‘Historia-Corazón’: obsidiana y granito para conmemorar lazos entre Japón y México

‘Historia-Corazón’: obsidiana y granito para conmemorar lazos entre Japón y México

La Gualdra 403 / Entrevistas / Escultura

 

En septiembre de 1609 un galeón de la Nueva España naufragó en costas japonesas. Los marinos de Ootaki auxiliaron a los 350 tripulantes del San Francisco, y ese acontecimiento se marcó el inicio de la amistad entre México y Japón. Para conmemorar 410 años de este lazo, el escultor japonés Ryuichi Yahagi -afincado hace 24 años en México- invitó al zacatecano Jorge Ismael Rodríguez para elaborar en colaboración una escultura. De ello resultó un monumento de 10 toneladas y una extensión de 35 metros de obsidiana mexicana y granito oriental. La pieza se titula Historia-Corazón y será inaugurada este 12 de octubre en el puerto de Ootaki.

Ambos artistas, inmersos siempre en multitud de proyectos individuales y colaborativos, accedieron a comentar este singular trabajo. Actualmente Ryuichi Yahagi expone “Dale, dale, dale, no pierdas el tino” (instalación con piñatas en forma de misil llenos de gruyas de la paz) al lado de sus compatriotas Reika Nakayama y Hana Sakuma en la Galería Universitaria Ramón Alva de la Canal de la Universidad Veracruzana en Xalapa.

Jorge Ismael Rodríguez acaba de estar en Viena, Austria, participando en el festival performance RESIST!, donde presentó una especie de concierto en el que se fonetizó el fragmento XIII del poema “Cuerpos”, de Max Rojas, con música de la artista austriaca Doris Steinbichler.

 

Maliyel Beverido: Más allá del hecho histórico ¿qué es lo que conmemora la pieza Historia-Corazón?

Jorge Ismael Rodríguez: Para mí, el máximo valor conmemorativo de este monumento, está en la proyección multidireccional de la anécdota, hay algunas líneas que me emocionan más. Por ejemplo, me encanta ver que nuestras diferencias suman positivamente y que el resultado contradice la dinámica de esta época polarizadora, en donde lo in está en definirnos como “únicos y distintos”, nos urge pertenecer a algo y paradójicamente, nos (des) clasificamos por nuestra procedencia, nuestra religión, el idioma, el acento, nuestro color de piel, nuestras simpatías o antipatías políticas, por nuestro género, nuestros estudios, en fin… Hoy todos queremos ser distintos y al ir particularizando las etiquetas, terminamos viendo hasta a nuestros hermanos como “los otros”, cuando es evidente que lo que necesitamos es agruparnos si queremos trascender… Es decir, Historia-Corazón conmemora la interacción factible y positiva entre personas que se saben distintas.

Ryuichi Yahagui: Antes de ese encuentro histórico de la tripulación del galeón no había mucho contacto entre Japón y otros países que no fueran de Asia, porque se trata de un archipiélago y al estar todo rodeado de mar era de difícil acceso. Los barcos novohispanos viajaban hacia Filipinas, pero éste naufragó. Los náufragos estuvieron un año en Ootaki, donde fueron muy bien tratados y hasta les hicieron un barco nuevo. Yo creo que los japoneses tienen a los mexicanos en su imaginación como habitantes de un país de sol, porque se encuentra al este de la isla, por donde sale el sol. Y curiosamente los mexicanos piensan, como en todo el mundo, que Japón es el reino del Sol Naciente. Entonces la idea es encontrar esas correspondencias en países que están tan alejados. También hay mucho misterio entre los dos, cada uno tiene un estereotipo del otro: los mexicanos oyen Japón y piensan en los kamikazes y los japoneses oyen México y piensan en charros.

 

MB: ¿Puede el arte contemporáneo conmemorar un hecho histórico?

JIR: Sí, claro, la forma de validar los acuerdos sociales desde los tiempos más remotos ha sido usar objetos o trazos referenciales -¡objetos con aura!- y la historia está construida, justamente, con lo que las comunidades deciden guardar en su memoria, lo que nos atrevemos a hacer público, hechos a los que ya les construimos la narrativa que queremos que toque a las generaciones por venir, y como creemos que “el arte de hoy” va a trascender… entonces suponemos que estos objetos de arte serán buen soporte para preservar nuestra historia.

MB: ¿Cómo arrancó este proyecto?

RY: Este proyecto empezó porque un crítico y curador japonés, Yasuo Nakano, me habló para decirme que había el interés de Ootaki de hacer una escultura con el tema de la amistad, y yo propuse que fuera un trabajo colaborativo entre dos escultores, para reforzar esa idea de amistad. Y pensé en Jorge porque él ha ido varias veces a Japón, y sus obras se han presentado allá en ocasiones importantes.

 

MB: ¿Qué significa el trabajo colaborativo?

