Ante la nueva normalidad, precaución

Ante la nueva normalidad, precaución

Cumplimos más de 70 días del inicio de la Jornada Nacional de Sana Distancia y de las demás medidas sociales orientadas a disminuir la propagación del Covid-19 en México y Zacatecas, estamos ante la inminencia de un periodo que las autoridades de Salud han definido como de “nueva normalidad”.

Apenas en la semana que concluyó fue presentada de manera oficial las estrategias de los distintos órdenes de gobierno que se aplicarán para reabrir de manera gradual, ordenada y prudente las actividades sociales, educativas y económicas dramáticamente interrumpidas por la pandemia, y cuya suspensión despertara comprensibles pero injustificables reacciones de rechazo, dado que lo que estaba –y está– en juego es la salud de toda la población. Desde entonces hasta hoy se debe de insistir en que la etapa que comienza hoy no implica que la ciudadanía recupere su cotidianidad tal y como era antes de la aparición del nuevo coronavirus, sino que dará inicio un proceso imprevisible, porque nadie puede vaticinar cuáles serán los efectos que puede producir la prolongada interrupción de actividades en el país.

La prevalencia del llamado “semáforo rojo” en la mayor parte de la República, salvo en nuestro estado, hace que el ingreso a esta nueva normalidad tenga que realizarse en medio de numerosas precauciones, tanto en el plano de la convivencia como en el de la reanudación de labores, donde el movimiento en las industrias de la construcción, automotriz y minera debe llevarse a cabo poniendo por delante de todo la salud y la integridad de los trabajadores. La actividad educativa está menos presionada, porque en la primera semana de junio habrá un receso magisterial y la vuelta a las aulas se producirá tentativamente en agosto y septiembre, cuando se prevé que haya datos más concluyentes sobre la evolución de la pandemia.

El mayor riesgo de que se vulneren las disposiciones y recomendaciones sobre distanciamiento social, sin embargo, no se encuentra tanto en los niveles institucionales como en el de la vida cotidiana. La necesidad de obtener recursos para la subsistencia, por un lado, y el deseo de acabar prematuramente con la situación de semiaislamiento social por el otro, podrían echar por tierra los esfuerzos de las y los zacatecanos por reducir lo más posible las posibilidades de contagio por Covid-19. Este fin de semana, cuando menos en la zona conurbada, ya se pudo constatar un mayor movimiento de vehículos y de personas que no aplican las medidas de precaución dispuestas para la pandemia, mientras en distintos sectores comerciales es difícil contener la necesidad por reanudar masivamente sus actividades, y difícilmente lo harán tomando las precauciones indispensables.

En este escenario, es de esperar que todas y cada una de las personas que mañana ingresen en la nueva etapa de la pandemia lo hagan –lo hagamos– con la decisión necesaria para restablecer la vida normal de la república, pero también con la prudencia que demanda una situación sanitaria que aún no está enteramente controlada. Todos debemos de cuidarnos.

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