de comunicación pedagógica en casa, frente a la creciente educación bancaria (Freire, 1970). Otro problema de corte emocional de nuestros niños-jóvenes, se evidencia en el video-viral en redes sociales: una madre violenta al niño para que haga la tarea; a la presión constante por este trabajo, se suma la imposición de contenidos de la “televisión educativa”. Pero dónde quedó el elemento básico del aprendizaje, la relación entre profesor y alumno. La pandemia reivindicó la labor estratégica docente, a pesar de que el mismo maestro vivía ansiedades, miedos, incertidumbres ante el compromiso por el “contrato didáctico” con sus alumnos (Brousseau, 1986).

Las voces de los estudiantes son preocupantes, incluso señalan el suicidio. Fue el caso de una alumna quien reclamaba su “derecho” a dejar de existir. Dichas voces, con la debida protección de identidad, proclaman: “Creía que este año sería incomparable… y estaba muy ansiosa por experimentar nuevos proyectos escolares; creí que conocería un poco más… Pero ‘mierda’ tenía que pasar esto… Ni la tarea puedo hacer a gusto por estar pensando tonterías, ni el ejercicio físico se me antoja hacer en casa; siento grandes ansias y he llorado en esta cuarentena más que por una decepción amorosa o pérdida de una persona querida. He pensado en dejar la casa para no estar bajo las reglas de mis padres; cuarenteneando me siento la peor persona del mundo ni el celular me satisface… y luego, viene la melancolía” (Natacha, 27 de mayo 2020).

Otra voz comentó: “Los maestros tienen que hacer milagros para salvar nuestra formación, son ellos quienes mantienen a los chicos y grandes ocupados mientras a su alrededor prevalece el caos-pánico, como tratar de arrullar a un niño en medio de la guerra; las autoridades educativas aún no logran entender la gran labor que realizan… y los obligan a presionar a sus alumnos, a tener que cubrir programas en condiciones totalmente adversas, solamente para maquillar una realidad escolar… El sistema educativo no está preparado para una verdadera estrategia de educación a distancia; en su intento está arruinando el… progreso que lograron los maestros en el salón de clases, porque no se trabaja en equipo con los padres de familia… [y estos] no saben qué hacer, aunado al estrés que genera la cuarentena. Las cosas no están bien, los padres están preocupados por situaciones económicas, sociales, o incluso intrafamiliares, como para sentarse tranquilamente y encargarse de lo educativo. Estudiantes estresados tratando de aprender algo cuando no tienen… una computadora, internet o simplemente electricidad en casa; niños y jóvenes expuestos… porque no cuentan con ambientes adecuados para estudiar…” (Silvia, 30 de mayo 2020).

Una reflexión final: la educación actual es incapaz de responder a las necesidades formativas para liberación de las conciencias humanas. ¿Cómo formar alumnos críticos y plurales, capaces de resolver problemas comunitarios? No puede existir una praxis transformativa si no se socializa el conocimiento en una comunidad de aprendizaje (Torres, 2004). La pandemia despojó al animal racional y su naturaleza colectiva; humanos deprimidos, encerrados en casa, jamás tendrán la posibilidad aprender-descubrir-construir. Los cambios de paradigmas (Kuhn, 1962) nacen de una comunidad científica, pero lamentablemente estas comunidades, al seno de las universidades, fueron destrozadas por los regímenes neoliberales. Los científicos actuales están alienados por la ideología del mercado y el individualismo. Todo apunta hacia el fracaso. La educación, como la salud humana, están en crisis, ¿será el tiempo de nuevas revoluciones científicas, pues como sabemos, “no hay revolución sin crisis”? Lo contrario significa la involución histórica. Tal vez tenía razón Francis Fukuyama (1992), es el fin de la historia.

 

 

 

*Doctora en Historia-UAZ y Docente-Investigadora-UPN Zacatecas.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_435

 

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