El campo de batalla de la historia (IV)

El campo de batalla de la historia (IV)

En el artículo “La economía mexicana en el dilatado siglo XX, 1929-2009” (incluido en Sandra Kuntz-Ficker “Historia económica general de México” El Colegio de México (2010) México) su autor, Enrique Cárdenas, afirma que “La economía mexicana disfrutó de uno de sus períodos de mayor éxito durante los años sesenta. El PIB creció 7.1 % anualmente entre 1963 y 1971, y el PIB por habitante aumentó 3.6 % al año”. Tal dato es bien conocido, menos conocidas son las causas que indujeron su debacle. De acuerdo a Cárdenas se pueden localizar tres. La primera es el proteccionismo en sus dos vertientes, por un lado la política laboral del gobierno mexicano, consistente en proteger, por afinidad partidaria, a los sindicatos, en detrimento de las empresas, por otro, el mercado oligopólico creado al amparo gubernamental con empresas de calidad dudosa. Una segunda fue la reducción de la inversión federal en la agricultura a partir de 1959 combinada con el sesgo producido por precios de garantía impuestos sobre cultivos “poco remunerativos pero necesarios para la alimentación de la población, especialmente maíz y trigo”. Al fin, la tercera causa fue que se requería un volumen de inversión que poco a poco superó el ahorro interno, lo que llevó al endeudamiento. Comenta Cárdenas que en los 1960 el proceso de sustitución de importaciones estaba concluido, se requería competitividad empresarial para avanzar hacia el mercado externo. Por ende, en términos generales, el modelo económico, al llegar al límite de sus posibilidades, comenzaría a generar un conjunto nuevo de relaciones. Lo hizo: los grandes sindicatos, y los sindicatos universitarios, se volvieron factores predatorios de las instituciones, la agricultura perdió relevancia como actividad económica y amplificó la migración mientras que la deuda, producto de la falta de ahorro interno para financiar la inversión, no hizo sino crecer. Todas estas causas son claras a posteriori, y a veces no lo son (por ejemplo: Andrés Manuel López Obrador en su “Hacia una economía moral” Planeta (2019) México, no parece ser consciente de ninguna de ellas), pero en tiempo histórico son un enigma. Cada una de las causas enumeradas, la deuda, la quiebra de la agricultura y el proteccionismo, generaría efectos perniciosos de largo plazo que el modelo de “crecimiento insostenible” (así lo bautiza Cárdenas) propuesto por Luis Echeverría iba a estimulardesde principios de los 1970. El nuevo modelo, producto del agotamiento del de sustitución de importaciones, sería culminado por José López Portillo. En la teoría del caos, en sus múltiples divulgaciones y vulgarizaciones, se plantean varios caminos que pueden llevar de una situación estable a una inestable, así que no es aventurado sostener, cualitativamente, que a fines de los 1960 estaban dadas en México condiciones económicas inestables, que fueron estimuladas por las políticas de los 1970 hasta que, con la caída de los precios del petróleo, se llegó al pleno estado de caos. ¿En qué punto en esta narrativa aparece el neoliberalismo? Tiene tres fases que están más o menos documentadas. En una primera etapa el neoliberalismo aparece, en gente como Luis Montes de Oca (secretario de Hacienda de Lázaro Cárdenas), como una ideología crítica de la política económica gubernamental, en una segunda fase añade al talante crítico la construcción de instituciones, como el ITAM (hoy bajo asedio por las ideologías posmodernas) y la predica doctrinal (en la obra de personas como Faustino Ballvé, Gustavo R. Velasco, Aníbal de Iturbide) y la tercera fase, la culminante, cuando a fines de 1982, ante la situación de caos económico, son los neoliberales formados en el ITAM (o Princeton, o Harvard o Chicago) los que asumen el control de la policía económica nacional. Tenían ante sí un problema urgente: estabilizar el país desde el punto de vista económico. Ese caos, que con paciencia se incubó durante los años dorados de los 1960, y se alimentó durante los 1970, tenía un centro, un punto nodal en el que convergía todo el proceso histórico mexicano. Citaremos a Cárdenas: “Se llegaba al extremo de que el presidente mandaba y tomaba decisiones sin importar si éstas tenía o no respaldo jurídico”. En los hechos un “estado de excepción”, una suspensión del orden constitucional para resguardarlo de los “sacadolares”. Se nota que en épocas de caos los ademanes patrióticos son todo cuanto queda. Pero hubo cosas que pervivieron a lo largo de las muchas reformas económicas y políticas habidas durante la época neoliberal: la migración hacia Estados Unidos se mantuvo al alza y los contubernios entre sindicatos, empresarios y gobierno se intensificaron. No había de otra: el campo estaba desmantelado, la falta de empleos indicaba la migración como forma de sobrevivir mientras que las necesidades políticas del PRI exigían el control de las centrales obreras y el beneplácito de los empresarios. Así que, durante el período neoliberal, esas relaciones producto de los 1970, residuos del modelo de sustitución de importaciones, se desarrollaron, transformaron y encontraron nichos para su despliegue. Pero no debemos escatimarle a ese período algo sustantivo: la estabilización económica. Para cerrar compartimos una pregunta contrafáctica: ¿había en México, en 1982, alternativas a las políticas de estabilización neoliberal? ¿Tenía la izquierda un programa para resolver esos problemas? ■

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