Sloterdijk: Estrés y libertad

Sloterdijk: Estrés y libertad

Me gusta la desfachatez de su imagen. Un poco como de pordiosero a punto de dar las últimas bajo un puente de la colonia Guerrero en la Ciudad de México. Y tampoco es que sea tan original si nos referimos a la imagen de muchos filósofos contemporáneos. En ocasiones he llegado a pensar que se imitan, que es una imagen que les imponen desde la academia, es como si les dijeran que si no se dejan la barba a lo ZZ Top o usan “lentotes” de pasta no pueden ser académicos, en el caso de los hombres; con las mujeres ocurre que visten horroroso, folclórico, patrióticas, no saben combinar o lo hacen peor que la Kahlo, y algunas, además, se dejan el bigote, no sé.

Pero él agrega su toque. Tal vez es su mirada. A mí siempre se me ha hecho como una de esas miradas que mandan el mundo muy lejos. Son de esas miradas que solo un hombre como él podría lanzar cuando en el terrorífico horizonte occidental ves explotar la última de las bombas nucleares. Y con ellas cualquier resquicio de pensamiento.

Antes de entrar en “Estrés y libertad” (Ediciones Godot 2019) quiero aterrizar en una entrevista que Peter Sloterdijk da para el periódico español “El País”. La entrevista es muy buena, de esas que te quieres llevar recortada para meterla abajo del colchón y de vez en cuando volverla a leer y subrayar con un marcador las partes más importantes. De hecho, si dan con ella fíjense en la fotografía. Ya está. Admiren cómo explota la última de las bombas.

“La vida actual no invita a pensar”. Es la cabeza que el que hizo la entrevista o su editor escogieron para el texto. Muy afortunado, ¿no les parece? Van algunas pistas del por qué yo lo considero así.

La obra de Sloterdijk está hecha precisamente para eso: para pensar. Y más que ser un autor anodino de esos que te duermen con soporíferas teorías de soporíferos teóricos alemanes o rusos, Sloterdijk mezcla la narrativa, el conocimiento, la filosofía y grandes lecciones que se dan pero sin ser lecciones, es decir, sin ser lecciones de esas que te da el maestro frente al pizarrón luego de ponerte las orejas de cartón de burro. Sloterdijk no “da” las grandes lecciones; las “sugiere”, te “indica” las vías, las “señala”, y “Estrés y libertad” no es la excepción.

Hasta antes de leer a Sloterdijk a mí Jean- Jacques Rousseau se me hacía un anciano afeminado que olía a creolina y que caminaba de manera dificultosa, sosteniéndose de un bastón, por un iluminado pasillo donde había ancianos afeminados igual que él. Felices, se entiende.

Sin embargo, Sloterdijk nos cuenta una hermosa anécdota: octubre de 1765 para ser exactos. Nos dice Peter que Rousseau ya era para entonces toda una celebridad europea. Agreguemos nosotros: todo un “best seller”, pues tan solo de Julia o la nueva Eloísa (1761) había tenido lo que actualmente desearía cualquier escritor: más de noventa ediciones hasta 1800. Señala Sloterdijk “que en términos más contemporáneos, Rousseau había pasado de ser famoso a ser una súper estrella” (¿se dan cuenta cómo juega Sloterdijk con la atemporalidad de la espectacularidad literaria?).

En fin, por distintas circunstancias, Rousseau, a quien Sloterdijk ya ha señalado como el héroe de esta historia, llega a una isla casi deshabitada. Pasan algunos días. Hacemos un corte temporal que Sloterdijk desarrolla en “Estrés y libertad” y llegamos al punto que nos interesa: una hermosa declaración de Rousseau respecto a la libertad. Al menos a la “libertad” que él en esos momentos experimenta. No olviden las comillas, por favor. No sólo eso: Sloterdijk nos explica que en estas palabras aparece, nada más y nada menos, el concepto del individuo moderno. Y a partir de aquí es que Sloterdijk introduce el planteamiento de libertad para, posteriormente, asociarla con el estrés de las sociedades contemporáneas. ¿Les parece una locura? No lo es. Yo por lo pronto le pedí disculpas a Rousseau, le quité un poco lo afeminado (¡es que con esas pelucas!) y disfruté de “Estrés y libertad” (Ediciones Godot 2019), una lectura que, además, se lee no de una sentada, que eso ya es mucho, pongamos de media sentada, sentada y media, lo que dura un exprés, algo raro en un autor como Sloterdijk, cuyos libros por lo regular son demasiado voluminosos y costosos, algo que no ocurre con “Estrés y libertad”.

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