El INE y la democracia

El INE y la democracia

México no siempre ha sido un país democrático y desde su nacimiento como tal, la democracia ha sufrido importantes cambios derivados de reformas o modificaciones a la Constitución y a las leyes en materia electoral, de igual forma, las herramientas y estrategias implementadas por nuestros actores políticos y por nuestros representantes populares con el objetivo de lograr una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones, han consolidado o en algunos casos debilitado nuestra democracia.

La democracia resulta un sistema político bajo el cuál un país mantiene su sistema de gobierno y la relación con los ciudadanos respecto a la toma de decisiones. Nuestro país optó desde la constitución de 1824 por un modelo democrático representativo, sin embargo, hemos atravesado modelos diversos disfrazados de democráticos, el gobierno de Porfirio Díaz podría configurar en varios modelos como una oligarquía que gobernó durante años o bien como una dictadura por la falta de una democracia real.

Desde el Constituyente de 1824 se buscaba que los ciudadanos eligieran a sus representantes una vez que se logró la independencia de México de la Nueva España, no fue hasta la Constitución de 1917 que se consideró a toda la población como ciudadana, pues en constituciones previas solamente tenían derecho a participar en la toma de desiciones a través del voto los dueños de las tierras y quienes contaban con estudios. Para la Constitución, resultado de la Revolución Mexicana, se consolida la ciudadanía como una condición de todos los mexicanos.

Durante 73 años fuimos gobernados por una oligarquía disfrazada de democracia, el PRI pasó la Estafeta del gobierno entre sus mismos candidatos hasta verse en la necesidad de disimular una transición política al brindar el triunfo a Vicente Fox y al pan durante doce años. Durante años las elecciones fueron vigiladas y organizadas por el Gobierno de la República en turno y su Secretaría de Gobernación, tras el fraude electoral conocido como “La caída del Sistema” con la que robaron el triunfo electoral al entonces candidato de las izquierdas Cuauhtémoc Cárdenas y entregaron el mismo a Carlos Salinas de Gortari, se vieron obligados a crear un instituto que en futuras elecciones coordinara y operara las elecciones en México.

El Instituto Nacional Electoral (INE) como hoy lo conocemos, nació en el año 1990 con las facultades de declarar la validez de las elecciones de diputados y senadores, expedir las constancias de mayoría y establecer los topes de campaña. El surgimiento de dicha institución modificó para siempre la vida política y democrática del país.

Las reformas a las que se ha visto sometida dicha institución han modificado, no solamente el concepto de ciudadanía, si no la forma en que los ciudadanos la ejercen. Durante años esta institución fue controlada por los partidos mayoritarios y por el Presidente mismo, la designación de sus consejeros hoy en día depende del Congreso Federal, mismo que ha designado durante los últimos años a personajes afines a las cúpulas, basta con revisar el proceso por el que se ha designado al actual Consejero Presidente de dicha Institución (Lorenzo Córdova).

Para que México avance en cuanto al fortalecimiento y consolidación de la Democracia, se requiere de mecanismos que aporten a la participación ciudadana, el triunfo electoral de un proyecto que tiene como objetivo la transformación del país no tendría fin si no se logra transformar la forma en que los ciudadanos se involucran en la toma de decisiones. Para ello se requiere que se analice a profundidad al Instituto encargado de las elecciones en nuestro país.

El INE requiere de cambios al interior del mismo, las altas percepciones y las bolsas de dinero destinadas a lujos y beneficios de los consejeros, los miles de millones desperdiciados en elecciones fraudulentas y los miles de millones de pesos que nos cuestan los partidos políticos deben desaparecer, para que los mexicanos tengamos un sistema de partidos que arroje candidatos honorables, preparados y comprometidos con las causas sociales y no con las causas personales y de grupos, es necesario modificar nuestras leyes en materia electoral.

Las leyes ya estipulan candados para evitar que existan candidatos financiados por el crimen organizado, para evitar la comisión de delitos electorales como aún siguen presentándose mediante la compra de voluntades y uso de recursos públicos para beneficiar candidatos, sin embargo, no han dejado de presentarse.

El INE requiere de una transformación al interior y en la cúpula para que de una vez por todas se convierta en una verdadera herramienta vigilante y representante de la Soberanía Nacional.

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