En lo local que siembra el efecto global: la proximidad del desfiladero

En lo local que siembra el efecto global: la proximidad del desfiladero

Los diagnósticos sobre los efectos del cambio climático son apocalípticos: la desaparición de especies, que tardaron milenios en crearse, en pocas décadas se han extinguido; los polos se derriten, las zonas de recarga de agua son bloqueadas por el civilizado cemento; los tiempos estacionales de la lluvia afectan la agricultura por el cambio de los vientos producto de los cambios de presión por las modificaciones de temperatura; los obstáculos a la producción de alimentos son factores de incertidumbre para masas de enteras de población; las economías se trastornan y el futuro se convierte en una nube gris donde cualquier hecatombe puede ser posible.

La cosa es que el apocalipsis comenzó en los años 70’s, cuando obtuvimos conciencia de que el modelo civilizatorio era incompatible con la preservación a largo plazo del medio ambiente. El diagnóstico más sólido afirma que el capitalismo ha sostenido su creciente tasa de ganancia gracias no a su lógica social interna, sino a la explotación de la naturaleza: han trasladado valor natural a sus rentas. Sin embargo, la solución práctica del desastre no pasa por iniciar con un cambio repentino de sistema económico mundial, eso llevará tiempo, y cuando pase será demasiado tarde. Las acciones deben empezar ya, aquí y ahora.

Una certeza de la que partimos es que todo ocurre en los territorios, y estos tienen una escala de referencia inmediata: el espacio local. Y de este último, el orden de gobierno más próximo es el municipio. Por esta razón, la Ley mexicana en Cambio Climático establece obligaciones y competencias precisas a los gobiernos municipales en materia ambiental. Por ejemplo, todos los municipios deben contar con estudios de ordenamiento territorial y de un plan de cuidado del territorio. Pero es una ley casi muerta. De los 2 mil 500 municipios, menos de 30 tienen planes de cuidado ambiental serios. Las capacidades y presupuestos para estas tareas están ausentes, y algunos problemas están fuera de sus manos; por ejemplo, el tema de las mineras es de exclusiva competencia federal, lo mismo que los cauces de ríos o los mantos freáticos. Sin embargo, el hecho de contar con la posibilidad de la organización de la población del territorio, hace que los gobiernos locales y sus organizaciones tengan la posibilidad de incidir en los problemas. Así, aunque los efectos de las complicaciones ambientales son globales, el control de gran parte de sus causas es local. Estamos ante un tema estrictamente GloCal. Se debe pensar global, pero actuar localmente.

Como podemos observar, los gobiernos locales tienen competencias y limitaciones, pero siempre llevan sobre su espalda la responsabilidad de lo que ocurre en sus territorios. No pueden tener incidencia directa en las casuales de una sequía, pero sí pueden impedir la deforestación, la contaminación de sus ríos, la instalación de fábricas contaminantes, la circulación de vehículos que llenan la atmósfera de plomo o la saturación de cemento sobre zonas de recarga hídrica. Lo que ocurre en los territorios determina la salud de la atmósfera. En lo local se siembran los efectos globales. Y no vemos en el estado de Zacatecas planes locales serios de contención o adaptación en los cambios climáticos.

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