Los retos de Ramírez Cuéllar en la dirección nacional de Morena

Los retos de Ramírez Cuéllar en la dirección nacional de Morena

Con la ratificación del zacatecano Ramírez Cuéllar en la dirigencia nacional de Morena, se marca un inicio: la formación misma del partido que ahora tiene la Presidencia de la República en sus manos. Se trata de la ‘formación del partido’ porque desde su origen se generó una estructura que tenía una misión casi única: ganar la Presidencia. Pero una vez lograda esa meta, ahora debe pensarse en (al menos) cinco metas: (1) establecer una clara línea programática, los criterios en las bancadas legislativas federales, los gobiernos intermedios y locales, no tienen horizontes claros de la marca del gobierno de Morena. Hay casos donde senadores, diputados y gobernadores actúan bajo una línea que dista mucho de la izquierda que los llevó al poder. Este año debe configurarse una agenda legislativa con temas esenciales, como la modificación de la Ley Minera, la posición sobre el Presupuesto Progresivo, el tema urgente del medio ambiente y, claro está, la política de seguridad junto a la política de drogas en México. Hasta ahora no hay criterios que emerjan desde la instancia partidaria. En función de esa agenda, es que debe pensarse en los perfiles de las candidaturas para los próximos procesos electorales.

Otra tarea es (2) la Formación política de los militantes. En la planilla de Ramírez está contemplado Enrique Dussel, lo cual genera entusiasmo a los militantes que quieren que el partido sea un ámbito de formación de cuadros y no sólo una agencia de colocación. Sin formación política y sin debate interno de corte ideológico, Morena puede ser una tablita de promoción de militantes que prediquen el Neoliberalismo (en ocasiones sin saberlo) o continúen los vicios que el excesivo pragmatismo ha traído a todo el sistema de partidos. Otra meta es (3) crear la vida orgánica interna: hasta el momento el partido está detenido o congelado. La elección de sus representaciones, la constitución de asambleas deliberativas, el compromiso con los procesos sociales de diversos tipos, desde la lucha feminista hasta el tema indígena. Y claro está, los criterios y procedimientos democráticos para la selección de candidatos. Junto a eso, (4) se debe establecer la relación del partido con los movimientos sociales; recordemos que Morena fue concebido como ‘partido-movimiento’. En tiempos electorales, evidentemente, tiene que comportarse como partido, pero en tiempos no-electorales, debe acompañar procesos sociales que estén en su línea política.

Finalmente, (5) Morena debe establecer claramente la relación compleja con el Gobierno Federal. La actitud de origen debe ser de apoyo al gobierno que salió de sus entrañas; sin embargo, también debe tener una sana distancia para no convertirse en un partido de Estado que tanto dañó en el pasado a México. Y en esa distancia, poder hacer iniciativas legislativas o programas específicos en gobiernos locales, con independencia del Gobierno Federal. Si Morena no logra tener una identidad propia, no sobrevivirá mucho tiempo. En suma, la tarea que tiene a cuestas el paisano Ramírez Cuéllar es ardua y vital para el futuro del partido que prometió ser la esperanza de México. Veremos qué ocurre.

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