Violencia: ¿Hasta cuándo?

Violencia: ¿Hasta cuándo?

Uno de los más caros anhelos de los mexicanos, vivir en un país en paz, sigue sin cumplirse, a pesar de que, con ese objetivo, votaron masivamente a favor de quien se creyó, sería capaz de frenar la violencia.

Transcurrido poco más de un año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el desencanto se esparce ante una lacerante y arrasadora realidad: la violencia y la criminalidad en general crecen día a día y los cárteles de las drogas, lejos de debilitarse, se ven más fuertes, belicosos e impunes.

El lema, que no puede llamarse estrategia, de “abrazos, no balazos” ha sido un lamentable fracaso. Así lo evidencian las cifras del crimen correspondientes al año pasado.

En 1919 hubo casi 95 homicidios dolosos por día. El total anual llegó a 35 mil 588 asesinatos, cuando en 2018, el último año del gobierno de Enrique Peña Nieto, la cifra ascendió a 33 mil 669 homicidios, mil 919 menos. El año pasado fue el más sangriento desde 2000, cuando comenzó ese registro.

Según las estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, fueron 10 estados los que concentraron 65% de los expedientes de homicidios: Estado de México, 337 mil 906; la Ciudad de México, 242 mil 850; Jalisco, 156 mil 653; Guanajuato, 137 mil 658 y Baja California, 104 mil 11 asesinatos.

Según su densidad de población, los estados más violentos fueron Colima, donde por cada 100 mil habitantes hubo 8.9 víctimas de homicidio doloso. Le siguieron Baja California, con 5.5 y Guanajuato, con 5.3. En el país, con 127 millones de habitantes, la tasa de homicidios fue de 27 por cada 100 mil habitantes, una cifra que nos coloca entre las naciones más violentas del mundo.

El desglose del informe de la Secretaría de Seguridad Publica arroja más datos preocupantes. Los feminicidios pasaron de 912 en 2018 a mil seis en 2019 y los secuestros de mil 559 en 2018 a mil 614 el año pasado. Las extorsiones registraron un incremento de 29% al llegar a 8 mil 523 víctimas. La trata de personas aumentó 12.6% con 644 víctimas en 2019.

Uno de los efectos más perniciosos es que la barbarie, cifrada en las estadísticas, se ha convertido en los medios de comunicación una abrumadora cotidianidad de la que la población solo se consterna cuando suceden matanzas como la del 4 de febrero en Uruapan, donde en un recinto de videojuegos y “maquinitas” tragamonedas fueron sacrificadas nueve personas por un comando que, con armas de uso exclusivo del Ejército, abrió fuego indiscriminadamente, produciendo además dos heridos.

El hecho de que, entre las nueve víctimas, cuatro fueran menores de edad de 12, 13, 14 y 17 años, fue lo más impactante para una sociedad que ya poco se conmueve ante los diarios reportes de asesinatos, porque la violencia se ha extendido por todo el territorio nacional y ciudades que relativamente estaban fuera del mapa de la criminalidad, ahora están sumadas al negro conteo del crimen organizado.

Después de más de 12 años en los que los cárteles de la mafia se enfrentan a las fuerzas del Estado, los mexicanos hemos caído en una aparente indiferencia, solo estremecida cuando suceden matanzas como la de Uruapan y otras más ocurridas esta misma semana. Incluso, Zacatecas no está exenta de sucesos letales.

La indiferencia de la sociedad, sin embargo, solo es aparente, porque en la realidad está acompañada de una indignación que reclama y exige acciones efectivas contra quienes nos han robado la tranquilidad y cercenando vidas.

Lo más inquietante es la indiferencia de la que hace gala el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien aun conociendo la gravedad de los hechos, persiste en una estrategia que solo dará resultados a largo plazo. Mientras, ¿cuántos millares más de muertes habremos de sobrellevar en el día a día?

Combatir a los delincuentes de cuello blanco no está mal, pero a esa persecución debe sumarse una estrategia que frene los homicidios y finalice la impunidad. La economía, debería valorarlo el Presidente López Obrador, también pesa bastante, pues en 2018 significó pérdidas por 5.1 billones de pesos, equivalentes al 24% el Producto Interno Bruto nacional.

Persistir en la política de “abrazos, no balazos” es ofensivo a la inteligencia nacional. Urgen cambios y así debe entenderlo Andrés Manuel López Obrador, si no, será tan culpable como los ex presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Que AMLO no se engañe ni siga engañándonos.

*Titular de la Coordinación Estatal de Planeación.

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