Las izquierdas avanzan en América Latina

Las izquierdas avanzan en América Latina

La anterior fue una semana histórica para las izquierdas de América Látina: ratificaron su hegemonía en Bolivia; recuperaron el gobierno nacional en Argentina; ganaron con una gran diferencia en Uruguay, aunque habrá segunda vuelta 24 de noviembre; y masas inmensas de chilenos hicieron realidad la profecía de Salvador Allende al abrir las grandes alamedas para expresar su profundo descontento con el modelo neoliberal. En la nueva situación existirán condiciones inmejorables para que se establezcan sinergias muy positivas entre los nuevos gobiernos y el que encabeza Andrés Manuel López Obrador en México, que permitan el intercambio de experiencias y la generalización de las mejores políticas públicas.

Para dimensionar la dimensión de los acontecimientos referidos vale la pena que recordemos que la región latinoamericana ha sufrido dos etapas muy trágicasde su historia reciente: las dictaduras militares con el Plan Condor, y la neoliberal que está en plena decadencia. De acuerdo con Wikipedia, el Plan Cóndor es el nombre con que se conoce a la coordinación de acciones y mutuo apoyo entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales de América del Sur: Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y esporádicamente, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, con los Estados Unidos, siendo señalado como su ideólogo el jefe del departamento de Estado, Henry Kissinger. Fue llevado a cabo entre las décadas de 1970 y 1980, con el fin de disciplinar a la sociedad para instalar en la región el modelo económico neoliberal, con el desmantelamiento de los Estados como articuladores de la vida pública y el desarrollo económico, más un fuerte endeudamiento externo. El libro de Noami Klein: “La doctrina del shock” es un fuerte documento de denuncia que vale la pena releer.

Esta coordinación implicó, oficial y directamente, el seguimiento, vigilancia, detención, interrogatorios con tortura, traslados entre países, y desaparición o asesinato de personas consideradas por dichos regímenes como «subversivas del orden instaurado, o contrarias a su política o ideología». El Plan Cóndor se constituyó en una organización clandestina internacional para la estrategia del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política. Los llamados «Archivos del Terror» hallados en Paraguay en 1992 dan la cifra de 50 mil personas asesinadas, 30 mil «desaparecidas» y 400 mil encarceladas.

La Comisión Provincial por la Memoria (CPM), cuya sede está en Buenos Aires, Argentina, está integrada por referentes de organismos de derechos humanos, funcionarios universitarios y judiciales, intelectuales, artistas, religiosos de distintos credos, legisladores y sindicalistas, como expresión plural del compromiso con la memoria del terrorismo de Estado y la promoción y defensa de los derechos humanos. Pues bien, Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, presidente y vocero de la CPM ha venido insistiendo en que hace años está en marcha una segunda versión del plan Condor en América Latina.

De acuerdo con Esquivel, en América Latina vienen operando mecanismos que se pueden agrupar bajo el nombre de guerra judicial. Es lo que está pasando con Lula en Brasil; es lo que pasó con Zelaya en Honduras; en Paraguay con Lugo; en Ecuador con Correa y es lo que acaba de fracasar en Argentina contra Cristina Kirchner. Es un mecanismo que involucra a no pocos fiscales y jueces y, especialmente los grandes medios de comunicación que apoyan la guerra judicial para perseguir y condenar a opositores, ex presidentes, y a gente que ha trabajado a favor de las causas populares, poniendo en grave riesgo la estabilidad democrática de nuestros países.

Los mexicanos podemos suponer con argumentos sólidos que el desafuero impulsado contra Andrés López Obrador en el 2005, fue probablemente el primer ensayo de la guerra judicial referida para dejar fuera del proceso electoral de 2006 al opositor más fuerte del régimen autoritario. La alianza PRI-PAN y aliados menores en el Congreso de la Unión quitaron el fuero a AMLO y dejaron listo el escenario para procesarlo en el ámbito judicial. Solo la movilización de cientos de miles de ciudadanos en la capital del país obligó a Vicente Fox a retirar la denuncia y, en consecuencia, llevar al fracaso el mecanismo sometido a prueba.

La irrupción de los pueblos de diferentes paises y los triunfos electorales de las izquierdas podrían significar una nueva cultura política mayoritaria y, en consecuencia, el fracaso definitivo del Plan Condor 2. En el caso mexicano lo señalado pone de manifiesto la relevancia de la reforma en marcha del poder judicial y la pendiente gran reforma del sistema de medios de comunicación masiva. ■

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