En México somos profundamente racistas y clasistas: Miguel Ángel Aguilar Dorado

En México somos profundamente racistas y clasistas: Miguel Ángel Aguilar Dorado
Miguel Ángel Aguilar Dorado, sociólogo zacatecano y doctorante por la UNAM ■ FOTO: CORTESÍA

■ Explica que el racismo se manifiesta como toda forma de segregación que es negando los espacios, las oportunidades e incluso la propia voz

■ El especialista en Estudios Culturales considera que “somos aporofóbicos, tenemos mucho rechazo a la pobreza”

■ “En este país, hay que ser bien claros, ser blancos es un gran privilegio. Efectivamente la pobreza sí es oscura y el poder y las élites son blancos”

 

El racismo tiene a Estados Unidos ardiendo en un fuego que ha sido avivado con la rabia. La muerte del afroamericano George Floyd acaecida por la brutalidad policial el Minneapolis ha despertado el rechazo internacional hacia esa característica que sigue empañando no solo al vecino del norte, sino a muchas naciones por su reacción hacia las diferentes razas, hacia el otro.

En México, distintas manifestaciones a través de redes sociales se han sumado al repudio de la brutalidad y ataque a la raza afroamericana, sin embargo, otras reacciones han dejado entrever que el racismo interno también existente y es profundo, como se pudo comprobar con algunos comentarios a la noticia de que la actriz Yalitza Aparicio se convertiría en columnista del New York Times. Un racismo contra el que ha levantado la voz también el actor Tenoch Huerta quien, señala además, que muchos lo ignoran o no quieren reconocerlo y lo ven como un tabú.

De acuerdo con el sociólogo zacatecano y doctorante por la UNAM, Miguel Ángel Aguilar Dorado, “habría que ser honesto y decir que en México somos profundamente racistas, pero también somos increíblemente clasistas” y es que a su consideración, una de las atribuciones que se le hacen a la raza es también la de clase, es decir que las características físicas por ejemplo de los miembros de un grupo étnico siempre están empatadas con este factor: “parece cargador, tiene cara de sirvienta”, son cosas comunes que dice la gente pero que en realidad están marcadas por una atribución que tiene que ver con la clase. En resumen, dice, “sí somos súper racistas y somos aporofóbicos, tenemos mucho rechazo a la pobreza”.

Para el estudioso, la apariencia está anclada al prejuicio, sin embargo, resulta interesante que también la genta comienza a falsear lo visible con el uso de algunas prendas para dar otra impresión, el problema es cuando “el pobre sí cumple con el prejuicio de visualidad de la pobreza; es decir, no sólo es pobre, sino que aparenta y parecer ser”, es ahí cuando esta persona, asegura, es doble o triplemente rechazada.

En el caso de la actriz Yalitza Aparicio, a decir de Aguilar Dorado, lo que les enoja es que sea indígena y mujer, que no sea de la clase privilegiada de toda la vida. Y es aquí cuando se demuestra que México es un país “increíblemente racista”, pero en el que el racismo no viene solamente encargado por la raza, sino que viene concatenado con toda clase de prejuicios que se le puedan agregar. “Sí es indígena, por lo tanto es pobre, por lo tanto es ratero, etcétera”.

De acuerdo con el también especialista en Estudios Culturales, el racismo en México se manifiesta como toda forma de segregación que es negando los espacios, las oportunidades e incluso la propia voz. “A los indígenas se les infantiliza muchísimo; se infantiliza a la mujer, a los negros, a los afroamericanos, porque el racista asume que estas personas con las características socialmente atribuidas y físicas, no con capaces de algo, entonces, además ensucian, estorban y ocupa lugares que ‘por derecho propio’ no les pertenecen”.

