Poesía a campo traviesa: Raúl García Rodríguez

Poesía a campo traviesa: Raúl García Rodríguez
Raúl García Rodríguez. Foto de Alejandro Ortega Neri.

La Gualdra 417 / Entrevistas / Poesía

 

Raúl García Rodríguez (Zacatecas, Zacatecas, 1981). Poeta y periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Filosofía e Historia de las Ideas. Autor de tres libros de poesía: De Cuerpo Presente (2015); Hemeroteca (Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada, 2018); Mochila de princesas (Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde, 2019). Desde el año 2005 ha fungido como periodista cultural en diversos medios de comunicación de Zacatecas. Acreedor al Premio Estatal de Periodismo Cultural Juan Ignacio María de Castorena, que otorga la Asociación de Cronistas de Zacatecas y el Gobierno del mismo estado. Asistió al taller de poesía del Instituto Zacatecano de Cultura, bajo la coordinación de Javier Acosta, del 2011 al 2014. Obtuvo el tercer lugar en el Segundo Premio Nacional de Ensayo 2011, organizado por el Instituto de Desarrollo Artesanal de Zacatecas. Raúl García Rodríguez une dos superficies latentes: lo cotidiano y el lenguaje poético. Su búsqueda se divide en campos donde atraviesan sus preguntas de forma genuina, hurgando y quemándose al mismo tiempo, donde el punto de encuentro es un poema de azar. Su obra inquietante, se une a la tradición de poetas zacatecanos que experimentan, sin olvidar, la composición multifactorial de los hechos y sus circunstancias, como parte del mismo fuego.

Armando Salgado: ¿Qué significa para ti ser zacatecano, haberte formado en sus escuelas y laborar actualmente entre sus calles para llevar día a día, un trozo de realidad, a través de tus textos periodísticos?, ¿qué representa para ti ser parte de la lista de autores que han obtenido el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2019?

Raúl García Rodríguez: Significa mucho haber recibido un reconocimiento tan importante, prácticamente sin salir de casa. El periódico donde trabajo está a unos pasos del hospital del Seguro Social donde nací, y no muy lejos, a sólo cinco minutos caminando por la alameda, está la rectoría de la Universidad en la que he estudiado y que me otorgó el premio que mencionas. Este recorrido breve y acostumbrado nunca es el mismo; es familiar, pero nunca se repite. Es como el cambiante río de Heráclito. Borges dijo que el periodismo se basa en la creencia de que todos los días sucede algo nuevo; de allí el trozo de realidad novedosa y cambiante de las muchas noticias que he escrito, de allí también el material para mis poemas: el oxímoron del día a día visto como noticia antigua o como una novedad permanente.

Hablando de la larga lista de ganadores del Premio López Velarde, me gustaría referirme a la menos larga lista de ganadores zacatecanos: tres fueron mis compañeros en un taller de poesía; uno más, Javier Acosta, fue nuestro maestro en dicho taller. Sobre esa coincidencia quiero decir que obtener el premio, además de ser uno de los honores más grandes, es una razón para creer en el destino.

AS: Como lector, ¿qué consideras primordial en un poema? A la hora de escribir, ¿cómo organizas tus procesos? ¿Crees que la poesía es para las minorías o contrario a esto, crees que exista un posible conector entre lo poético y lo cotidiano, dentro de cualquier persona?

RGR: Lo primordial del poema, creo, es el germen mismo del poema. El germen de la mayoría de mis poemas está en la calle: en una conversación, en la portada de una revista, en un maniquí desnudo viendo desde su aparador una marcha de mineros sindicalizados. Entonces surge la necesidad de escribir el primer verso con una idea vaga de lo que serán los versos siguientes. Pienso que ese impulso se parece al del fotógrafo que se apresura a sacar su cámara ante una visión que lo amerita: hay sorpresa, no premeditación. Esto puede ocurrir en cualquier hora del día, esa es una pequeña similitud entre la labor del poeta y del periodista: no tiene un horario definido. Si así inicia mi proceso, si mi inspiración surge en la calle, mi poesía no puede alejarse mucho de lo cotidiano. Por otro lado veo que la poesía actualmente es un hábito de las minorías, pero no debería ser así, por eso busco ese conector entre lo poético y lo cotidiano del que hablas y en el que siempre he creído.

