Las fusiones de las izquierdas y las causas de la cultura política desigual

Las fusiones de las izquierdas y las causas de la cultura política desigual

Hace siete años, el 24 de mayo de 2013, murió Arnoldo Martínez Verdugo, desgraciadamente todavía no ha aparecido el historiador o el politólogo que emprenda un estudio biográfico de Martínez Verdugo, cuyo papel democratizador está en la línea del eurocomunismo impulsado principalmente por Enrico Berlinguer, a quien pudimos escuchar durante la inauguración del XIX Congreso nacional del PCM.

Bajo la dirección de Arnoldo, la izquierda en México inició un proceso de reflexión que la llevó a impulsar decididamente la renovación del socialismo revolucionario y la transición democrática de México. Frente al dogmatismo marxista se hizo la crítica a las intervenciones del ejército de la URSS en Checoslovaquia y Afganistán, así como a los principios del autoritarismo en el mundo comunista: la dictadura del proletariado fue sustituida por el poder obrero democrático y el centralismo democrático por procedimientos participativos para la toma de decisiones. Y frente al nacionalismo revolucionario autoritario, el PCM y los partidos que le sucedieron se convirtieron en la palanca que hizo posible la trancisión gradual del régimen de partido casi único hacia el pluralismo y la alternancia en el poder.

Arnoldo Martínez Verdugo supo abandonar las viejas estructuras del dogmatismo para lograr el registro electoral del PCM (que todavía hoy utiliza el PRD), y convertirse en el candidato a la Presidencia que en 1982 logró convocar a cientos de miles de personas en un gran mitin en el Zócalo; el denominado Zócalo rojo que consolidó la convicción de que el cambio era posible por la vía pacífica. Todavía conservo mi credencial, firmada por Arnoldo en 1976, de militante del partido, y recuerdo la primera vez que participé en una reunión del Comité Central donde el dirigente destacó la importancia de los debates de ideas en las luchas electorales. Gracias a Arnoldo comprendimos que la lucha democrática en México tendría que ser acompañada de principios y propuestas programáticas que reflejaran las aspiraciones de las clases populares, y que para ello la formación política era fundamental.

Visto en perspectiva podemos apreciar la excepcionalidad del proceso que provocó en la izquierda mexicana una mutación democrática. Es evidente que la clave de esta transformación se encuentra en Arnoldo Martínez Verdugo, el líder político que, desde la estructura burocrática del PCM logró provocar un giro extraordinario en las distintas expresiones de la izquierda, encabezando una década de debates intensos y fusiones sucesivas para formar el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), el Partido Mexicano Socialista (PMS) y continuó en 1988 con la integración del Frente Democrático Nacional, que respaldó la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas, culminando en 1989 con la constitución del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Debido a ello, cuando el PRI se fracturó en 1987, la corriente encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas encontró en la izquierda independiente buenas condiciones para desarrollarse, en especial una cultura política que ha sido condición fundamental para mantener la competitividad electoral que hoy se expresa en Morena.

Es muy importante destacar el hecho de que los intensos debates, primero entre las distintas izquierdas y después con el cardenismo (nacionalismo revolucionario), propiciaron la claridad política necesaria para determinar que el propósito fundamental de las izquierdas unidas sería la derrota del grupo neoliberal que condujo al país desde 1982 y el cambio hacia un neo keynesianismo. Eso estaba claro desde la fundación del PRD y eso está claro hoy en Morena. Lamentablemente, la cultura política del país ha sido victima del hecho de que tanto el PRI como el PAN fueron conducidos gradualmente hacia el cogobierno neoliberal desde 1982, sin llevar a cabo un debate franco y claro con la participación de sus militancias, de manera que imperceptiblemente ambos partidos perdieron su esencia: el PRI dejó de ser nacionalista revolucionario y el PAN dejó de referirse a la doctrina socialcristiana. Ambos completaron su tránsito al neoliberalismo cuando firmaron el Pacto por México en diciembre de 2012 al inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto, pero la mayoría de sus bases no tienen claridad sobre sus propuestas alrededor de los grandes problemas del país.

Esa es la razón de que las distintas oposiciones recurran frecuentemente a los insultos contra el Presidente de la República, a la deformación de sus expresiones verbales y escritas, o a las mentiras más descabelladas como la de que AMLO y Morena llevan al país al comunismo estatista, sin considerar que esa modalidad desapareció junto con la URSS hace ya tres décadas. La propuesta del actual líder del partido de que el INEGI midiera la riqueza patrimonial en México, cuestión que ocurre en la mayor parte de los países, fue manipulada para difundir con alarma que el gobierno allanaría los domicilios. O el caso del saludo en 8 segundos de AMLO con la madre del “Chapo Guzmán” en un evento público con decenas de testigos, fue convertido en la prueba de un acuerdo del Presidente con el cártel de Sinaloa, sin considerar que esa afirmación queda desmentida con el congelamiento de las cuentas bancarias de esa organización por parte de la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP.

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