La trayectoria de Antonio Rodríguez Jiménez: ‘Una silueta en el vacío. Antología poética (1979-2019)’

La trayectoria de Antonio Rodríguez Jiménez: ‘Una silueta en el vacío. Antología poética (1979-2019)’

La Gualdra 402 / Libros

 

Cuando se escriba la verdadera historia de la Literatura Española de estas décadas de supuesta democracia, podrá comprobarse que la figura del cordobés Antonio Rodríguez Jiménez ocupa un lugar de primerísima fila no sólo como animador de las letras de nuestro país desde su dirección del extraordinario suplemento cultural Los Cuadernos del Sur y desde colecciones como “Los Cuadernos de Sandua”, sino también como autor de una copiosa obra que abarca diversos géneros como la novela, el relato, el artículo periodístico, el ensayo y, sobre todo, la poesía.

Más de veinte poemarios conforman su producción en verso, muchos de los cuales aparecieron agrupados en el volumen La llave de los sueños (Poesía 1979-2012) con un magnífico estudio de José Lupiáñez. Después ha publicado otros dos títulos y hoy, en la elegante editorial mexicana Caudal acaba de aparecer su antología Una silueta en el vacío, prologada por Pedro Rodríguez Pacheco. Este libro puede servir muy bien al lector para conocer la trayectoria de Antonio Rodríguez Jiménez a través de cuarenta años de creación.

He escrito en otras ocasiones sobre el autor. He hablado de sus poemas visionarios y llenos de imágenes, de su sensualidad sureña, de su admirable vitalismo, de los numerosos premios que avalan su andadura poética, de su importante lugar en el movimiento literario de la Diferencia, de su escritura apasionada y a la vez introspectiva, de su torrencialidad que lo acerca a autores como Neruda, de sus hallazgos metafóricos, de su tendencia en ocasiones a la metapoesía… Y he señalado también en su obra poética el empleo frecuente de los paralelismos, de los símiles deslumbrantes, de la correlación sintáctica y de la anáfora.

A todo ello, añadiré hoy tomando como base la antología Una silueta en el vacío, que en la obra del poeta cordobés se puede hablar de varias etapas. Una primera marcada por el amor (que suele aparecer vinculado al mar). En ella las metáforas se encadenan y se acercan a lo hiperbólico.

El segundo momento de su producción se vincula a la ciudad que lo vio nacer y donde pasó gran parte de su vida, esa Córdoba de tradición milenaria, culta y secreta. Ahora los poemas de Antonio Rodríguez se abren al erotismo, a la pasión, a las sensaciones de color…

En la tercera etapa, lejos de todo realismo plano, su poesía se va haciendo más dramática y se da paso a una fantasía mayor. Además, a partir de Los demonios de Vysehrad los escenarios del autor se amplían; ya no se limitan a la costa andaluza y a Córdoba, sino que reflejan un abanico de lugares (Praga, Nueva York, Fez…) donde a veces asoma la felicidad y a veces el dolor. Pero el tema omnipresente en los nuevos poemarios sigue siendo el de la mujer, a veces mujeres fugaces que encienden la pasión de este vitalista que, sin embargo, ya comienza también a volver la vista hacia atrás y por ello en ocasiones toca el tema de la angelería, algo muy propio de la poesía cordobesa y sobre todo del grupo “Cántico”.

Especial importancia tiene en este periodo su estancia en Marruecos como director del Instituto Cervantes de Fez. Allí, en el que Rafael Guillén nombró “El país de los sentidos”, Antonio Rodríguez Jiménez vuelve a sentir la plenitud y se detiene en el asombro de la mujer oriental y su misterio.

Y la etapa final, hasta ahora, en la trayectoria del autor le llega con su paso al continente americano y más en concreto a México. Al principio percibimos su emoción ante cuanto va descubriendo, incluso los sabores, pero pronto lo vence la nostalgia, la añoranza, la tristeza… y ello conlleva una transformación vital y literaria. Lo vemos en versos como estos:

 

“Un día de repente, decidiste cambiar los versos
por la vida y nació un hombre.
Es ése que se muere de tristeza en la esquina
de una ciudad cualquiera.
Los nombres ya han perdido el interés y vivir es crear sin tinta
en las manos”.

 

Su poesía, en fin, se hace más social, más de valiente denuncia contra los excesos del capitalismo, y a la vez descubre un hondo sentimiento de fracaso después de tanta lucha sin una justa recompensa.

Y yo deseo concluir proclamando que, aunque toda existencia supone una derrota pues estamos citados con la muerte, la obra de Antonio Rodríguez Jiménez está ahí para vencer los límites del tiempo y el autor tiene aún mucho que decir.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_402

 

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