Rescatan a dos pintoras renacentistas invisibilizadas por el machismo

Rescatan a dos pintoras renacentistas invisibilizadas por el machismo
Marte y Venus, óleo sobre lienzo, 1600-1610, de Lavinia Fontana, incluido en la muestra del Museo del Prado que reúne 65 obras alusivas a todas las facetas de Lavinia y su coterránea Sofonisba Anguissola. Foto © Madrid, Fundación Casa de Alb

Madrid. Las artistas Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana compartieron vocación y condena: en vida fueron las dos pintoras más reputadas y admiradas del Renacimiento, con su pincelada fina y perfeccionista, con su erotismo sofisticado, con sus alegorías a la vida y a la muerte.

Sin embargo la oscuridad de la Contrarreforma, pero sobre todo la severidad e injusticia del machismo impregnado a la historia del arte, las condenaron al ostracismo, a ocupar un rincón olvidado y polvoriento, invisibles.

Para paliar esta injusticia, pero también para darle más presencia a la obra de mujeres, el Museo del Prado inauguró el pasado 22 de octubre Historia de dos pintoras, exposición vigorosa, completa y con la clara encomienda de no olvidar nunca más a esas maestras del pincel.

 Rompieron moldes y estereotipos

 Sofonisba y Lavinia no fueron las primeras, pero sí estuvieron entre las que combatieron con más fuerza el confinamiento de las mujeres en el arte pictórico: ya sea realizando trabajos anónimos en conventos cerrados y ataviadas con el hábito de la monja de clausura, elaborando en los talleres las mezclas de pigmentos o teniendo que ocultar su vocación y virtuosismo, manteniéndose anónimas en su trabajo mientras el padre, el hermano o el esposo se llevaban la gloria y el dinero por su pintura.

Cuando Europa arribó al siglo XVI y se inició uno de los periodos más luminosos de la historia, el Renacimiento, Sofonisba y Lavinia tuvieron el viento en su favor para romper moldes, estereotipos y normalizar la presencia femenina en los talleres de pintura.

A pesar de que persistían muchos prejuicios heredados de la oscuridad y opresión de la Edad Media, las dos pintoras italianas lograron abrirse camino, hacerse con un nombre y un prestigio; incluso sentar las bases de una nueva forma de mirar la historia del arte.

Sofonisba Anguissola nació en 1535 en Cretona; hija de una familia aristócrata, fue desde pequeña una artista descomunal que destacaba en su forma de dibujar, en la calidad de su trazo, en la calidez de su pincelado, en la infatigable vocación por evocar a los grandes maestros pero con mirada propia. Además de pintar tenía amplios conocimientos de música, danza y literatura. Y en su época alcanzó el reconocimiento y la admiración y a pesar de que se presume que fue prolífica en su creación pictórica, actualmente sólo se tiene el registro de 50 obras suyas autentificadas.

Lavinia Fontana fue hija de un pintor, Próspero Fontana, y nació también en Italia, en Bolonia en 1512. Su carácter, más audaz y vanguardista, la llevó a convertirse en la primera pintora mujer en trabajar a fondo en obras mitológicas, es decir, en pintar el desnudo femenino y masculino. Un hito y un escándalo para la época. Pero ella lejos de amilanarse nunca dio un paso atrás y llevó su talento y atrevimiento a Roma, donde también sería reconocida como una gran artista.

Fue la primera en ser reconocida como una profesional, una pintora que traspasó los límites y los géneros impuestos a las mujeres. De Lavinia se presume que hay entre 150 y 155 obras autentificadas.

No obstante la corta distancia entre sus ciudades de nacimiento y 15 años de diferencia, Sofonisba y Lavinia nunca se conocieron. Trazaron su propio camino en solitario. Cada una luchando contra sus respectivos molinos de viento. Pero la revisión de la historia del arte sin tantos clichés machistas las ha convertido en las dos más grandes artistas femeninas del Renacimiento, por la fuerza desu mirada, por su hambre creativa, por su elegancia en el pinceladoy por su vocación filosófica en cada una de sus obras.

 Cambatir un lastre en el arte

 Historia de dos pintoras es una exposición singular, pues el Museo del Prado atribuye mucha relevancia a los actos por su bicentenario, en el que tienen como uno de sus objetivos prioritarios combatir el lastre del machismo en el arte, para lo cual ya se montó una primera exposición, aunque más discreta, hace unos meses de la pintora flamenca Clara Peeters.

Los números confirman esa anomalía histórica: la colección del Prado cuenta actualmente con más de 9 mil obras, de las que 69 fueron creadas por mujeres. De éstas, 32 son de pintoras, 12 de artistas contemporáneas y 25 de dibujantes y ayudantes de taller de litografía. En almacén se dispone de 16 pinturas hechas por mujeres y 18 depositadas en otras instituciones.

La comisaria de la muestra, la prestigiosa historiadora Leticia Ruiz, explicó: ‘‘Hay que reclamar un papel digno y de iguales para las mujeres. Pero no mirando al pasado, sino con los conceptos actuales. Sofonisba y Lavinia son dos gigantes que dan pasos esplendorosos para lo que va a venir”.

La exposición montada en el recinto madrileño consta de 65 piezas que pretenden cubrir todas las facetas de las artistas: sus retratos, sus registros magistrales de los personajes más lustrosos de su época y las piezas de Lavinia sobre la mitología, que si acaso son las más rupturistas con la forma y la costumbre.

La muestra Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana concluirá el 2 de febrero de 2020.

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