Miscelánea Guardia Nacional: zapatero a tus zapatos

Miscelánea Guardia Nacional: zapatero a tus zapatos

“Propone Durazo dar a policías y a G.N. capacidad para indagar delitos.” Cabecea “La Jornada” en interiores el 5 de septiembre pasado.

La intención, según el Secretario de Seguridad Pública, es agilizar el “proceso de construcción de cada uno de los casos, antes de que lleguen al Ministerio Público,…”

Derivado del Código Federal de Procedimientos Penales que fue elaborado por el jurista Francisco González de la Vega a mitad del siglo pasado, todos los códigos de las entidades federativas, entre ellos el de Zacatecas, establecieron que la policía judicial (hoy ministerial), podía colaborar en las indagatorias con el Ministerio Público, hasta el extremo de recibir denuncias o querellas, así como dar fe de confesiones, de tal manera que la confesión rendida ante la entonces policía judicial era válida para los efectos legales.

La facultad de la policía judicial para validar confesiones de culpabilidad, dio lugar al uso abusivo con fines de lucimiento personal o de extorsión: Entre más indagatorias hiciera entrega la policía al ministerio público, acompañadas de la confesión, daba lugar al reconocimiento oficial y social del policía con sus incrementos salariales correspondientes. O daba lugar al enriquecimiento indebido.

¡Y fácil! La confesión se lograba a base de tortura sobre el infeliz indiciado, que pronto pasaba a la categoría de sentenciado-culpable. La policía hacía las veces de fedatario, tanto para la confesión como para otras pruebas.

Fue de fatales consecuencias la facultad de investigación otorgada a los policías que pronto se autonomizaron y por su cuenta hacían las indagatorias con exclusión del Ministerio Público:

Hace años me comentaba un Agente del ministerio público federal que al realizar un operativo de aseguramiento de cocaína en una casa de Guadalajara, mientras él como fedatario daba cuenta de tener a la vista 500 paquetes de la droga, el comandante de la policía judicial daba cuenta de 50 paquetes, al tiempo que preguntaba a sus policías acompañantes sobre cuantos paquetes veían y todos coincidieron: ¡50 paquetes! El Ministerio Público finalmente dio fe de 50 paquetes, abandonó el lugar y fue escoltado hasta sus oficinas. Coincidió contra su voluntad con los policías, pero salvó el pellejo.

Para 1980, era tal la utilización de la tortura en todo el país con el fin de obtener confesiones, que organismos internacionales reclamaron a las autoridades mexicanas sobre dicha práctica. Como respuesta se reconocieron y se oficializaron las comisiones de Derechos Humanos, reformándose los códigos de procedimientos penales para el efecto de impedir a las policías, incluyendo a la judicial, ahora ministerial, la toma de denuncias, al tiempo que se negó validez a las confesiones rendidas ante policías.

México avanzó en materia de derechos humanos, hasta que, al desarrollar con Felipe Calderón la militarización y con ello la devolución de facultades de indagatoria a policías y militares, se entró a una espiral de violaciones graves que van desde la tortura hasta la desaparición forzada.

Por el bien de la justicia en México no hay más: La investigación de los delitos corresponde al Ministerio Público y como coadyuvantes la policía ministerial y la policía científica (peritos). Como auxiliar para la preservación del lugar de los hechos donde se comete algún delito la Guardia Nacional y las policías preventivas. O como auxiliares en general, a petición del Ministerio Público.
¡PERO QUE NECESIDAD!

La necedad acompañada de la soberbia o al revés, puso a la legislatura federal ante una crisis de desencuentros y agravios personales.

Los legisladores de Morena, aconsejados o “guiados” no se por quién, pretendieron modificar el reglamento del congreso a fin de que al concluir la presidencia de Morena hoy en manos de Porfirio Muñoz Ledo, de nueva cuenta repitiera el partido y la persona.

La reglamentación establece que la segunda fuerza, o sea el Partido Acción Nacional, debe ser la que ocupe la presidencia a la conclusión del período de la primera fuerza (Morena).

¡Pero la soberbia ganó a los morenos y decidieron “legislar a modo” y con efectos retroactivos: Al modificar la reglamentación interna con la premura y la improvisación necesaria, podrían continuar con la presidencia de la mesa encabezada por el propio Muñoz Ledo, pensaron.

El ganador no parecía ser Morena, pues ni siquiera los afiliados entre quienes me cuento, estábamos de acuerdo con tal “agandalle”

Y lo peor, que el Presidente López Obrador se manifestó en contra de tal aventura de la estupidez política. El gran perdedor parecía ser Muñoz Ledo, quien recibía los insultos bajo el grito de Porfirio Diaz. El colmo cuando en su carácter de Presidente de la mesa llamó la atención a un orador panista al enfatizar que “su tiempo” como orador había concluido, agudo el panista reconvino para decir a Muñoz Ledo: “su tiempo ya terminó y Usted sigue allí”.

Muñoz Ledo se ausentó por cerca de cuatro horas para regresar y presentar su renuncia a la presidencia de la mesa. No podía ser de otro modo.

Y vino la sentencia del personaje cuya trayectoria de vida le permitió afirmar: “Se puede pasar a la historia sin tener el poder”.

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