Brevísimas notas críticas sobre las benditas redes sociales

Brevísimas notas críticas sobre las benditas redes sociales

Porque el mundo que se mira está apuntalado en la estricta dimensión de las propias suelas. Un territorio de muy escasos centímetros cuadrados que convierte en terrateniente al que lo ocupa. Tan indivisible que envanece. Sin embargo, ofrecida así la disculpa, cabe la certeza: nunca antes se había ejercido el poder como se ejerce. Nunca.
Ana María Olabuenaga, Linchamientos digitales.

En su discurso de celebración por el triunfo inobjetable obtenido el 1 de julio de 2018, el candidato Andrés Manuel López Obrador, calificó a las redes sociales como benditas. No puede reprochársele su exagerado adjetivo. Esta nueva dinámica y vía de interacción masiva, permitió al hoy presidente de México comunicar, con los acostumbrados elementos que lo caracterizan: el simplismo, como método, la indignación como mensaje. Dos criterios que, además, han mostrado ser los baluartes del discurso populista que tanto se le critica a él y otros líderes de nuestro tiempo: uno que utiliza el desinterés que genera la cosa pública y el hartazgo por la política, como herramientas para posicionar una idea, que la mayor de las veces cae en la dicotomía sin matices, entre lo que popularmente se considera bueno y malo, que a su vez produce condenas morales que no se basan en el razonamiento, sino en las emociones. López Obrador es un ejemplo a la mano de algo más profundo, más común, generalizado y quizá natural, de lo que hoy sucede a la democracia liberal, diseñada para alimentarse de la deliberación, hoy, anímica ante lo que cada vez más es un gran diálogo… entre sordos.

Como lo anota Ana María Olabuenaga en su reciente libro Linchamientos digitales, citando al periodista Juan Soto Ivars: “la hiperconexión de las sociedades democráticas nos ha sumido en una guerra intransigente de puntos de vista, en una batalla cultural de batallones líquidos, a los que uno se adscribe sin más compromiso que la necesidad de que el grupo le dé la razón, y que un nuevo tipo de prensa sensacionalista promociona y legitima estos sentimientos exacerbados, de forma que el debate racional es prácticamente imposible en el entorno de las redes sociales. Estas se han convertido en un canal por el que la ofensa corre libremente hasta infectar a los periódicos, la radio y la televisión. Las masas se levantan en grupos que exigen, según lo que afecta a sus sensibilidades, recortar la libertad de expresión. El proceso nos hace a todos menos libres por miedo a que una multitud de desconocidos venga a decirnos que somos malas personas”.

Olabuenaga, aborda a lo largo de su recomendable texto como las redes, se han convertido en una tribuna amplísima, como ninguna otra en la historia de la humanidad, donde las causas justas, pueden perderse a sí mismas, por reacciones, condenas y linchamientos injustos.

Es fructífero leer su texto al avanzar en el análisis del comportamiento general en las redes sociales, pero también al de sí mismo. Además de la experiencia particular de quien esto escribe, el análisis es inevitable sí sé es usuario cotidiano o incluso espectador, de lo que sucede día a día en el mundo digital, uno que, pudiendo ser una histórica oportunidad para la democratización del poder en todos sus sentidos (y que sin duda lo ha sido) se ha convertido también en una peligrosa plaza pública en la que todos somos observador, pero también, en las que todos somos el big brother.

No es extraño que el boom de las redes sociales coincida con el de los populismos en el mundo, se alimentan de lo mismo: simplismo, emociones básicas, ausencia de racionalismo, nulidad en la deliberación y recientemente, un algoritmo que permite a todos suponer y estar seguros de tener la razón, por el eco que encuentra en su propio bando, del cual aprecia apenas las fronteras, cegándose a la existencia del otro, de los otros, insensible e incapaz a la empatía: no hay democracia posible sin el entendimiento, la tolerancia y la libertad de los diferentes. En un país y en un mundo cada vez más plural, los grupos, las opiniones a nuestro alcance son cada vez más homogéneas.

Las ideas que hoy aproximo en estas brevísimas notas apenas comienza. Su origen está en la lectura de Linchamientos digitales, de Ana María Olabuenaga, cuya recomendación me permito reiterar.

Concluyamos con una reflexión que invite a más en la inmediatez: El contexto se ha perdido, la liquidez del tiempo, la pérdida de la empatía y la comprensión, generan un caldo de cultivo en el que la indignación se alimenta de sí misma para incentivar juicios sumarios emocionales e… indignantes. El linchamiento, aunque popular es antidemocrático: la democracia no es solo voluntad de las mayorías, sino el equilibrio de ésta con los derechos de las minorías. Hay que recordar, reflexionar, más y más. ■

@CarlosETorres_

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