El Banco de México debe garantizar el crecimiento de la economía

El Banco de México debe garantizar el crecimiento de la economía

Reconozcamos lo evidente: el debate sobre la construcción de la refinería de Dos Bocas es una muestra de la intensa lucha que se desarrolla en materia de política económica. Es explicable que todas las fuerzas políticas declaren que el objetivo de la política económica que proponen es maximizar el bienestar social duradero de manera equitativa y sostenible. Sin embargo, las diferencias aparecen cuando se examinan los caminos que han seguido o proponen para lograrlos. Por ejemplo, con su monopolio en los grandes medios de comunicación los neoliberales lograron que una herramienta como la baja inflación se percibiera como el objetivo central. Lograron que la gente no diera la misma importancia a la macroeconomía real y la utilización de la capacidad productiva –el empleo del capital y el trabajo a su más alto nivel potencial— y a las mejoras de la productividad. Hasta hoy, se aplaude al Banco de México porque ha mantenido la inflación baja, pero se oculta a que costo: un crecimiento promedio mediocre en los últimos siete lustros, acompañado de una desigualdad vergonzosa. Esa distorsión ideológica conduce a que mucha gente todavía crea que la inversión pública anunciada por AMLO para Pemex es un grave error que incrementará la inflación y alejará la inversión privada en los sectores estratégicos, sin reparar en el hecho de que el vacío creado por la disminución de la inversión pública en los últimos 36 años no ha sido llenado por nadie, lo que incrementó la dependencia energética y debilitó la estructura económica.

Lo que realmente debe preocuparnos es la estabilidad y el crecimiento de nuestro ingreso real. La razón es evidente, con una tasa de crecimiento de 2.5% el ingreso se duplica cada 28 años, con una tasa de crecimiento de 3% se duplica cada 23 años. Por ello se debe cumplir la meta de crecer al 4%. No debemos seguir descuidando una cuestión básica: es la estabilidad global de la producción y la economía real, y no solamente la estabilidad de los precios, lo que tienen en cuenta las empresas a la hora de tomar decisiones de inversión. Debemos asumir que mantener una política de superávit fiscal y centrarse exclusiva o incluso excesivamente en la estabilidad de los precios tendrá un impacto negativo en el crecimiento ofrecido por el presidente. La experiencia Méxioco en las últimas décadas lo prueba.

Durante la década de 1970, en lugar de impulsar una verdadera política fiscal progresiva, los gobiernos de México se endeudaron excesivamente para mantener el crecimiento, pero los costos a largo plazo de esta estrategia resultaron ser enormes. Cuando los Estados Unidos aumentaron sus tipos de interés a niveles muy altos, México dejó de cumplir sus compromisos, lo que abrió el camino a la gran crisis de 1982 y a la década perdida de los años 80. Con la llegada de los neoliberales se implementó una exagerada política de ajuste que disminuyó el poder adquisitivo de los salarios para disminuir la inflación y mantenerla muy baja, así como desplomar la inversión pública para abrir más espacios a la inversión privada. No hicieron caso a las opiniones que afirmaban que una inflación moderadamente baja no es particularmente nociva para el crecimiento, y que una inflación demasiado baja (dirigida a conseguir la estabilidad de los precios) sería en realidad mala para el crecimiento.

Desde 1991, la mayoría de los países desarrollados y los países en desarrollo han experimentado una inflación baja o moderada, y muchos de ellos tuvieron una tasa de inflación relativamente baja. Cuando la inflación es baja o moderada, los esfuerzos por reducirla aún más disminuyendo el gasto público pueden rendir unos beneficios bajos y unos costos cada vez mayores, especialmente cuando la política tradicional de limitación de la masa monetaria es el único instrumento utilizado para conseguir el objetivo. Economistas como Joseph Stiglitz afirman que hay pocas pruebas de que una inflación moderada tenga una repercusión negativa perceptible sobre el crecimiento. Las tasas de crecimiento reales en períodos de inflación bastante alta han sido a veces impresionantes, llegando a ser mucho mayores que las tasas de crecimiento de países aparentemente similares que han reducido la inflación. Las tasas de inflación moderadas han ido acompañadas muy a menudo por un crecimiento económico rápido. La opinión de que la inflación baja facilita el crecimiento económico no es válida como premisa general. En conclusión: diversos análisis estadisticos sugieren que la inflación no está estrechamente relacionada con el crecimiento, siempre y cuando aquélla no sea demasiado elevada, es decir, siempre que esté por debajo de un umbral de alrededor del 20%.

Por las razones anteriores, sería muy sano empezar la discusión sobre la propuesta de modificar la constitución para que el Banco de México deje de tener el control de la inflación como unico objetivo, añadiendole el de garantizar el crecimiento y la generación de empleos con más inversión pública productiva y fortalecimiento del mercado interno.

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