“En este país, hay que ser bien claros, ser blancos es un gran privilegio. Efectivamente la pobreza sí es oscura y el poder y las élites son blancos. Y eso siempre se va a lo cultural. Las preferencias de las élites son legitimadoras. ¿Desde cuándo el mezcal, el pulque, los tacos de cabeza son caros? Desde que vino la élite legitimadora a decirnos que los productos que ya consumíamos merecían un espacio en la colonia Roma y en las salas de espera de los aeropuertos. Una vez que esto pasó, dejaron el espacio de la segregación para venir a un espacio de bebida y comida que nos identificaba como país”.

Esto, a decir del sociólogo, es otra de las formas narrativas de la discriminación, esa que dice que se rescatan las bebidas de quienes no las sabían apreciar. “Hay una narrativa de soslayar al sujeto en sus propios usos y se legitiman otros” y basta darse una vuelta por las redes sociales como Facebook o Twitter para ver cómo se interactúa con la diferencia, y cómo los llamados “whitexicans” que ahora son muy populares, están siempre observando y juzgando desde el privilegio.

Aguilar Dorado recordó además cómo durante el Calderonato el ejercicio de anclar el prejuicio a la apariencia se acentuó con lo que los zapatistas llamaron el delito de “portación de rostro”, es decir cuando a partir de 2006 y el inicio de la lucha contra el narco, todos los jóvenes, estudiantes, indígenas, cholos, trabajadores, prostitutas y “un montón de gente desprotegida” eran considerados narcos por su apariencia.

Y en este sentido destaca también la importancia del movimiento #YoSoy132, seis años más tarde, porque lo que hizo fue que los estudiantes se legitimaron al mostrar su tarjeta de la Universidad Iberoamericana para demostrar que la visualidad estaba equivocada, ya que manifestaron que eran alumnos y no “porros”, y eran parte de un descontento “blanco”, desde el privilegio, ya que si no hubieran mostrado su credencial, el proceso de visualización hubiera sido el mismo de siempre.

El racismo, según el universitario, lo origina, entre otras cosas, que hay una relación existente, vigente, visible y tangible entre el color de piel, clase y privilegios, cosas que a su consideración, se aprenden desde la infancia y siempre se están reproduciendo y el racista los clasifica: “un negro es pobre, violador y asaltante; y en el caso de un mexicano, es pobre, malo y desagradecido, además de feo, porque también entra lo visual”.

El racismo, reitera, está anclado a un prejuicio, en el que se piensa que las personas de una raza o color diferente no deben ocupar un espacio que no les pertenece, es decir, sí hay una relación directa entre la pigmentocracia y los espacios que se ocupan y advierte que “es terrible pero así es”. Y muchas de las críticas que se le hacen al nuevo gobierno, dice, parten de ahí, del color de piel de quienes están ocupando espacios, además porque el nombre del partido en el gobierno, Morena, hace referencia también a una población que frecuentemente ha sido soslayada en su propio país.

¿Cómo reflexionar este racismo y deconstruirse? El sociólogo señala que se puede lograr en las interacciones cotidianas, en cómo se relaciona con el otro, en hacer a un lado la falsa idea de la superioridad moral que en términos de racismo, explica, está encarnada en el cuerpo y no en conductas y acciones.

Para la deconstrucción, en términos sociológicos, considera que se tendría que entrar en el proceso de “socialización secundaria” y partir de dos formas, que es cuando se incorpora al comportamiento normas y valores de conducta que sirven para relacionarse con los otros y cuestionar si con lo que se ha crecido sirve, lo cual no es sencillo porque muchas ideas siempre han estado ahí, lo que llama la “falsa naturaleza”. Pero cuando se deja de pensar lo natural como político, ya que el racismo es una postura política, se manifestará que los fundamentos desarrollados en cada uno están basados en la nada.

El problema de esta socialización secundaria, concluye Aguilar Dorado, es que necesariamente hay que estar recordando que con lo que se creció y se han dicho que no es natural, sino que es político, por lo que será necesario cambiar la forma en que se entiende y se visualiza el componente legitimador en la conducta de segregación. “Los movimientos indigenistas sí han señalado que lo que tendría que permitirnos hacernos un criterio sobre una persona en particular no es la visualización del propio cuerpo, sino las acciones en su conjunto”.

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