Tiempo de compensación

Tiempo de compensación

La Gualdra 433 / Río de palabras

 

Desde entonces temo los últimos minutos de casi todo.
Rafael Pérez Gay

Por la cabeza de Raúl Márquez, entrenador de la selección mexicana de futbol, pasó el recuerdo de la batalla de Otumba. Quién sabe por qué. Imaginó la fanfarronada de Hernán Cortés gritando una tontería y robando el estandarte mexicano. Vio ondear la bandera americana en palacio de gobierno. Y temió con todo su corazón.

El tiempo oficial del partido había concluido y el árbitro auxiliar levanta la pantalla digital con la que exhibía el número de la agonía. Los tres minutos de compensación. El tiempo chicloso se alarga y se levanta como un monstruo que arrebata lo ganado. Es el boleto de lotería ganador ido porque el pantalón tiene un hoyo en la bolsa. Todo en contra, incluso los propios jugadores. Toda la concentración autoritaria se distorsiona, las piernas fallan, el oído se atrofia. El desorden subvierte las indicaciones precisas y la astucia estratégica. Los botones se cuatropean.

Nada le sale a los seleccionados mexicanos que trompican cometiendo penaltis, faltas desde donde cualquier tiro a portería es un peligro. El portero súbitamente experimenta sudoraciones que le producen una suerte de guantes de mantequilla. Todos estos síntomas pasan en el primer cuarto de minuto, es decir en los primeros quince segundos. Todos los mexicanos, incluyendo el cuerpo técnico tienen algo que contar de los fatídicos últimos momentos de un partido, porque son la otra orilla de la gloria. De aquel lado están los ganadores, de los que penden miles de preseas. Incluso los aficionados saben que aquello va demasiado bien, pero que en los últimos minutos cualquier cosa puede pasar. Hay quienes se tapan los ojos para no ver, quienes se salen del estadio antes del silbatazo final como aves de mal agüero.

El equipo contrario se da cuenta porque adelanta filas asfixiando a los ratones verdes que se sienten chiquitos, espectadores de un presagio que se cumplirá inevitablemente y contra su voluntad. ¿Cuántas oportunidades de tiros a gol se pueden crear en dos minutos?

Cronos devora a sus hijos mientras que la consistencia de los engranes tácticos se desmorona. Gol de último minuto.

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