AS: Publicaste Hemeroteca (UAEM, 2018, Premio internacional de poesía Gilberto Owen Estrada 2017-2018), que combina lo cotidiano con el lenguaje poético. Su estructura plástica expone una narrativa versificada y aborda distintos lindes que posibilitan una polifonía social. ¿Cómo lo planeaste?, ¿tiene alguna relación con tu poemario inédito “Mochila de princesas”, o son poéticas disímiles?

RGR: Justo estoy a media lectura de El mito del eterno retorno de Mircea Eliade, ensayo que defiende la idea de que los hombres de todas las culturas somos “ahistóricos”, que por naturaleza olvidamos los hechos concretos -nombres, lugares, fechas- para sustituirlos por mitos que evaden la caducidad de la memoria. Los hechos efímeros se borran, pero lo que permanece son los mitos con sus rituales que, a su vez, son como relecturas que combaten el olvido. El libro, la literatura, la poesía, son memoria; mientras que el periódico, la noticia y su historiografía están condenados al olvido; el texto de un diario no está destinado a la relectura, sino a ser sustituido rápidamente por el siguiente. Debo confesar que me cuesta trabajo recordar una crónica que pude haber escrito anteayer.
Mis poemas suelen encontrar su inspiración en los hechos concretos, pero al versificarlos, al buscar un atisbo poético en el acontecimiento mundano, trato de despojarlos de su caducidad. Todo esto no fue premeditado; así ocurrió con mi libro Hemeroteca que está conformado por poemas abiertamente noticiosos, y algo similar, aunque no ya de forma tan explícita, con Mochila de princesas que también habla de fenómenos familiares y cotidianos.

AS: Tu formación en ciencias de la comunicación, así como el posgrado que realizaste en filosofía e historia de las ideas, ¿influyen de algún modo en tu manera de hacer poesía?, ¿cómo separas la visión académica de la creativa?, ¿qué otros textos nos recomiendas leer para acercarnos a tus costas personales?
RGR: Mis primeros poemas eran demasiado filosóficos o demasiado expositivos, según las valiosas críticas que me hacían mis compañeros del taller de poesía. Tal vez ello era un reflejo de mi formación como comunicólogo y como filósofo. Creo que lo escrito por todo poeta no puede salir de otro lugar que no sean sus vivencias personales, tanto las directamente experimentadas -en carne propia- como las vivencias indirectas: libros, anécdotas ajenas, las obsesiones de un maestro o el noticiero nocturno, por eso es muy difícil encontrar la forma de hacer prevalecer lo poético por encima de la información académica o de las ideas filosóficas que suscribo. El poema es bueno en la medida en que está libre, o parece estar libre, de las ideas o de las intenciones personales del poeta. El equilibrio entre forma y fondo de Borges, el sobrecogimiento en lo habitual que expresan los poetas Billy Collins y Charles Simic, son algunas de mis lecturas definitivas de los últimos años y que, sin lugar a dudas, fueron inspiración de mis libros recientes.

AS: Ante la ebullición global, la consternación social por una violencia que parece incurable frente a la corrupción y la violencia de género, ¿qué alternativas consideras fundamentales en la toma diaria de decisiones?, ¿qué papel juega el arte, la cultura y la educación frente a estas realidades fluctuantes?

