El odio es una construcción social casi siempre instigada por figuras de autoridad: psicólogo

El odio es una construcción social casi siempre instigada por figuras de autoridad: psicólogo
Juan Martell, docente investigador en la Unidad Académica de Psicología de la BUAZ ■ FOTO: ALMA RÍOS

■ Los objetivos de las agresiones pueden concretarse en actos de violencia física: Martell

■ “En contingentes pobres o extremadamente pobres permea mejor la manipulación, también la religiosa”

■ Considera que las personas blancas y pobres desde hace cuatro años aproximadamente, votan por Donald Trump

 

El odio a ciertos grupos humanos sean migrantes personas con una identidad sexual distinta a la heterosexual, mujeres, pobres, o no caucásicos, es una construcción social casi siempre instigada por figuras de autoridad reconocidas o no reconocidas, formales o informales, y que tiene como objetivos de las agresiones que pueden concretarse en actos de violencia física, casi siempre a estos grupos sociales, los más vulnerables.

Así, los discursos de odio comúnmente se enmarcan en un ambiente de permisividad que proviene de estas autoridades o aun que las tiene como promotoras.

El fenómeno está ligado a factores psicosociales del prejuicio, tales como la religión y la desigualdad social.

“Tiene mucho que ver con cómo nos hemos conformado como cultura, cuáles son nuestras creencias, preferencias, gustos u opiniones”, y juega un “papel importante la frustración y cómo los ganadores van construyendo la historia”.

En psicología social se habla del “fenómeno del mundo justo” mediante el que más que explicar, se justifica al status quo.

“DESDE QUE SOMOS NIÑOS TANTO EN LA LITERATURA, LA ESCUELA, LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, SE REITERA UNA NARRATIVA EN QUE EL MALO RECIBE SU MERECIDO”

“Desde que somos niños tanto en la literatura, la escuela, los medios de comunicación”, se reitera una narrativa en que “el malo recibe su merecido. Es decir, que cada quien recibe en esta vida lo que merece, cosa que no es cierta”, expuso el docente investigador en la Unidad Académica de Psicología de la BUAZ, Juan Martell.

Trajo a colación la narración bíblica de Job, un hombre justo y bueno al que le suceden cosas horribles y que su comunidad explica pensando que “algo ha de haber hecho para merecer tantas desgracias”.

“Entonces, si mayoritariamente las víctimas de violación sexual son mujeres, entonces las mujeres algo han de haber hecho para tener esa suerte”.

De esta manera, se culpa a la mujer violada o al pobre, por su infortunio, “tú tuviste la culpa de lo que te acontece porque el mundo es justo. Pero es una creencia errónea, falsa”.

No es que no interese la justicia genuinamente sino que se percibe la injusticia y cognitivamente “construimos diferentes categorías” para justificar las diferencias entre unos y otros, explicó.

“Yo entro en la categoría de zacatecano emigrante, pero soy zacatecano no soy salvadoreño. Entonces la categoría de salvadoreño o migrante hondureño está en otro cajoncito, en otro archivo, quizá más oscuro más prejuiciado, en un archivo que es considerado poco valioso a diferencia de ser emigrante mexicano o zacatecano”.

Juan Martell destacó entre los “factores psicosociales del prejuicio” a las desigualdades sociales por sobre otros elementos, ya que entre mayores sean dijo, también se hacen presentes esas sensaciones de que los recursos que creemos escasos van a tener que ser compartidos.

“Aquí también juega un papel muy importante el acceso a la educación; hay que recordar que Estados Unidos por ejemplo, es el país desarrollado donde ha crecido más la pobreza y la desigualdad”.

Refirió que las personas blancas y pobres desde hace cuatro años aproximadamente, votan por Donald Trump, y que aunque tradicionalmente el voto hispano había sido demócrata, solo el 60 por ciento de los mexicanos emitió su sufragio por Hillary Clinton.

“Y uno tendría que preguntarse, qué pasó con ese 40 por ciento que habiendo escuchado el discurso de Trump que nos pinta como violadores, holgazanes, abusivos…delincuentes”, votó por él.
En contingentes pobres o extremadamente pobres permea mejor la manipulación, también la religiosa, expuso.

Aquí mencionó como ejemplo el episodio ocurrido a finales de los años 60 en San Miguel Canoa, Puebla, donde un grupo de estudiantes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla fue linchado por los pobladores azuzados por el sacerdote del lugar, “gritando que los comunistas han llegado a nuestra comunidad; entonces todos este conjunto de ideologías se van polarizando se van volviendo extremosas”.

Dijo que dentro de los factores psicológicos del prejuicio “llevado hacia esa construcción social que llamamos odio”, está la frustración.

Al “insertarse el miedo en contingentes depauperados, mal educados y en muchos aspectos, insalubres, tiene una gran resonancia”.

Precisó no obstante sobre los factores psicosociales religiosos, que pueden tomar un papel ambiguo.

Explicó que las personas auténticamente religiosas, es decir, que utilizan como guía para su vida sus preceptos, son más tolerantes, abiertas al cambio y dispuestas a transformaciones jurídicas y sociales, mientras que a quienes solamente “les sirve como estilo de vida” o es su único parámetro social y cultural, son menos tolerantes e incluso justifican la violencia o la desgracia.

“Yo en alguna ocasión estando en Estados Unidos escuchaba a un pastor evangelista protestante hablar del huracán Catrina y decía que la personas de Nueva Orleans se lo tenían bien merecido, porque era una especie de Sodoma y Gomorra, entonces era un castigo divino”.

También en ese contexto atestiguó que una persona blanca corrió a un grupo de jóvenes neonazis que llevaban alimentos y agua solamente a población caucásica diciéndoles, “o traes para todos o no traigas para nadie”.

En términos religiosos los discursos dependen mucho de a quién o qué se representa y desde qué óptica se expone, extremista o moderada, dijo, “pero sí en algunos casos el discurso religioso cae en excesos”.

Mencionó por ejemplo el argumento que se esgrime contra el derecho al matrimonio igualitario de las personas de la población LGBTTIQ, que incluso ha llegado a señalar que implicaría el que la gente “ya no se va a reproducir”.

“Caen en un discurso pseudo darwinista, cuando su función es puramente religiosa. Caemos en estas contradicciones”, a veces también asimiladas en el contexto académico.

“Todo este conjunto de prejuicios hacia los homosexuales, hacia las personas con preferencias o identidades sexuales diferentes a la heterosexual; entonces la religión juega este papel ambiguo, como puede promover el prejuicio, el odio y la violencia, puede contenerlo”.

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