Calacas zacatecanas

Calacas zacatecanas

Autor: Juan Martínez López

Residencia: Concepción del Oro, Zacatecas, México

 

Tintineando la osamenta
y rechinando los dientes,
la Calaca va contenta
en busca de algunos clientes.

Decía para sus adentros,
pensando la muy ladina,
buena carga se avecina,
los tiempos están violentos.

De almas se encuentra sedienta
y muy vacío su costal;
su esqueleto lo calienta
con un trago de mezcal.

Zacatecas ha escogido
el esqueleto bizarro.
Va por el senador Narro,
seguro, y lo haya dormido.

También Felipe Pinedo
pasará a ser angelito.
“Ya que le paren su enredo
con Minera Peñasquito”.

Con su guadaña en la mano
buscando uno que otro transa.
En el panteón ya descansa,
murió Benjamín Medrano.

La dentadura le brilla
de la purita emoción,
cuando con Fito Bonilla,
caminaba hacia el panteón.

Fito decía “Dame chanza”,
pero su ruego fue en vano.
Ahora tan sólo es pitanza
del tan temido gusano.

Roberto Luévano daba
gran luto a la Sedesol.
Ya no verá el nuevo sol;
su tumba ya está sellada.

Fito y Roberto han marchado
hacia florido panteón;
se acabó su aspiración
de gobernar el estado.

Ya sin dolor ni martirio,
cada uno al lado camina
del brazo de la Catrina;
llevan en su mano un cirio.

La muerte sacó un listado
con un muy amplio menú,
tachando a Breña Cantú,
que ya pasó a ser finado.

Ya casi se había salvado
de la escuálida ladina,
mas tomaba metformina
el esqueleto malvado.

Le recordó la Catrina
al verlo muy asustado:
“Mándale su medicina
a los pobres de tu estado”.

Diabéticos e hipertensos,
nomás no les llega nada.
Por estos suelos extensos
no pasea ni una brigada.

Mándales algún doctor,
no los dejes a su suerte.
¿Pretendes ser servidor
de la mismísima muerte?

Al que le quitó el resuello
la condenada Calaca
fue al pobre del gober Tello.
Ya lo lleva en su petaca.

Antes que el gober sucumba,
la Muerte dijo entre dientes:
“No esperes que DIFERENTES
sean tu panteón y tu tumba”.

La muerte llenó el carruaje
con gente de alto nivel.
¡Ah qué Huesuda tan cruel!,
puro de corbata y traje.

Repican las campanadas
en la bella Catedral.
Campanadas enlutadas
llaman para funeral.

Como jamás en la historia
se están vendiendo los diarios,
gracias a los obituarios
de los que compran la gloria.

“Su ansia de matar no mengua.”
La noticia así fue dada
por Sin pelos en la lengua
y también por La Jornada.

Antes de irse la Catrina
de la bella capital,
pidió un trago de mezcal
en una oscura cantina.

La Calaca alzó su copa
y con su voz dijo “Brindo
por mi cuaco que galopa
por este México lindo”.

Por el bello Michoacán
que mis arcas ha llenado.
De gran gozo me han colmado.
¡Viva! también Culiacán.

Brindo por el presidente
que a muchos los desatina,
y aun así están al pendiente
siempre de La matutina.

Ya le llegará su día
al cabeza de algodón;
lo llevarán al panteón
con inmensa algarabía.

Protege a los inocentes,
sus más leales seguidores.
Él suelta a los delincuentes,
mis más fieles servidores.

Desde el mismito inframundo
les damos sinceras gracias,
¡Oh!, dirigentes del mundo,
por sus actos y falacias.

La Muerte empinó su copa,
haciendo graciosas muecas.
Dijo “gracias, Zacatecas”.
En su cuaco ya galopa.

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