El papel de Hugo López Gatell en la conducción del combate a la pandemia

El papel de Hugo López Gatell en la conducción del combate a la pandemia

Muchas personas en el país siguen con mucho interés las conferencias de prensa vespertinas que todos los días encabeza el subsecretario Hugo López Gatell, y ven con preocupación el trato que recibe dicho funcionario de conductores y comentaristas de los grandes medios de comunicación, así como de los políticos opositores al Gobierno Federal con presencia en las redes sociales. Me han llamado la atención las opiniones publicadas en las redes hace unos días por el Dr. Eudoro Fonseca y miembro frecuente de la númerosa audiencia de las vespertinas, a quien no tengo el gusto de conocer, pero coincido con sus consideraciones, que intentaré resumir en el Péndulo del día de hoy.

Inicia señalando que decidió publicar sus consideraciones motivado por la embestida mediática centrada de manera destacada en la figura y actuación del subsecretario López Gatell, quien desde el mes de enero informó sobre los preparativos del Sector Salud para enfrentar la pandemia que fatalmente llegaría al país, que incluyeron el diseño de un plan de acción para hacer frente a la amenaza sanitaria. Desde entonces, el plan fue presentado en sus líneas generales al público y fueron definidas las estrategias para enfrentar la epidemia, las etapas del proceso y proyecciones de su evolución en el tiempo. Hasta ahora, el comportamiento de la pandemia en lo general ha coincidido con las predicciones científicas.

La conducción de los esfuerzos del sector público para enfrentar la pandemia ha implicado la concertación entre distintas secretarías y niveles de gobierno, no siempre exitosa y hasta conflictiva con algunos estados; un gran esfuerzo de integración y reconversión de todas las áreas e instituciones del sistema nacional de salud y de todos sus servicios: médicos, hospitalarios, de salud mental, de atención al público, información y difusión, etc. Desde el principio, hubo voces críticas que exigian al gobierno la aplicación de estrategias, o partes de ellas, que estaban aplicando en otros países. Sin embargo, hoy ya es evidente que la aplicada en México no fue diseñada ni dirigida por manos improvisadas o incompetentes, sino por equipos científicos de alta especialización y experiencia epidemiológica reconocida incluso por la organización mundial de la salud.

Si juzgamos por los resultados obtenidos hasta ahora, es evidente que los estragos de la pandemia no alcanzan, ni por asomo, la magnitud ni el dramatismo que tuvieron en otros países de mayor desarrollo que el nuestro, como algunos países europeos y los propios Estados Unidos, con todo y sus enormes recursos. Ya no hablemos de países latinoamericanos como Ecuador o Brasil. Aquí en México no hemos tenido muertos insepultos en las calles, ni enfermos atendidos en estacionamientos de centros comerciales, ni la infraestructura hospitalaria ha sido desbordada, ni el sistema nacional de salud ha colapsado. Asumiendo que la pandemia no ha concluido, se puede señalar que existe claridad en el hecho de que ha adquirido rasgos distintos en las distintas regiones y que hoy ya se tienen proyecciones matemáticas que auxilian a las autoridades estatales y regionales a tomar decisiónes sobre las intervenciones que serán necesarias. Estas no son obras de la casualidad ni obedecen a la suerte: algo se ha hecho bien. Debemos reconocer el esfuerzo de previsión y coordinación institucional, el puente aéreo establecido para trasladar a México a equipos médicos y a miles personas varadas en distinos países la contratación de decenas de miles de Médicos, y sobre todo el profesionalismo, vocación de servicio y entrega de miles de trabajadores de la salud y, dígase lo que se diga, la respuesta responsable de una parte muy importante de la población.

Vale la pena destacar que nunca, en circunstancia alguna, la sociedad mexicana había tenido a su disposición tanta información como ahora la tenemos, diaria y puntual, sobre la emergencia sanitaria, la naturaleza de la enfermedad, sus síntomas, medidas adoptadas, canales de atención, aplicaciones, guías, etc. Esto constituye un hecho incuestionable y un hito en nuestra vida democrática, porque la democracia también significa transparencia, acceso a la información y rendición de cuentas. El hecho de que el ciudadano de a pie discuta sobre la aplicación de las pruebas, sobre la pertinencia de los cubrebocas, sobre la estrategia “centinela”, o hable de “la inmunidad del rebaño”, no hace sino refrendar el enorme éxito alcanzado por la política de comunicación sobre estos temas. La centralidad de la figura del Dr. Gatell, su visibilidad y popularidad, el papel tan relevante que ha jugado como vocero del Sector Salud nacional, lo ha puesto en la mira de los muchos y enconados enemigos del presidente. Muchos de los embates en redes y medios nacionales e internacionales en contra del Dr. López Gatell están dictados por la pasión y los intereses políticos más allá del subsecretario. En realidad tratan de desacreditar al gobierno de López Obrador.

Uno de los saldos que deja esta crisis sanitaria, entre muchos otros, es la exhibición pública, como nunca, del bajísimo nivel periodístico, intelectual y ético de algunos reporteros y de sus medios informativos. Su miseria moral. Lo nuevo es justamente esta exhibición pública y patente ante millones de mexicanos.

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