La Fiesta de Muertos

La Fiesta de Muertos
“El Elotero”. Diorama de la tradición del Día de Muertos. Artesanía zacatecana realizada por la familia Ortega-Neri. Fotografía de Juan Carlos Basabe / Centro INAH Zac.

La Gualdra 406 / Arqueología e Historia  / Ollin: Memoria en Movimiento

 

 

Nuestro país es el producto de la confluencia de varias culturas que se fueron amalgamando para constituir lo que hoy conocemos como cultura mexicana, conformada en realidad por todo un mosaico de elementos provenientes en principio de las culturas originales a las que se agregaron los nuevos que se fueron entretejiendo hasta formar la cultura que hoy conocemos. Mediante un análisis en relación a las tradiciones, podemos ubicar sus características y la forma como se integran en la realidad presente. Enfocados al caso que nos toca, la fiesta del Día de Muertos es un ejemplo interesante del proceso de sincretismo o unión de varias creencias.

De los grupos originarios de la región se sabe muy poco, ya que su cultura fue en general despreciada por los conquistadores cuyo interés principal se enfocaba en imponer los elementos de lo propio, pues consideraban erradas las creencias de los indígenas. Con el fin de apoyar el proceso de conquista importaron a la región un buen número de familias tlaxcaltecas ya aculturadas e iniciadas en el conocimiento de la fe católica y que habían perdido sus propios cultos ancestrales, en este caso, el culto a la muerte. De allí sabemos, de acuerdo con Bernal Díaz del Castillo, que tenían dos calendarios: el Tonalamatl y el Tonalpohualli que incluía todo un mes para recordar a los difuntos con toda una secuencia de rituales relacionados. Anualmente esperaban la visita de las almas de sus deudos fallecidos a las que recibían con regalos variados entre los que predominaban sus alimentos preferidos en vida, de allí que dedicaban esos días a preparar las comidas que se pondrían en un altar como ofrenda.

Esta celebración de origen netamente indígena se fusiona con el calendario ritual católico, en el que el día primero de noviembre es dedicado a Todos Santos, mientras que el día 2 a los fieles difuntos. Sin embargo, el ritual era más complicado, pues se complementaba con algunas fechas representativas que nos ubican el 29 de septiembre como el día que se abrían las puertas del inframundo, fecha en que las ánimas emprendían su trayecto para visitar a sus familiares. En vista de que dicha fecha coincide con la fiesta de San Miguel Arcángel, entonces se supone que es a San Miguel a quien le toca abrir esas puertas; las almas llegarán en un orden determinado.

El día 28 -día de San Simón según el calendario católico- se recibirá a los que murieron en accidente, se mencionarán sus nombres y les pondrán veladoras -actualmente también una calavera de azúcar y la ofrenda dedicada a ellos que puede ser algún platillo o ropa-. De la misma forma, el día 31 se recibe a los niños menores de 12 años; el día 1 de noviembre, día de Todos Santos se recibe a los niños que murieron, considerados santos por ser inocentes, la ofrenda tendrá dulces y juguetes. Finalmente el día 2 de noviembre se recibe a los difuntos adultos mencionando sus nombres, igualmente con su comida favorita y tal vez un regalo.

En vista de que vendrán en tránsito -se supone que desde el cementerio- se hacen caminitos de pétalos de flores de cempasúchil para que sepan cómo llegar a su casa y a la ofrenda. Los alimentos se dejan en el altar suponiendo que van a absorber la esencia de ellos; éstos se dejan unas horas, después de las cuales ya se los pueden comer los vivos.

Se supone también que esa visita de los difuntos dura un mes aproximadamente y que para el día de San Andrés, el 30 de noviembre, emprenden su camino de regreso. En el caso de Tlaxcala se acostumbra hacer mucho pan; de acuerdo a sus posibilidades pueden hacer un costal de harina con mucho huevo, azúcar, canela y manteca. Antes de espolvorearlos con azúcar los barnizan con huevo usando como brocha una flor de cempasúchil que les dará el aroma de la flor.

Con relación a Zacatecas, podemos decir que aunque es una celebración actualmente considerada nacional, en el estado ha trascendido tal vez por la importancia que se le ha dado en todo el país; actualmente ha aumentado el número de personas que pone altar dedicado a sus difuntos, además algunas panaderías y habitantes de las poblaciones acostumbran hacer pan de muerto con figuras humanas y de colores; también hay familias que tienen la tradición de hacer calaveritas de azúcar.

Concluiremos que a la fuerza de la tradición se han agregado nuevos elementos de otras culturas como es la fiesta de las brujas, de origen europeo y que se mezcla con la tradición local en la que los niños piden el muerto disfrazados de brujas y portando calabazas; en últimas fechas se ha agregado el disfraz de La Catrina, personaje que surge de la obra del artista de origen zacatecano José Guadalupe Posada cuya obra exalta la tradición prehispánica del culto a la muerte.

 

 

*Profesora investigadora, titular del área de antropología social del Centro INAH Zacatecas.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_406

 

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