JIR: Me encanta, desde hace más de 30 años estoy trabajando con procesos relacionales y en los 15 o 20 más recientes he tratado de profundizar la interacción con quienes participan y pretendo establecer relaciones “simbióticas” con y entre los involucrados.

RY: Yo siempre pienso en qué es significativo en mis obras, sobre todo en mis instalaciones, dónde vivo, y ahora pues vivo en México, entonces es importante hacer como puentes. A veces es trabajar juntos, a veces es sólo involucrar a los otros en la pieza final, pero sí, siempre hay alguna forma de colaboración.

 

MB: ¿Cuál fue la dinámica de trabajo para la elaboración de esta pieza? (dónde trabajó cada quién, cómo se pusieron de acuerdo, cómo se comunicaron)

RY: Los artistas son generalmente como muy egoístas y quieren figurar solos. Pero también los hay generosos. No había trabajado con Jorge en el mismo proyecto, pero sí había participado en proyectos que él organizó, como bienales; hemos ido juntos a colectivos, y ya había hecho contactos con Japón a través de mí, así que ya teníamos esa relación de amistad y trabajo. Jorge es muy amable y muy accesible, trabaja muy bien y ya conoce a los japoneses. Más de diez veces ha viajado desde que lo invitaron cuando el Mundial de Futbol Corea-Japón en 2002, para crear una escultura para un estadio. Era importante conocer el contexto y la forma de ser, por eso fue tan fácil.

JIR: Ryuichi Yahagi y yo somos amigos desde hace un montón de años, a pesar de que no vamos sobre la misma vía, tenemos un montón de coincidencias; los dos somos escultores de origen, ambos hemos construido rutas y plataformas objetuales y no objetuales para darle salida a nuestras propuestas, y creo que ambos hemos encontrado los insumos correctos para construir nuestra sintaxis particular. De alguna manera, Historia-Corazón es la suma de nuestros monólogos. No recuerdo con certeza cómo llegamos al conjunto final, creo que iniciamos platicando por teléfono sobre intenciones antes que de formas, luego fuimos objetivizando nuestras intenciones; de lo que estoy seguro es de que la mayoría de nuestras reuniones de trabajo fueron pláticas larguísimas con mucha comida, algunas copas de vino y varias cervezas. Estoy seguro también, aunque no recuerdo que lo hubiéramos hablado, de que ambos tuvimos claro, que Historia-Corazón es un monumento a la amistad, a la amistad pura y llana, por supuesto que está impregnado de la esencia del afortunado encuentro accidental de hace 410 años, pero, sin duda, en él se siente la presencia de nuestras amigas y amigos, japoneses y mexicanos; en él, están los sabores compartidos pero no mezclados, se percibe el aroma del nattō y del mole. Las barcazas de granito me recuerdan lo tangible, lo sólido, lo confiable de lo japonés y lo mexicano de tierra adentro. Los mágicos reflejos en las obsidianas me refieren a lo profundo a Tezcatlipoca, a personajes del bosque de Niigata, a los cielos interminables de las transparentes noches de Ootaki y Zacatecas y por supuesto a las almas de los aventureros que fueron y vinieron…

 

MB: ¿Cómo se decidió que las piezas fueran de obsidiana y de granito?

RY: Quisimos representar a los barcos, y queríamos que algunos de los materiales fueran de México, ya que también era significativo trasladar un pedacito de acá a Japón. Una de las características del trabajo de Jorge, que usa mucho la obsidiana, es que le gusta que la superficie esté muy pulida, porque así se reflejan las personas, y eso es como una forma de incluirlas. La primera idea era de hacer diez barcos chiquitos que cargaran los materiales de México. Pero luego lo modificamos de acuerdo con lo que nos pidió el municipio de Ootaki, que quería que fuéramos más precisos con respecto a la historia y por eso lo dejamos en tres barcos medianos, como de dos metros de largo cada uno, y en medio está la escultura de Jorge, de obsidiana con base de granito. Después hay otro barco más grande, que representa el que regresa a Nueva España. Cada barco lleva también obsidiana bien pulida.

JIR: Ambos son materiales con los que Yahagi San y yo hemos trabajado desde hace muchos años. Elegimos los materiales por sus cualidades físicas, tomamos en cuenta el color, la textura, sus capacidades reflexivas. Estos duetos se activan al estar juntos, yo creo que se potencializan al establecer una relación paradójica: entre otras cosas el material blanco es muy abundante, está terminado mate y no refleja, la obsidiana es negra muy pulida y con un reflejo impresionante. Conmemoramos un encuentro en donde se dieron relaciones paralelas, no necesariamente simétricas y uno de los ejes narrativos está en la efectividad de lo diferente. Historia-Corazón es una obra que conmemora la añeja amistad entre los habitantes de dos territorios muy distantes y aparentemente distintos, realizada por dos artistas muy buenos amigos, oriundos de esas tierras, cada uno orgulloso de la tierra que lo vio nacer y cada uno enamorados de la otra, a la que le ha dado y de la que también ha recibido a manos llenas.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_403

 

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