La vieja reforma educativa no ha muerto, la nueva, no ha nacido 2/2

La vieja reforma educativa no ha muerto, la nueva, no ha nacido 2/2

No hay cambio sin sueño, como
no hay sueño sin esperanza.
Paulo Freire.

La “nueva reforma educativa” ha sido causa de la modificación del artículo tercero constitucional, y, con buen tino, ha incluido a la filosofía y las humanidades, mas sin embargo, no se ha dimensionado el tipo de nación que se quiere construir ni de ciudadano que se requiere para que se cumpla con este cometido. No habrá claridad en esto, mientras en el seno de la Secretaría de Educación Pública (SEP) se siga promoviendo la educación tecnocrática y mercantilista. Tal parece que la SEP minimiza la disposición constitucional y que sigue dejando en manos de los influyentes grupos conservadores el destino de la educación, situación que bloquea la acción innovadora tanto de docentes como de alumnos.

En desarrollo social, se ha ampliado la brecha entre los países desarrollados y subdesarrollados, México se encuentra en estos últimos, esto tal vez obedece a que el estado no ha renunciado a la rectoría de la educación, en vez de ser promotores de la misma. Existe un alto índice de discriminación en el sistema educativo toda vez que las instituciones educativas ejercen una práctica más de instrucción que de educación, centran su atención en los alumnos que institucionalmente son considerados como los “mejores”, contradiciendo así lo particularmente estipulado en el artículo tercero constitucional.

Por las acciones que hasta hoy se han realizado, todo hace suponer que el problema educativo lo quieren resolver con el simple hecho de ampliar la cobertura, sin embargo, no se ha dado un profundo cambio a manera de construcción de un modelo educativo que traiga consigo la modificación de los planes y programas de estudio; no se ha establecido un plan general de evaluación donde se compruebe que los aprendizajes que construyen los alumnos sean significativos, y, les ayuden estos a resolver problemas de la vida cotidiana. Nuestro sistema educativo carece de acciones que lo ayuden a fortalecerse, esto se hizo más notorio cuando con la llamada modernización educativa impuesta en 1982, con esa política neoliberal, se entregó este sistema a los grupos económicamente poderosos; sigue vigente todavía esta práctica, con ello la aseveración de que la reforma educativa peñista no ha muerto y, la actual reforma lopezobradorista no ha nacido.

A lo que hoy día se le sigue llamando educación, lo han demostrado con dos aspectos por demás evidentes: 1) a los docentes los siguen tratando como si fueran obreros de la educación –operadores de contenidos curriculares-, y, 2) se considera a los alumnos como simples aprendices de disciplinas, situación que es ajeno a los principios que deben establecerse como educativos. Por ello, habrá que convocar a la sociedad en general para darle un giro diferente al sistema educativo y transformar así a la sociedad misma; no nos confundamos, la mejor sociedad no es aquella que cree que dominando idiomas extranjeros se fortalecerá la nuestra, ni aquella que demuestra que obtener lugares “decorosos” en concursos nacionales e internacionales, nuestro sistema educativo se encuentra en la cumbre; esto es solo consecuencia de educandos que han demostrado una actividad cognitiva lúcida y que sobresalen en este tipo de actividades. La educación no solo consiste en prestar atención a los alumnos inteligentes –iluminados-, sino en saber de qué manera se puede coadyuvar para que todos los educandos desarrollen su potencial cognitivo y, hagan aportes que realmente respondan al desarrollo de un país.

En conclusión, si realmente se requiere que, como punto de partida se responda a los principios de la cuarta transformación, es necesario pensar en una formación filosófica para que, la sociedad deje de ser criticona y se convierta en crítica. Las acciones pueden ser las siguientes: a) que se incluyan en el proceso educativo, acciones donde tanto en los educandos como en los educadores se promueva la intelectualidad y la moralidad, b) implementar cursos de ética, que no sean doctrinarios y mucho menos que se les asigne a los actores del hecho educativo un deber ser, c) que se promueva la formación permanente en cuanto a la didáctica de la filosofía y, d) ampliar los canales de comunicación donde la filosofía sea el eje rector.

Con esto, podríamos deducir que la educación filosófica puede ser la piedra angular para que se deriven propuestas educativas de diferente naturaleza, esto es de suma importancia para favorecer la adopción de posturas críticas y democráticas dentro la ciudadanía; esta condición favorecería al nacimiento de una real reforma educativa y al cumplimiento en este rubro con la cuarta transformación. ■

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