García Luna y el Estadicidio de las mafias de Felipe Calderón

García Luna y el Estadicidio de las mafias de Felipe Calderón

La biografía negra de García Luna parece salida de una retorcida imaginación creadora de películas góticas. Pero no es así: es real, contante y sonante. La novela de Jorge Volpi sobre el caso de la francesa Florence Cassez, que fue acusada de secuestro y pasó más de 7 años en la cárcel, y al final se descubre que fue un montaje en el que participaron connotados conductores de noticieros televisivos, y que la llevó a la libertad gracias, entre otras cosas, a la extraordinaria actuación de la entonces magistrada Olga Sánchez. Pues bien, Volpi ofrece esa novela, que dice textualmente de No-Ficción. Esto es, es producto de la rigurosa investigación periodística y no de la libre imaginación del autor. El retrato de García Luna resulta estrambótico pero estrictamente documentado: fabricación de delitos, compra de las voluntades de jueces, manipulación de las investigaciones y las instituciones responsables de ello, redes de interés y, lo que ahora está en los medios, una relación de diplomacia con los grupos del narcotráfico que terminó en negocios que lo enriquecieron, junto a su red de interés.

En la llamada ‘Guerra contra el Narcotráfico’ se presume que García Luna era el enviado del presidente para pactar con los grupos del Narco y conseguir la pacificación de las diferentes zonas del país. Y desde el más alto mando se cooptó a las estructuras de seguridad para proteger a ciertos grupos, especialmente al Cartel del Pacífico encabezado por el Chapo Guzmán. Lo cual, justamente, tiene a García Luna apresado por la justicia norteamericana en estos momentos. Las historias sobre este sombrío personaje revelan cómo las policías de todos los niveles y sectores importantes del ejercito son capturados por las redes del crimen organizado. Así las cosas, la guerra era una farsa o pretexto para chantajear a los grupos del narco, exprimirles el dinero y el poder de la violencia, con el consecuente efecto de la putrefacción de todos los órdenes del gobierno. Esto es, Felipe Calderón extorsionó al crimen organizado con la amenaza de la guerra, destruyendo todas las capacidades del gobierno para conservar el Estado de Derecho. En suma, Calderón fue un Estadicida que generó una mafia al mando de Genaro.

Las consecuencias de esa guerra que sí existió, pero no era auténtica, son enormes y brutalmente nefastas para el país. Los miles de muertos, la incontrolable corrupción y la pérdida de capacidades estatales para imponer la fuerza del Derecho, son algunas de las consecuencias. El daño llegó a dimensiones estructurales; las cuales aun hoy resuenan en las instituciones de la república. García Luna fue no sólo el operador de acuerdos con el crimen organizado o de violaciones de los procedimientos de la justicia mexicana, sino el autor intelectual de la estrategia de seguridad en el 2006. La cual, valga decir, se mantuvo en el sexenio de Peña Nieto, y no se ha erradicado en el actual gobierno. El fantasma de García Luna sigue presente en las políticas de seguridad pública. Esperamos y salga a la luz de los juicios toda la red de complicidad para exorcizar ese fantasma y empecemos a regenerar, limpiar y sanear las instituciones de seguridad y de impartición de justicia en México. Y del Estadicidio pasemos al Estado resiliente.

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