Los brotes de mayo (2)

Los brotes de mayo (2)

Mayo sigue andando con su amenaza de mes rudo en lo que se refiere a las ondas cálidas, pero al menos por estos rumbos no se ha manifestado. La temperatura sigue siendo razonable y no se hace referencia solo a lo que se deriva de los eventos meteorológicos, sino que hay cierta calma chicha todavía en los asuntos políticos, económicos y sociales que marcan la vida cotidiana de nuestro país. Se agradece que los sobresaltos disminuyan aunque sea en apariencia. Pero la conservación del ambiente sigue estando fuera del ambiente de los asuntos prioritarios.

Desde aquí se sigue insistiendo en que ya es hora de que gobierno, productores y sociedad detengan un poco su frenético desperdicio de la naturaleza. La protección ambiental es prioritaria desde cualquier perspectiva y aunque hay algunos tímidos intentos por detener esta tendencia, la verdad es que siguen siendo los mismos palos de ciego que conducen al infierno de las buenas intenciones y no se sabe si es por accidente, por ignorancia o por mala leche o por todas, porque a fin de cuentas, salvo la prometida reforestación de un millón de hectáreas, el gobierno no da color en el terreno de los hechos, los productores e industriales concentran toda su atención en sus ganancias solamente y hacen destrozos criminales y contaminan de igual forma y la sociedad, bueno, es mejor no hablar de esta plaga. Aún es tiempo de hacer muchas cosas para medio salvar lo que se denomina medio ambiente (sic).

En Zacatecas hay tres pruebas de fuego donde puede verse a qué juegan los actores del desarrollo y la política: las compañías mineras de cualquier tamaño que han sentado sus reales en esa región desde hace ya casi cinco siglos, que son muchos y no sólo eso, las prácticas de explotación de las tierras concesionadas son poco o nada sostenibles y la explotación de las personas raya en los límites de la esclavitud y la observancia de las responsabilidades laborales, sociales y legales en la nulidad, a menos que esta columna esté mal informada y que lo que se ve sea una falsedad. El caso de la mina Peñasquito y los recientes eventos en que ha sido protagonista por su relación accidentada con los habitantes de la región, el daño a los cuerpos de agua y su poco apego al diálogo han marcado dudas sobre las supuestas ventajas de esta actividad productiva. El gobierno ha adoptado una actitud omisa que se espera y no sea sumisa ante estos eventos. La movilización social de protesta organizada por personajes de la vida política en la entidad y la respuesta de la gente dan a pensar que no se trata de algo a lo que todos deben mostrar alguna sensibilidad. Urge una nueva concepción de esta actividad productiva y habrá que definirla en beneficio principalmente de los territorios en que está asentada esta empresa.

Otra prueba a superar es la que corresponde a una correcta administración del agua en el estado. No es prudente que se dé prioridad a las demandas de las grandes empresas mineras, embotelladoras, industriales y agrícolas en detrimento de las demandas de la sociedad y lo peor, a la salud de la tierra. En lugar de estar buscando nuevos yacimientos acuíferos o la construcción de grandes proyectos hidráulicos se deben establecer reglas de uso y abuso del agua y sobre todo aprender a hacer un uso mesurado de la misma y algo que va a aterrorizar a cualquier ricachón y a algunos de los tecnócratas que les hacen comparsa siempre con afanes de lucro desmedido: deben establecerse límites para el crecimiento. Nuevamente hay que acudir al sentido común, a la sensatez y a la educación y en última instancia a la jurisprudencia que se asienta en las leyes de la materia.

La tercera prueba sigue siendo la más complicada, convencer a la sociedad que se tienen arraigadas muchas malas prácticas derivadas de una actitud comodina y grosera que antepone la depredación y el desperdicio a una actitud protectora ante el suelo que nutre a todos. El consumo de productos desechables y contaminante es una mala práctica que debe combatirse con fervor evidente y la solución se puede lograr a través de, adivinó usted, un extenso y extensivo programa de educación ambiental que se haga obligatorio desde las guarderías y el primer paso sería entrenar y capacitar a todos los maestros del país y del mundo en este empeño.

Esta columna de inicio estaría dedicada en su totalidad a este gremio exclusivo y verdadero constructor de naciones. Sin la participación de los profesores de todas partes y todas las épocas no habría civilización. Urge una visión de desarrollo priorizando a la salud ambiental y al bienestar de la gente, en ese orden. Y, contra lo que pudiera suponerse, no es a través de ejercicios coercitivos y de presión social como puede alcanzarse, sino a través del aprendizaje que logre la población mundial a partir del empeño vocacional y profesional de este grupo de profesionistas. Pero volvemos a lo mismo, el maestro no tiene un día para ser reconocido, el Maestro es Maestro todos los días. Felicidades, compañeros. ■

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