La amante de Gardel

La amante de Gardel

Por diversión, sí claro, cada mañana reviso el Twitter para leer mi horóscopo: al parecer, habrá una sorpresa. Voy al café de la esquina y el mesero, sonriente (bastante socarrón si me preguntan), me dice que si lo mismo y le digo que sí: café bien cargado y sin azúcar, acompañado de una rebanada de pastel de zanahoria. Abro la aplicación de Kindle en mi teléfono móvil y veo mi biblioteca virtual: Fe en disfraz, La amante de Gardel, La paradoja de los estoicos, Dominando el Youtube (¡¿en qué momento lo compré?!), Silencio y Cinco escritos morales. En la mesa de la izquierda, hay un señor, quizás septuagenario, leyendo la obra completa de Julio Torri; en la de la derecha, unas mujeres conversan sobre diversos temas para estar al día; y la del frente un joven mira consternado su teléfono celular. Elijo el segundo libro y, al abrirlo, me doy cuenta que estoy por terminarlo: honestamente, nunca me he tomado el tiempo para escuchar con calma a Gardel, lo conozco más por referencias de otros y, aunque suene un tanto extraño, por cultura popular o general: es probable que sea colgado de una oreja, como la ocasión en donde me preguntaron mi opinión sobre el Premio Nobel a Bob Dylan: Svetlana Aleksiévich y Leonard Cohen, si me preguntan, me parecen más interesante.

La amante de Gardel (Planeta: 2015), de la puertorriqueña Mayra Santos-Febres, narra el romance entre Micaela Thorné, una mujer negra descendiente de mujeres curandera, y el artista Carlos Gardel. Es una novela breve, que tiene tantas etiquetas sobre su género que prefiero omitir, pues muchas de ellas han sido puestas de manera despreocupada y, muchas veces, descuidadas —al llamarle de tal modo, el lector se construye una idea. Por ello, a falta de un buen vocablo que proporcione tanto certeza como sorpresa, le llamo novela híbrida, pues tiene en su haber elementos de novela rosa o romántico, históricos y socioculturales (en el sentido de los cuadros tan bellos sobre las curandera negras). Lo interesante del texto no es tanto el amorío del artista, sino la propia amante, quien busca definirse a sí misma en el Puerto Rico de los años 30’s del siglo pasado.

¿No se cansa al leerlo en su teléfono?, me pregunta el chico y le respondo que, a estas alturas, me acostumbré a leerlos en este formato: aunque, la verdad, prefiero el olor de los libros. Comprendo, hace años que no leo un libro, me dice: creo que está exagerando, muchos suelen hacerlo, ¡¿falsa modestia?!, muchos. Esta novela, le digo, es particularmente interesante, es la primera que leo sobre afrodescendientes latinoamericanos: leí algunas estadounidenses. El mesero me mira y me disculpo: me da la impresión de que aburro a las personas: solo sé de literatura, en particular sobre el virreinato. Quiero escuchar, me dice. Le cuento sobre Mayra Santos-Febres: es tanto académica como escritora, es la primera vez que le leo: tuve la fortuna, o el azar, de escucharla en una charla en Yucatán, justo hablaba sobre la literatura del Caribe y la escrita por mujeres afrodescendientes; no recuerdo mucho sobre la conversación, por desgracia la memoria es caprichosa. No tiene importancia, me dice y, en efecto, así es, lo que sí es saber que estuvo ahí. Ahora, pues, la novela presenta, le digo los detalles que ya saben, además ésta es una de mujeres en distintos niveles, desde los personajes hasta el proyecto presentado, pasando por la misma autora. Quiero decir, hay distintas figuras de mujeres claves que se van presentando: las curanderas, una sabia y modesta, a falta de un vocablo mejor, y la otra egoísta y aprovechada; la amante, en sus distintas variantes que tienen puntos de contacto, de hombres desconocidos y olvidables y con el conocido que olvida a sus mujeres, amantes de una noche o ya relaciones más estables; y la investigadora con ganas de comerse al mundo, ofrecer nuevos resultados a costa de los demás, mediante la manipulación y la mentira.

La abuela de mi novia era curandera, me dice el mesero cuando le platico sobre la novela, aunque no estoy seguro qué tipo de curaciones o limpias hace, quizás hace el típico huevo.

Lo desconozco, le respondo, siempre me ha llamado la atención las curanderas, de ahí que la historia de Gardel y su enfermedad no me interesan mucho: ellas son sabias en las yerbas, sus propiedades y la cercanía que tienen con la naturaleza y la tierra, quiero creer que ellas han sido, como las parteras, las voces de los conocimientos, no estoy seguro si médicos o científicos, no me atrevería a decirlo, sería reducirlas a un mundo que tal vez no les corresponde. En esta novela, por ejemplo, las mujeres juegan un papel importante, aunque también problematiza el choque entre la medicina tradicional y la contemporánea, aunque habría sido interesante que profundizara sobre la materia.

Siempre he creído que, de algún modo, la herbolaria y la medicina actual se relacionan. Tienen caminos distintos, pero ¿no crees que la autora tuvo otros objetivos con su novela? No le exijas lo que no tiene.

Es correcto, me entrega el café y se retira, nunca lo había visto de ese modo. ■

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