Las hojas que caen

Las hojas que caen

“Amamos las cosas porque sabemos que se mueren.
Amamos vehementemente la impermanencia,
el recuerdo gentil de que
todo está destinado a las cenizas”.
Daniel Iván.

Lo conocí en enero de 2008. De su voz conocí también la historia de La Voladora Radio y el alcance e importancia que hasta ese momento había tenido esta radio comunitaria en Amecameca, Estado de México, y sus alrededores. Ahora es un proyecto consolidado y un ejemplo a seguir entre los medios de comunicación autogestivos.

Me recibió con una sonrisa y un saludo amistoso; conversamos durante más de dos horas; me ayudó a entender que son viables los proyectos de comunicación y periodismo organizados desde abajo y sin claudicar ante los intereses del gobierno en turno, sin vender cobertura, “sin negociar dinero aquí y allá”.

“Y vale la pena porque, al final del día, si se acaba el proyecto, se va acabar sabiendo que hicimos lo correcto los 7, 8 o 10 años que dure. Una experiencia de 10 años no es cualquier cosa, no es cualquier historia, pero lo importante es que es viable y nosotros lo estamos demostrando, y aparte nos divertimos un chingo”, me dijo sobre esta radio de la que fue cofundador.

Ahora La Voladora está por cumplir 20 años y, a pesar del auge de las tecnologías de la información y de las redes sociales, su pertinencia se mantiene vigente en Amecameca: ha ciudadanizado la comunicación, propósito que se forjó el colectivo al comenzar con el proyecto.

Lo conocí como una persona lúcida y talentosa en las expresiones artísticas audiovisuales. En el transcurso de los años también le di seguimiento como escritor y columnista de la revista etcétera.

En aquel gélido día en que lo conocí, en Amecameca, hablamos sobre temas relacionados con la comunicación, con los medios autogestivos y las radios comunitarias, así como de su experiencia en proyectos como Televerdad, radio que operó en 1994, en la Ciudad de México, mediante un transmisor obtenido de contrabando.

Después, en el contexto de la huelga estudiantil de 1999 en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el movimiento tuvo la necesidad de construir formas de comunicación para hacer contrapeso al cerco mediático.

Así, “el proyecto (de La Voladora) nació en el ‘defectuoso’. Cuando acabó aquella famosa huelga en la UNAM, hubo un proyecto que aún sigue, la K Huelga, pero algunos chavos que estaban ahí decidieron hacer otro proyecto que en ese entonces tenía el objetivo de promocionar la idea de radio comunitaria, aunque en ese tiempo aún no la llamábamos así”.

Antes, en Televerdad, había mucho entusiasmo pero la gran pregunta era: “¿cómo transmitir?”, porque si se descomponía el transmisor no se podía hacer nada, ya sus componentes habían sido traídos por medio del mercado negro, de contrabando.

En cambio, La Voladora utilizó tecnología de transmisión propia, desarrollada por estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, y así inició la propuesta de transmisiones itinerantes.

Con un transmisor de 20 watts, La Voladora se trasladó a Oaxaca, Veracruz, Guerrero y otros estados, hasta encontrarse con personas que ya tenían alguna experiencia en el tema “medio nebuloso de la ciudadanización de la comunicación, entre ellas Esperanza Rascón, quien fungió como asesora del EZLN en las mesas de San Andrés y posteriormente como directora de Desarrollo Social en el municipio de Amecameca.

“Ella nos dijo: ‘tráiganse la radio y aquí vemos qué se puede hacer’. Entonces empezamos a venir como radio itinerante aquí también. Transmitíamos los domingos, desde el kiosco, durante el año 2000, y a finales de ese año hubo una contingencia volcánica muy fuerte. En ese momento hubo un problema muy grave con un periodista de Televisa que dijo una información que no era cierta en torno a la evacuación de Amecameca. Hubo una reacción de la gente de alarma y desconcierto y se generó una situación de caos y pánico y fue entonces cuando el ayuntamiento nos propuso quedarnos para tratar de calmar el asunto”.

A finales del 2000 La Voladora Radio se instaló en la Casa de Cultura de Amecameca y comenzaron transmisiones formales: “fue muy alentador, una experiencia muy interesante, porque se estaba demostrando la necesidad de una radio comunitaria, pero también porque muchos sectores de la población empezaron a utilizar la radio porque era el único medio de comunicación directo que tenían con la gente”.

Después de superar la contingencia, los integrantes de la radio se retiraron de Amecameca y regresaron en marzo del 2001; entonces la gente reclamó el regreso de la radio y se definió que La Voladora necesitaba asentar un proyecto de radiodifusión comunitaria y abandonar el esquema de radio itinerante, hasta la actualidad.

Daniel Iván fue cofundador de La Voladora Radio y presidió la Asociación Mexicana de Radios Comunitarias. En los últimos meses describió cómo se le escapaba la vida por una enfermedad inmunológica, como las hojas que caen en otoño.

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