El avión y los empresarios: los símbolos de AMLO

El avión y los empresarios: los símbolos de AMLO

Niños abriendo sus alcancías, mujeres empeñando sus joyas, y campesinos llevando chivos y gallinas hicieron ver a las potencias de los 30 que si decidían combatir la expropiación petrolera se toparían con un pueblo digno y en pie de lucha.

Ese gesto popular tiene hoy a la luz de la historia, un cariz más simbólico que práctico.

De eso se trata la política, de eso se trata la historia.

López Obrador el candidato hizo de ese “avión que no tenía ni Obama” el ícono más importante de su discurso contra la corrupción. Lo repetía de pueblo en pueblo, contagiaba el coraje, y le servía para desmentir eso de que no había dinero para la política social que impulsaba, sino que se gastaba en frivolidades como el famoso avión equipado como palacio.

López Obrador presidente no puede actuar de otra manera, y el avión presidencial tiene que servir para objetivos colectivos congruentes con el discurso.

Lo simbólico impide pues que el avión sea utilizado por el presidente, y lo práctico, o mejor dicho lo impráctico del mismo (requiere volarse en distancias grandes, tiene capacidad para más de cien personas, requiere hangares espaciosos, etcétera) hacen imposible su venta.

López Obrador ha construido su carrera política de esos simbolismos.

Cuando los grandes partidos nacionales tenían millonario financiamiento público, Morena se articulaba sin prerrogativas y sin certidumbre. Mientras los operadores tradicionales acostumbraban recibir dinero, los de Morena -al menos una parte- ponían de su bolsillo. (Así fueron los inicios del PRI, del PAN, del PRD, pero esos inicios son tan lejanos, y hace tanto que se sostienen de financiamiento público, que pocos lo recuerdan ya).

Ahora como gobierno toca demostrar que “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. Por eso Los Pinos no pueden ser residencia oficial sine recinto cultural, y la casa de Zhenli Ye Gon debe servir para becar a los deportistas.

Es un mensaje para las mayorías, para los de abajo, para los que pueden entender la importancia del Instituto para devolverle al pueblo lo robado, y desconocen la labor del Servicio de administración y enajenación de bienes.

En ese contexto, el llamado a empresarios a comprar billetes de la Lotería Nacional para la rifa con temática del avión presidencial, no es más que un capítulo más de la idea impulsada por el presidente que bien pudiera resumirse en dos frases “por el bien de todos primeros los pobres” o “solo el pueblo puede salvar al pueblo.”

A la cena donde se hizo el llamado invitaron a 150 empresarios, y la mitad accedió a adquirir boletos que podrán usar como gusten: repartiéndolos entre trabajadores, para promociones, o bien, donarlos para distribuirse en comunidades indígenas donde difícilmente se adquirirían de otro modo.

Algunos compararon este gesto con el “pase de charola” de Carlos Salinas De Gortari. No obstante, se omite la diferencia esencial: aquella acción fue hecha en “lo oscurito”, de forma confidencial y con el silencio de los empresarios participantes, y no de forma pública y anunciada por el propio presidente como en esta ocasión. De igual manera, en aquel entonces los fines eran financiar la campaña de Luis Donaldo Colosio, justo la antítesis de lo que hoy -errada o acertadamente- se intenta comunicar.

Con más o menor tacto, la misma estrategia se usa a nivel local. Se pide a la iniciativa privada que patrocine ferias y fiestas, que done espacios deportivos, juguetes o dulces, y hasta que pague los regalos de los trabajadores de las posadas de las secretarías.

Se podría argumentar utilidad pública, o que es un impuesto en especie. También se podría argumentar fácilmente en la contraparte, como falta de institucionalidad que puede propiciar corrupción o cuando menos expectativas de ella.

Todo ello aplica al caso en cuestión, pero más que eso, una vez más solicitar a los empresarios comprar (y no simplemente donar, y colocarse una medalla) boletos para la lotería Nacional encierra nuevamente el simbolismo de haber cambiado la ecuación:

No es ya el poder político sujeto al Económico, sino al revés. El mango de la sartén ha cambiado de lado. ■

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