¿Qué significa ‘Gobernar por Evidencias’?: la progresiva derechización de un gobierno

¿Qué significa ‘Gobernar por Evidencias’?: la progresiva derechización de un gobierno

¿Qué significa eso de ‘gobernar por evidencia’? En sentido literal la e-videncia es algo que se ve en forma directa o inmediata, y que por lo mismo no hay duda de lo que se muestra ya que los diversos personajes que ven eso lo confirman. El que se convierta en dato compartido lo convierte en objetivo. Sin embargo, el uso de la palabra se amplía, y ‘evidencia’ también se usa para señalar la justificación y el nivel de racionalidad de aquello que se afirma, como las creencias o las razones de una acción. Así, ‘gobernar por evidencia’ significa hacerlo basados en razones, justificaciones y datos confiables. Por ello, es importante saber las fuentes y los métodos que generan ciertos datos y los fundamentos de algún indicador.

Las izquierdas, históricamente, han clamado por gobiernos por evidencias; desde aquellos debates contra las monarquías (en los movimientos republicanos) que basaban sus acciones en argumentos de autoridad: ‘la esclavitud es natural porque lo dice Aristóteles’, o ‘la democracia es injusta porque lo dijo Platón’. Por ello no es gratuito que los movimientos republicanos en el siglo XVIII sean aliados de la ilustración que cuestiona al poder desde la ciencia, la razón y las evidencias de la propia realidad. En ese contexto es que nace ‘el principio de publicidad’ con Kant a la cabeza: la razón es algo público, que se puede enseñar, transmitir y entender por todos. Esto es, la idea de que lo motivos privados para creer en algo se deshacen cuando se exigen razones que todos pueden compartir o entender: la publicidad es una manera de la objetividad. Y la publicidad es, además, uno de los pilares de la democracia. Un gobierno que actúa desde los motivos privados del gobernante es antidemocrático. Autocrático. Cuando el gobernante se ve obligado a justificar sus acciones debe hacerlo sobre razones que comparten, que tienen un mínimo de objetividad y, con ello, parten del principio de publicidad. Eso es lo que ahora se entiende por ‘rendición de cuentas’: ofrecer justificaciones de las acciones de gobierno. No sólo informar lo que se hizo, sino las razones de por qué se hizo.

En este marco se entiende por qué la izquierda social y académica dio una fuerte pelea en 2004 para que en la Ley de Desarrollo Social se pusiera en el cuerpo de la Ley la definición de pobreza basado en el enfoque del Desarrollo Humano y formas de medición multidimensionales. Fue vital ganar esa batalla conceptual por el efecto político que tenía: las mediciones tramposas y facilonas del Banco Mundial fueron rebasadas por mediciones que mostraban mejor la realidad del pueblo empobrecido de México. Así, se demostró que los dogmas neoliberales (como los mercados autorregulados) eran una farsa ideológica que nada tenían de verdad. La lucha llevó a poner en el cuerpo de la Ley los indicadores y su método de medición, que desde el extranjero se vio como un exceso, pero en México sabíamos de la importancia política de esa batalla conceptual. Pues bien, gracias a esos estudios que tuvieron enorme divulgación, es que se descalificó a los gobiernos neoliberales de América Latina. Tampoco es gratuito que Trump diga que no cree en el cambio climático, y lo haga fuera de la evidencia científica existente. Todos los movimientos discriminadores actúan al margen de la evidencia de la ciencia o mínima racionalidad: xenófobos que ven peligro en los migrantes sin evidencia, opositores a la diversidad de valores, conservadores que pelean contra el LGTB, y todas las tonterías de la ultraderecha en cualquier parte del planeta. El conservadurismo tiende a ser dogmático y a sostener argumentos ad-hominem o de autoridad.

Veo en el gobierno de López Obrador alas diversas: desde actores de izquierda como Alejandro Encinas, Horacio Duarte o Martí Batres; y personajes de la oscura derecha conservadora como Alfonso Romo. El tema es que el ala (y las lógicas Romistas) cada vez gana terreno y se convierte en hegemónica. Y podríamos establecer la siguiente proporción: a mayor ‘romismo’ menor rendición de cuentas, menor principio de publicidad o exposición de justificaciones de las acciones de gobierno y menor apertura democrática. Por ejemplo, es un escándalo que del proyecto estratégico llamado Tren Maya no sepamos cuál es la tasa de retorno, ni conozcamos los estudios de impacto ambiental (que no son sólo de impacto ecológico); y que al mismo tiempo estén metidas las manos del señor Romo en dicho proyecto. En el mismo sentido están las declaraciones de la periodista Anabel Hernández en el sentido de que el 90 por ciento de sus solicitudes de información sean rechazadas con un ‘No se puede’. O que 14 encuestas con las cuales se mide el ingreso, el desarrollo agropecuario y la seguridad hayan sido eliminadas del catálogo de trabajo del INEGI. Y observamos a decenas de activistas que actúan de buena fe, (porque pusieron tiempo, sudor y lágrimas para que ganara Amlo) se niegan a ver que el resultado de su esfuerzo gira a la derecha, y lo vemos tomar el camino de la descalificación ad-hominem para defender la ilusión de su esperanza. Pero la evidencia nos dice que este gobierno ha ido girando a la derecha. Y la evidencia de esto último lo veremos en las batallas dentro de Morena: de ahora en adelante serán polarizadas y brutales. Las batallas más relevantes se darán al interior de Morena. Una cosa es clara: a este día, el polo de derechas dentro del gobierno de Amlo va ganando terreno. ■

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