RGR: El mes pasado, cuando se dio a conocer que se me otorgaría el Premio López Velarde, en varias entrevistas mis colegas periodistas me preguntaron algo que se parece a una de tus preguntas: ¿por qué es importante la poesía en estos días de violencia y desigualdad, donde las prioridades de mujeres y hombres parecen estar muy lejos de la escritura y la lectura de versos? En pocas palabras, ¿para qué la poesía hoy? Y cada vez yo respondía cosas ligeramente diferentes, pero en esencia respondía que si la vida cotidiana con sus adversidades amenaza con deshumanizarnos, el arte, puede ser un contrapeso de humanidad en la frágil balanza de nuestros días.
Vivimos en un momento en que la poesía debería tener un papel más importante. El déficit de empatía, la incapacidad de ver una parte de uno mismo en el prójimo, está en el fondo de las injusticias, pero la poesía es un medio para ponernos en los zapatos del otro. Si la metáfora expresa los vínculos secretos entre las cosas, la poesía hace lo mismo con las personas, expresa nuestros vínculos secretos.
Mi anterior libro, Hemeroteca, y sobre todo Mochila de Princesas que se publicará este año, pretenden ser un llamado a esa empatía, una forma de vernos en el otro, un intento por discernir que las diferencias nos enriquecen más que las coincidencias.

AS: ¿Qué otros proyectos tienes?, ¿qué cosas comunes hace Raúl García Rodríguez?

RGR: Quiero seguir escribiendo en los diversos géneros del periodismo escrito y en otros estilos de poesía. Me interesa explorar formas y temas nuevos, o al menos nuevos dentro de mi breve obra. Tal vez buscaré caminar en terrenos del verso conversacional, jugar con el rigor misterioso de la poesía imitando el habla coloquial, pero también me interesa hacer lo contrario, alejarme de lo usual experimentando con un tipo de escritura más hermética, que juegue con el lenguaje velando los significados o insinuando al lector una multiplicidad de sentidos. Estoy en ese dilema.
Respondiendo a tu pregunta sobre mis ocupaciones comunes te cuento que me gusta hacer ejercicio. Tengo el hábito de correr media distancia a campo traviesa. También he practicado boxeo y me gustaría aprender a nadar. Nunca me han interesado los deportes de conjunto, se me da más el esfuerzo en solitario; el oficio de la escritura no ha de ser muy diferente.

 

 

Sobre las huellas en la luna

A Neil Armstrong

En ausencia de zorros
y liebres fugaces

A falta de pinos
que hundan su raíz

O escobas
y damas que no barren

O triciclos
y niños ciclistas

Sin yuntas
que hieran la tierra

Sin el viento
escultor de montañas

Sin la caligrafía
de los remolinos

En la noche menguante
intactas siguen tus huellas

  [De cuerpo Presente]

Sigue en aumento la desaparición de menores en el país (Milenio)

Cada detalle de su habitación
se volvió parte de la biografía:
Las arrugas de su cama destendida
los dientes de leche guardados en un sobre,
la camisa roja y los tenis blancos que no llevaba
cuando fue a la tienda el 8 de abril
y no regresó

¿Habrá llevado monedas suficientes? ¿Habrá en el fondo
de un cajón de calcetines
un retrato con el grado justo de sonrisa y seriedad?
¿Cuál es el peinado correcto
para la página de niños extraviados?
¿Para la fotocopia en los postes de la luz?

Nos falta hallar una foto a color
donde no se desenfoque la memoria,
donde no se vuelva sepia su recuerdo,
donde sus ojos no se empolven
como una habitación abandonada

                                                     [De Hemeroteca]

Fracasaron los primeros intentos de transfusión

en tiempos del antiguo testamento

Hasta hoy supimos
que los glóbulos de cerdo
son letales
aunque su corazón sea idéntico
al del niño enamorado

Pero el cerdo
es sus cuatro patas suculentas
tampoco sobreviviría
a una poca de tu sangre
a la espesura de tus venas o al frío
de la chuleta congelada
con que festejas tus bodas de oro

Rara vez un animal de granja
llega a la edad avanzada
en que se deben medir los triglicéridos

(pocas esdrújulas se deslizan así
como un coágulo benigno
en las prosódicas arterias)

Privilegio del hombre
es tener hipertensión y no saberlo

Privilegio es vivir en soledad
y no dar síntomas

[(Inédito) De Mochila de princesas]

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